Es muy importante que España invierta en seguridad, Rusia también amenaza el flanco sur
La OTAN vive uno de los momentos más incómodos de su historia reciente. Vladímir Putin continúa desgastando a Ucrania y cada vez poniendo más a prueba sus límites: “Hay más apetito de Rusia para tomar riesgos en nuestro territorio”, afirma Carmen Romero, directora de Política de Seguridad y la española con mayor rango en la Alianza, en referencia a los incidentes protagonizados por drones que han alcanzado países vecinos. Uno de los más graves ocurrió el pasado 29 de mayo en Rumanía, donde dos personas resultaron heridas tras impactar un dron ruso contra un edificio residencial.
A esta presión externa se suma otra interna. Donald Trump, más desatado que nunca, ha vuelto a cuestionar algunos de los pilares que parecían intocables. Ha amenazado con dejar de proteger a los aliados que no aumenten su inversión en Defensa, ha anunciado que retirará tropas de países como Alemania y ha llegado incluso a amagar con marcharse de la OTAN o a expulsar a España por no apoyarle en su guerra contra Irán.
Desde luego, no es el primer presidente estadounidense que exige un mayor esfuerzo, pero sí el que lo ha hecho con menos reparos diplomáticos.
En la sede de la OTAN de Bruselas se intuye esa tensión, aunque no se refleja en el lenguaje. Aquí no se habla de enemigos, sino de adversarios; ni se refiere al gasto militar, sino a la inversión en Defensa. Las palabras importan, especialmente cuando los ciudadanos europeos atraviesan una situación económica apretada y los gobiernos deben incrementar sus esfuerzos.
Pero la realidad es que todos los aliados, incluida España aunque no lo diga oficialmente, se han comprometido a elevar el gasto en defensa hasta el 5% de su PIB en el año 2035, una cifra que se antoja lejana si se compara con el 40% que invierte Rusia. “Nuestra prioridad es protegernos”, dice Romero. “Los planes de defensa que tenemos en marcha son tan amplios como los que teníamos en la Guerra Fría».
El reto, además, no consiste sólo en gastar más, sino en producir más y mejor. Europa lleva años hablando de autonomía estratégica pero sigue encontrando dificultades para coordinar a sus industrias. Se le atraganta este desafío. La prueba más reciente es el fracaso del gran proyecto conjunto para crear un caza de combate y evidencian una realidad embarazosa: que el rearme europeo no depende sólo de la voluntad política, sino del interés de la de las empresas.
Carmen Romero, momentos antes de la entrevista con EL ESPAÑOL.
Por eso, la industria tendrá un papel protagonista en la próxima cumbre que celebrará el 7 y 8 de julio la OTAN en Ankara (Turquía) y que se antoja clave para abordar los desafíos que plantean Rusia y la inestabilidad en el flanco sur, incluida la amenaza terrorista.
La Alianza quiere pasar de los anuncios a los hechos para reforzar la defensa europea.
¿Hablamos del rearme contra el que clama el Papa León XIV en su Encíclica y en sus discursos durante su visita en España? Sí, pero Romero responde: “Nuestro mandato es mantener la paz y hacer todo lo posible para evitar el conflicto, que también es lo que pide el Pontífice”.
Rusia está aproximándose cada vez más a Europa enviando drones a Polonia, Rumanía, Letonia. ¿Está probando la respuesta de la OTAN? ¿Dónde está la línea roja para que esta responda?
La OTAN tiene una misión muy clara, que es defender el territorio y a los ciudadanos de los 32 países aliados, más de mil millones de personas. Y obviamente está preparada para intervenir, como ya se ha hecho: el pasado lunes, los aviones Rafale franceses abatieron un dron que había penetrado en el espacio aéreo de Letonia. En mayo, también intervinieron aviones tripulados tras detectarse drones en el espacio aéreo de Estonia. La guerra provocada por Rusia tiene un impacto directo sobre nuestra seguridad y nos obliga a permanecer alerta en todo momento. Al mismo tiempo, estamos incorporando continuamente las lecciones que está dejando este conflicto en Ucrania y adaptando nuestras capacidades con nuevas tecnologías para poder enfrentarnos a amenazas como estas incursiones aéreas.
¿Han podido averiguar si estas incursiones son accidentes o provocaciones?
Independientemente de si son intencionadas o no, para la OTAN son inaceptables porque suponen una amenaza directa para nuestra seguridad. Vemos que hay más apetito por parte de Rusia para tomar riesgos, ya sea lanzando drones o redirigiendo los ucranianos a territorio aliado. Es una de las tendencias que estamos viendo. Dicho esto, Rusia no ha lanzado ningún ataque abierto a nuestra Alianza gracias a nuestra disuasión reforzada en el Este. Y ese es nuestro propósito: hacer todo lo posible para que el presidente ruso no se plantee en ningún momento atacar directamente a la OTAN.
¿Pero cuál es el límite para que la OTAN intervenga?
El límite es la disuasión. Es mostrar a Rusia que no tiene que sobrepasarse, y que cualquier acción que suponga una amenaza para la Alianza va a tener consecuencias.
Finlandia entró en la OTAN con el miedo a ser el próximo país en ser atacado por Rusia. ¿Deben temer otros aliados que Putin entre en su territorio?
No, porque están en la OTAN. Lo que está claro es que Rusia, independientemente de cómo acabe la guerra en Ucrania, va a seguir siendo la amenaza directa y más seria a largo plazo para todos nosotros. Invierte el 40% de su presupuesto estatal en defensa, está reconstituyendo sus fuerzas de seguridad, su ejército y puede estar preparada para amenazar a cualquier país de la Alianza en el futuro. Y no hay ninguna indicación que apunte a que vaya a cambiar de comportamiento. Hay que entender que Rusia no sólo representa una amenaza para el Este, sino también para el sur, a través de los proxys — milicias— que utiliza en el norte de África, así como por las amenazas híbridas. Por eso es importante que los ciudadanos españoles entiendan por qué nos estamos protegiendo contra Rusia.
De hecho, se ha denunciado la injerencia rusa en procesos electorales en Europa. Desde las elecciones en Países Bajos en 2015, hasta el referéndum del Brexit. De celebrarse elecciones en España el próximo año, ¿podríamos temer esta influencia en el proceso?
Rusia seguirá haciendo todo lo posible para interferir, confundir y crear confusión. No tenemos información que apunte a una estrategia específica para España, pero lo que sí tiene es una actuación a muy largo plazo en la que utiliza todos los medios a su disposición para llevar a cabo una guerra cibernética de muy bajo coste.
Entonces, ¿hay que estar más atentos?
Hay que estar siempre preparados con una disuasión a todos los niveles.
La OTAN asegura que estaba preparada para la invasión a gran escala de Ucrania pero, claro, veníamos de la anexión de Crimea en 2014. Con la perspectiva de los años, ¿hace la Alianza algún ejercicio de autocrítica? ¿Se miró hacia otro lado?
Dentro de la OTAN se ha hecho mucha autocrítica. Con Crimea no teníamos los medios de inteligencia suficientes para ver lo que estaba realmente preparando Rusia y reaccionar. En 2022 intentamos mantener el diálogo político con Moscú hasta el último momento pero vimos que sus peticiones eran inaceptables. Tomamos la decisión de desclasificar información de inteligencia para mostrar a nuestras opiniones públicas el reforzamiento militar que Rusia estaba llevando a cabo. Eso nos permitió unir a la comunidad internacional y a la opinión pública, incluso la Unión Europea tomó decisiones importantes. Lo que hicimos fue aprender de lo que no supimos ver entonces con Crimea: estar mejor preparados para forjar unidad política y poder así tomar decisiones rápidamente destinadas a incrementar nuestra disuasión y defensa con el apoyo de nuestra sociedad.
Romero es la española con el rango más alto en la OTAN
Se avecina una cumbre caliente en Ankara. Donald Trump ha amenazado con abandonar la OTAN…
Estados Unidos es un miembro clave y obtiene también muchas ventajas de estar en la OTAN, por eso seguirá siendo parte de esta Alianza. Es el único país del mundo que tiene tantos aliados: juntos representamos más del 50% de la economía y del poder militar mundial y aquí no estamos solo para defender a Europa, sino para defender el territorio de Estados Unidos. Además, la seguridad y la estabilidad en Europa es también una ventaja para EEUU.
Llegó a decir que la OTAN es un tigre de papel. ¿Cómo sientan estas acusaciones?
Obviamente, hay que hacer autocrítica. Hay mucho ruido público y diferencias políticas, pero estamos unidos a la hora de hablar de nuestra seguridad compartida. Ten en cuenta que la OTAN ha cambiado a lo largo de su historia para adaptarse a amenazas distintas y siempre ha convivido con desacuerdos. En 1956, por ejemplo, tuvimos la gran crisis del Canal de Suez. En 1966, Francia decidió salirse de la estructura militar integrada en la Alianza. Y, en 2003, estuvimos muy, muy divididos con la guerra de Irak. La Organización puede tener diferencias políticas y está bien resaltarlas en público y ponerlas sobre la mesa — las críticas son constructivas— , pero siempre conseguimos superar todas las crisis. Y lo estamos viendo hoy. Pese al ruido externo, las cosas funcionan. Y esa es la fortaleza de la OTAN.
Entre todos los enfados que ha tenido Trump con la Alianza, el último tiene que ver por el rechazo de los europeos a intervenir en su guerra contra Irán. ¿Qué papel juega la OTAN en este conflicto?
La OTAN es una organización defensiva, por lo tanto no está participando en este conflicto. Pero, lógicamente, es un tema que concierne a nuestra seguridad y, por tanto, Estados Unidos dialoga con los aliados y hay conversación al respecto.
¿Llegó Trump a consultarles en algún momento la intervención de Irán?
Eso habría que preguntárselo a Estados Unidos.
Entonces no lo hizo…
Es cierto que al comienzo del conflicto hubo diferencias públicas pero los países miembros han decidido centrarse en lo que les une. En primer lugar, la seguridad colectiva: si Irán nos ataca, tenemos que defendernos, como lo ha hecho la defensa antiaérea en las cuatro ocasiones en las que ha agredido a Turquía. Hemos respondido como un reloj suizo. El segundo punto de consenso es que no aceptamos que Irán tenga un arma nuclear. El tercero es la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz. Varios países europeos y Canadá están reposicionando fuerzas cerca de la zona para, cuando llegue el momento, poder actuar. Y el cuarto, es que hay que apoyar a nuestros socios del Golfo — Emiratos, Qatar, Kuwait y Bahréin—, a quienes vamos a invitar a la próxima cumbre de Ankara.
Todo se precipitó a raíz de que el Gobierno español se negara a ceder las bases de Morón y Rota para esta guerra. ¿Fueron acertadas las formas en las que se abordó esta discrepancia?
No puedo comentar sobre las posturas de los países miembros, pero sí valorar su posición dentro de la OTAN. España es un país muy serio dentro de esta Organización, el primero en participar en las misiones, por ejemplo, para reforzar la actividad en el Ártico. También lidera nuestra presencia militar avanzada en Eslovaquia, está presente en Letonia, participa en la misión de vigilancia aérea y está al frente de la misión en Irak con el teniente general Ramón Armada.
Estados Unidos ha pasado a los hechos reales y ha anunciado que retirará hasta 5.000 soldados de Alemania. ¿Cómo se reponen las fuerzas?
Están trabajando contrarreloj y sin ruido para identificar y cubrir todas las capacidades militares que Estados Unidos ha anunciado que va a retirar, de tal forma que no haya ningún vacío en nuestra disuasión y defensa. En estos momentos se está produciendo un reequilibrio estratégico dentro de la Alianza. Durante décadas, prácticamente desde la creación de la OTAN, Estados Unidos ha estado subsidiando la seguridad de Europa.
En el último año, ha dicho que no tiene recursos para ocuparse de todo y ha hecho un llamamiento a que Europa se despertara de lo que algunos han definido como un letargo estratégico. Al principio el mensaje fue recibido con sorpresa, pero todos los miembros se han puesto las pilas y han reaccionado de un modo favorable porque saben que hay que distribuir las responsabilidades.
También es necesario que los europeos y los canadienses tomen poco a poco las riendas de la disuasión y la defensa convencional. Y es positivo que lo hagan porque, además, este proceso ha impulsado una cooperación sin precedentes con la Unión Europea. Si observamos la realidad geográfica, más del 96% de los ciudadanos de la UE viven en países que pertenecen a la OTAN.
La Alianza define los estándares militares comunes que hay que desarrollar teniendo en cuenta que hay que avanzar en innovación. Por ejemplo, necesitamos tecnología mucho más moderna. A veces es utilizamos misiles que cuestan más de un millón de dólares para abatir drones que cuestan a lo mejor 20.000. La UE tiene mecanismos para ayudar a sus países miembros a incrementar sus gastos en defensa y para integrar a una industria que sea capaz de producir a gran escala y que deje de estar tan fragmentada en comparación con la estadounidense, que es mucho más fuerte y competitiva.
En cualquier caso, Estados Unidos ha mostrado su fuerte compromiso con la OTAN y con la seguridad de Europa, dejando claro que no tiene intención de modificar el paraguas nuclear de disuasión, que sigue siendo un elemento fundamental para la Alianza.
Romero y la periodista en los estudios de la OTAN
Estas críticas envían un mensaje de división tanto a los ciudadanos como a Rusia.
El mensaje no es nuevo. Estados Unidos ha anunciado que pasará a tener alianzas más equilibradas en las que sus socios contribuyan del mismo modo para que el sistema sea más equitativo. Lo que no puede hacer Europa es seguir subcontratando su seguridad a Estados Unidos, como ha hecho durante décadas. Es el mismo mensaje que en los años 50 lanzó Eisenhower a todos los europeos y al que se sumó también Obama, con quién se acordó el presupuesto del 2% de gasto en Defensa.
¿Veis factible que los europeos cumplan con el presupuesto del 5% en Defensa?
Todos los países han adoptado un compromiso y lo está cumpliendo a su ritmo.
¿España también?
Cada país lo está haciendo en función de sus medios. No se trata solo de incrementar la inversión en defensa, sino de traducir ese esfuerzo en capacidades militares de disuasión. Y aquí juega un papel fundamental la industria de la defensa. Tenemos que invertir conjuntamente, aprovechando todas las facilidades que ha dado de la UE.
Entiendo que no puedes hablar de un país concreto, pero no se puede obviar que España se plantó ante el objetivo del 5%.
En la OTAN todo se acuerda por consenso. Hasta que no se demuestre lo contrario, España se ha comprometido a desarrollar las capacidades militares que le han sido adjudicadas. Tenemos a nuestros expertos que evalúan el tipo de inversión para llevarlo a cabo y si puede desarrollar esas capacidades asignadas con menos dinero, chapeau. Pero es responsabilidad de cada país responder.
El debate sobre el 5% se ha convertido casi en una batalla ideológica entre la derecha y la izquierda. ¿Es un planteamiento acertado?
Para nada. Dinamarca, con una líder socialdemócrata, es uno de los países que más está haciendo para reforzar la seguridad colectiva. Lo que hay que entender es que la inversión en defensa no es para provocar, sino para protegernos y evitar un conflicto. El objetivo principal de la OTAN es hacer todo lo posible para preservar la paz a través de la disuasión y esto no tiene que ver ni con partidos políticos ni con derechas o izquierdas.
En un momento de inflación y aprieto en el coste de la vida, ¿cómo se le puede explicar a los ciudadanos el esfuerzo que hay que hacer para invertir en defensa?
En el contexto actual de crecientes amenazas para nuestra seguridad, hay que explicar que no podemos dar nuestra seguridad por sentada y que tenemos que estar preparados para lanzar un mensaje claro a nuestros adversarios: si nos atacan, tendrán a 32 países defendiendo nuestra libertad. Estamos acostumbrados a un estilo de vida muy privilegiado que podemos perder, como le ha ocurrido a los ucranianos. No hay alternativa a invertir más. Tenemos que hacerlo para proteger lo que tenemos, para poder seguir llevando a nuestros hijos al colegio y para seguir beneficiándonos de la sanidad. Los planes de defensa que la Alianza tiene hoy en marcha son tan amplios como los que teníamos en la Guerra Fría. Nuestra prioridad es protegernos. En este contexto, es muy importante que España siga invirtiendo en seguridad y que los ciudadanos sean conscientes de que Rusia también actúa en el flanco sur a través de actores presentes en el norte de África en el Sahel que contribuyen a la desestabilización y favorecen amenazas como el terrorismo.
Algunos consideran que el actual secretario general, Mark Rutte, es demasiado complaciente con el estadounidense, por ser suaves. ¿Cómo es la relación entre ambos?
La clave de la OTAN es mantener a los Estados miembros Unidos dentro y, obviamente, hay que hacer todo lo posible para tejer consensos. El secretario general hace encaje de bolillos diplomático para que todos los países miembros, que tienen prioridades domésticas muy diferentes, sigan trabajando por la seguridad colectiva. Y tiene un enfoque muy pragmático con el presidente Trump. Esto implica escuchar sus preocupaciones e intentar también influirle, mostrándole las ventajas de estar en esta Organización.
Uno tiene la sensación de que la OTAN mide más sus palabras hacia Trump que hacia Putin.
El presidente Trump habla de manera muy directa. Y hay un debate público pero, dentro de la Organización, las cosas funcionan mucho mejor. De hecho, durante su primer mandato, mientras criticaba abiertamente a la OTAN, Estados Unidos incrementó de un modo sin precedentes su presencia militar en Europa. Además, el Congreso estadounidense también tiene muchísima influencia. El secretario general, Mark Rutte, tiene una relación muy buena con el presidente de Estados Unidos porque lo conoce desde hace muchísimos años. Pero, en todos los encuentros que mantiene con él, defiende los intereses de todos los aliados. Su misión es que todos estén unidos pese a sus diferencias.
Cuando hablamos del papel de la industria europea, tenemos ejemplos de las dificultades que tiene, como hemos visto con el fracaso del proyecto del futuro caza europeo. Esto lanza dos señales. La primera, la dificultad de Europa para avanzar en ese rearme conjunto. Y la segunda, que dependemos en exceso de las empresas y no tanto de la voluntad política.
Por eso es tan importante que los países miembros le digan a la industria las capacidades que necesitamos desarrollar. Los gobiernos tienen límites a la hora de influir sobre las industrias, pero soy optimista. A lo mejor este proyecto no ha funcionado, pero habrá más.
¿Cómo se puede convencer a la industria?
No se la puede obligar, pero lo que se tiene que dar es predictibilidad, ya que la producción a gran escala en materia de Defensa lleva tiempo y requiere esfuerzo. Las naciones estamos mandando señales a la industria sobre lo que necesitamos y ella debe acordar cómo actuar. Obviamente, ella decide. Pero sabe que hay una necesidad, una demanda y que cumplirla puede llevar también a beneficios económicos y a la creación de empleo. Por tanto, será positivo para los gobiernos, pero también para ella. Estamos en un periodo de transición en el que hay trabajo para todas las industrias de defensa y en el que Europa va a tener que producir capacidades para sustituir a las que Estados Unidos pueda retirar. Ninguna empresa puede hacerlo por sí sola, necesita esfuerzos multinacionales y cooperación con aliados, incluyendo a Turquía. Por eso el Secretario General está impulsando acuerdos entre las industrias transatlánticas, especialmente en el ámbito de la producción y en la próxima cumbre de Ankara tendremos un foro para abordar esta cuestión.
Alemania parece que intenta asumir el liderazgo en el rearme europeo anunciando que triplicará el gasto en defensa y la vuelta del servicio militar voluntario. ¿Tiene verdadera capacidad para influir y arrastrar al resto de socios?
La sociedad alemana ha madurado y ha entendido que no puede seguir con la dependencia excesiva de Estados Unidos. Por eso, está asumiendo un papel de liderazgo y reequilibrio estratégico que nos va a llevar a tener una Europa y una OTAN más fuertes. Pero no lo puede hacer sola. Se tienen que implicar todos.
¿Debería regresar el reclutamiento voluntario al resto de países europeos?
La OTAN no se mete en esos temas. Cada país tiene su estilo. Pero, lógicamente, si se desarrollan capacidades militares, tienen que estar apoyadas por fuerzas y por soldados profesionales. Y aquí es importante la integración de la mujer.
A la OTAN, y al ámbito de la Defensa, le queda precisamente camino por recorrer en este ámbito. Solo hay seis ministras de 32 y aún no ha tenido una secretaria general.
Somos muchas, pero no suficientes. Y siempre es bueno tener más ejemplos. Contamos con la vicesecretaria general adjunta, que fue ministra de Defensa de Macedonia del Norte; una finlandesa lidera el área de industria de defensa; otra ocupa la segunda posición en el equipo de operaciones; otra dirige los recursos financieros; y también hemos tenido a una mujer liderando hace unos años la misión en Irak. Todas ellas tienen un papel fundamental pero, todavía, no son suficientes.
Por cierto, el Papa León XIV, que ha estado de visita en España, se ha mostrado abiertamente contrario al rearme europeo. ¿Cómo se le responde?
Nuestro mandato es mantener la paz y hacer todo lo posible para evitar el conflicto, que también es lo que pide el Papa. Al reforzar nuestra capacidad de disuasión y defensa, protegemos a los más de mil millones de ciudadanos que viven en los países aliados.
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