Es terrible que haya jóvenes consultando a la inteligencia artificial sus problemas
Consuelo Santamaría Repiso es doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación, Máster en Counselling y también en Humanización de la intervención social. Es autora de varios libros, siendo el último «Humanizar la soledad». La parroquia de Santa Olaya ha contado con Santamaría para participar en su segunda semana social, centrada precisamente el aislamiento individual excluyente frente a la solidaridad integradora.
[–>[–>[–>-¿Cómo hacer para humanizar la soledad?
[–> [–>[–>-Pues queriendo ver el rostro de la soledad. Y eso que la soledad tiene muchas caras, que nadie piense que tiene una única. No es lo mismo la soledad de un niño, que la de un adolescente que sufre bulling, que la de un anciano que siente que no tiene a nadie y no sierve para nada. Humanizamos en la medida en que las personas somos conscientes de que a nuestro alrededor hay una realidad muy dolorosa y no pasamos de largo. Cuando miramos ese problema de frente y tratamos de acompañar, en la medida de lo posible, y tratamos de dar estrategias para que la persona pueda tirar para adelante estamos humanizando la soledad.
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Asistentes al ciclo social de la parroquia Santa Olaya, en el salón de actos del CNSO. / Juan Plaza
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-Habla de niños, jóvenes y mayores que se sienten solos. ¿No hay un perfil claro?
[–>[–>[–>-No. No lo hay ni lo habrá nunca. Lo que pasa es que asociamos el término soledad a la no presencia de gente alrededor de alguien. Pero, a lo mejor, hay quien está solo y no se siente solo. Es el sentimiento de soledad el que hace daño, el sentimiento de que no cuentas para nadie y nadie cuenta contigo, de sentirte aislado, de no participar ni de decisiones, ni de acciones, ni de soluciones, ni en la propia vida ni en la de los demás. Por eso siempre digo que la soledad tiene tantas caras como seres humanos hay. No hay ninguna igual a otra. Hay soledades. Puede sentirla alguien que está rodeado de gente pero que siente que no es nadie para los que están. Esa es la soledad más dura.
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-Siendo España un país tradicionalmente sociable, de familia, de comunidad… ¿tanto hemos perdido como para que ahora haya epidemia de soledad?
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[–>-Es que el problema va más allá de eso. Empieza porque no nos enseñan, o no enseñamos, a estar con nosotros mismo. Hay una cara buena, que es la soledad como oportunidad, que es maravillosa y se necesita. Pero no sabemos disfrutar de ella. Porque estamos en una sociedad en la que el niño desde muy pequeño quiere estar en compañía, haciendo algo, está sobreestimulado y le falta aprender a estar consigo mismo. Luego, a parte de eso, está el hecho de que vivimos en una sociedad llena de conexiones: digitales, telefónicas… pero es cuando más soledad estamos sintiendo. Hasta el punto de que en Inglaterra hay un Ministerio de Soledad, y de que ya decimos que es la pandemia del siglo XXI. Tenemos cientos de miles de seguidores en las redes sociales y estamos mas solos que nunca. Es complicado y no es solo la no presencia. Hay cosas que son parte del avance y del progreso, y si no se abordan podemos llegar a sentir una soledad agónica. Y ahí se cuecen muchos suicidios.
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-¿Y por donde empezamos, por enseñar a los niños a aburrirse solos?
[–>[–>[–>-Sí, a que lo disfruten. El niño está tan sobreestimulado con tanta imagen, con tantas redes, con elementos que siendo maravillosas están generando problemas terribles. Y uno terrible es que los jóvenes consulten a la inteligencia artificial sus problemas. Eso está ocurriendo.
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-Parece la expresión máxima de la soledad
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-Sí. Por no añadir que eso puede ser muy peligroso. Si no te funciona el ordenador, no hay luz,.. ¿a quién consultas? Y se puede llegar a cosas muy graves. La importancia del vínculo es fundamental. Y eso no se tiene con una máquina. Y si crees que lo tienes, estás perdido.
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Un momento de la charla de Consuelo Santamaría. / Juan Plaza
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-¿La intolerancia social general también es causa de soledad o es consecuencia?.
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-La falta de empatía impide la solidaridad, el poder prestar una ayuda, el tener una serie de habilidades sociales que conducen a una relación y que pueden satisfacer tanto la vida de una persona. Si eso se corta, estamos perdidos.
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-Por poner una luz. ¿Qué diría de todos esos grupos de mujeres jubiladas, mujeres viudas, mujeres mayores, que ahora plagan los cafés de las ciudades como Gijón?
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-Diría que es una maravilla. Es una cosa tan simple y tan sencilla, pero cuánto sentido le da a la vida de algunas personas. Pero incluso eso, que es muy positivo, no debe ocultarnos que luego cada uno se va a sus celdas, se cierra con llave en su casa, y puede estar cociéndose un problema que no vemos. Pero desde luego, esos grupos que describe son un factor de protección. Salir cada día a quedar con las amigas, a tomar un café,… eso son personas que no se aíslan, que salen y que vencen su actitud y que no se marginan. Pero ya digo que todo es complejo. Hay soledad de soledades.
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-¿Hay algo común a todas las soledades?
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-Sí: la sensación de abandono, de aislamiento, de perder raíces… son constitutivos de todas las soledades. Ahí están sentimientos muy profundos y muy dolorosos. Y cada uno lo afronta según cómo le han enseñado: según cómo ten han enseñado a estar contigo mismo, a luchar por un yo personal que sea mejor y que afronte las dificultades…
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