“Es un homenaje a los vecinos que levantaron el edificio en 1920”
El cuidado edificio de la antigua escuela de Rengos, en Cangas del Narcea, luce ahora un impresionante mural que habla del pasado del pueblo y del intenso trabajo y esfuerzo de sus habitantes por salir adelante. La obra de arte es un homenaje que los actuales vecinos han querido rendir a sus predecesores, que en 1920 se unieron para construir la escuela, donde se impartió clase hasta 1982.
[–>[–>[–>«La escuela la crearon 26 vecinos del pueblo que pusieron dinero a partes iguales para levantar el edificio, algo que merece reconocimiento teniendo en cuenta la situación económica que había en aquellos años, totalmente de subsistencia», explica Luis Alfonso Pérez, miembro de la Asociación Cultural Valdovinos del pueblo. Hace hincapié en que los impulsores de la escuela fueron los ganaderos y agricultores que residían en la localidad y no un indiano como pasó en muchos otros lugares.
[–> [–>[–>De este modo, sin grandes capitales y con una mente abierta a la importancia de llevar la educación a todos los rincones para lograr prosperar, los habitantes de Rengos de hace 100 años se empeñaron en sacar adelante la construcción de un gran inmueble de 90 metros cuadrados que se mantiene en buen estado y en uso.
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«Se alzó en uno de los mejores solares de Rengos, adquirido a un vecino», cuenta Pérez, que relata que para su construcción se recurrió a los materiales del entorno. «Se construyó con madera de roble y piedra caliza que se traían del monte del pueblo, un ejemplo del aprovechamiento de los recursos«.
[–>[–>[–>El trabajo inicial para pintar el mural. / R. D. Á.
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Precisamente, todo lo que rodeó a su construcción fue lo que se quiso plasmar en el mural, una obra firmada por el artista Dask Vega, de Dolky Creación y Producción Gráfica. En ella se puede ver a un maderista cortando un tronco con un tronzador tradicional, acompañado por una ganadera con su vaca. Al fondo, el valle de Rengos completa la escena. «Con esta composición, la simbiosis entre personas, animales, recursos naturales y entorno queda perfectamente representada», explica el autor.
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Una imagen que resume el modo de vida de la época en el pueblo: «Había tres o cuatro vacas por casa, una mujer muy trabajadora y un hombre que en muchas casas se dedicaba a ir a la madera para sacar un jornal». También aparece el monte, origen de los materiales que dieron forma a la escuela y símbolo de la relación estrecha entre el pueblo y su entorno.
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[–>El mural evita personalismos —los rostros se han tomado de referencias genéricas— para reforzar su carácter colectivo. Porque, en realidad, no habla de nombres propios, sino de una forma de entender la vida en comunidad, muy presente en el mundo rural y que en la localidad intentan mantener viva. «Esa siempre fue una fortaleza de los pueblos y se está perdiendo», lamenta Luis Alfonso Pérez, que asegura que en Rengos se resisten a ello y logran seguir uniéndose para hacer trabajos comunales: «Para ir caminos todavía conseguimos juntarnos una media de 10 o 12 vecinos».
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Y, precisamente, contar con el edificio de la antigua escuela les permite tener un punto de encuentro donde seguir fortaleciendo los lazos de comunidad. Porque es una construcción que sigue muy viva y en uso. Cuenta con tres plantas: lo que se destinó a patio en la inferior, el aula en la primera y la que fue vivienda para el profesorado en la superior.
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Finalizado mural en el colegio Rengos. / Cedida a LNE
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Ahora, donde antes se impartían clases, hay taller de yoga dos días por semana. El antiguo patio acoge comidas vecinales tras las jornadas de trabajo comunitario y también chocolatadas para los niños. La antigua escuela sirve además para trabajar en la decoración navideña del pueblo e incluso simplemente para reunirse y disfrutar «de jugar una partida de cartas o de ver un partido de fútbol», destaca Pérez, que asegura que era algo que se estaba perdiendo con el cierre del bar del pueblo. «Antes había mucha más interacción social y después del cierre del bar veíamos como a la gente le costaba salir de casa, así que si no se impulsan este tipo de actividades nos vamos haciendo más asociales».
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De este modo, aprovechando la escuela consiguieron paliar la ausencia de un bar y seguir manteniendo «el espíritu de comunidad«. «Porque si tenemos lo tangible, la escuela, pero le falta el alma, no se le da uso, no tiene sentido», expone.
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El mural no es solo una intervención artística. Es un recordatorio de que, incluso en tiempos difíciles, hubo una comunidad capaz de unirse y de levantar un robusto edificio para dedicarlo a un bien común y dejarlo como legado a las generaciones futuras.
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