ESPAÑA CABO VERDE | Cabo Verde se ha reído de España
Lamine era el tercer mejor del Mundial, tras Dembélé y Olise. La octava posición de esta clasificación del ‘New York Times’ correspondía a Pedri, también Rodri se colaba entre los cincuenta primeros. Salvo frente a Cabo Verde, que ocupa la superficie de Mallorca con la mitad de su población, y que ni siquiera tiene espacio para servir de cuna a los jugadores de su selección. En un Mundial en condiciones, el país africano no serviría ni de aperitivo. La única incógnita consistía en medir, en minutos, el tiempo que tardaría España en ahondar la senda goleadora de Estados Unidos, Alemania o Suecia. De ahí que el cero a cero del descanso supusiera un mal presagio. No respecto a un resultado final que parecía inevitable, sino porque los lapsus se acaban pagando.
[–>[–>[–>Cabo Verde parecía brindar todas las oportunidades anejas a su condición subalterna, pero en realidad se estaba riendo de una España sobrevalorada y prepotente. El equipo africano cedió tres cuartas partes del césped para sobrevivir, sus hombres se mostraban precavidos incluso cuando el terreno estaba despejado. No iban a ganar y no tenían nada que perder. Por desgracia, España renunció al papel de verdugo y se encerró en sus dilemas existenciales. Ferran Torres no es extremo ni nada que se le parezca, con lo que parecía expulsado del campo, Fabián se dejó las Champions en casa y encima tuvo que suplir a Rodri, porque el balón de oro del City tardó media hora en despertar. Hasta Gavi incumplía su estadística de una falta por minuto.
[–> [–>[–>En realidad, España no luchaba para derrotar a Cabo Verde, sino para despojarse de la condición de favorita del Mundial. Objetivo cumplido, porque fue un conjunto ingenuo, inseguro, estéril y tímido. ¿Cuánto tiempo hacía que no utilizábamos la palabra «infructuoso»? El miserable punto allana el pase a dieciseisavos, pero España ha comenzado su andadura con un ridículo que la deja plagada de dudas. Y en un partido donde ni siquiera tuvo que defenderse. Claro que una victoria española hubiera sido peor, porque hubiera creado una falsa sensación de seguridad.
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