España, país de contrastes – José T. Raga
Los contrastes planteados provienen de la capacidad de los españoles para la exuberancia de la alegría, al mismo tiempo para vivir en silencio las decisiones del poder que afectan negativamente a sus intereses, hasta el punto de que el observador concluiría que les son indiferentes.
El pasado 19 de julio, pero más aún el lunes 20, el entusiasmo de España que más se desbordóCon sobradas razones, se expresó en el resultado de la final entre Argentina y España, con victoria de la selección española por uno a cero.
La apoteosis, que supera cualquier imaginación, sería con La presencia del pueblo español en las calles de Madrid. para rendir homenaje al equipo en su itinerario desde el Palacio de la Moncloa hasta la plaza de Cibeles, lugar de la recepción formal de los madrileños, que contó, según cálculos oficiales, con dos millones de eufóricos.
Por lo visto, parece evidente la afirmación de que la gente, ante el resultado del evento deportivo del Mundial, se mostró sumamente contenta y quiso presenciarlo en la bienvenida y recibimiento del equipo.
A diferencia de lo dicho, mi pregunta fue por qué ese entusiasmo popular unánime no se manifiesta, de acuerdo con ese corazón y esa voluntad, cuando los actos, las decisiones, los mandatos, incluso las voces públicas y los resultados de las acciones políticas de quienes nos gobiernan, Manchan nuestro nombre y nuestras accionesarrojándonos a resultados que nunca hubiéramos deseado.
¿Alguna vez hemos querido ser? en el furgón de cola de las estructuras políticas y sociales que muestren, abiertamente, la capacidad de hacer el bien y el camino del bien? Un medio de comunicación, de los de mayor difusión y prestigio, hablaba en un titular de España situándola «en la cima del mundo» y, en definitiva, era lo que pensaban muchos españoles.
Por eso pregunto ahora: ¿qué piensan los españoles? Estar en el último lugar de los treinta y ocho países de la OCDE en la escala de competitividad fiscal.¿Anotando entre 100 Estonia, la más competitiva, y España en el puesto 34, con 57,9 puntos?
Este gasto excesivo, que subyace al modelo de gobierno del presidente Sánchez, apoyado sólo por el Consejo de Ministros y no por el Congreso de los Diputados, ha situado a nuestra nación como un país endeudado, con una deuda ya superior al PIB, además de ineficiente, con deficiencias insalvables incluso en el mantenimiento de los equipos productivos, y con una complejidad burocrática que expulsa a quienes pretenden acometer inversiones empresariales, desbordados por la presión fiscal generada por el sector público.
¿No merecen estos datos, y otros igualmente desalentadores procedentes de la Airef, un clamor tan elocuente como el expresado sobre el resultado del Mundial de 2026? ¿Cómo ve usted, desde «la cima del mundo», ese país en el 34º lugar de 38 de la OCDE? Sí; merece un grito tan elocuente, aunque de rechazo, a una sistema que abruma y empobrece a la nación.
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