Estados Unidos hunde otra vez a Asia en la incertidumbre comercial
La incertidumbre ha regresado a Asia, el continente más exportador del mundo, con la tasa global del 15 % ordenada por Trump después de que el Tribunal Supremo tumbara sus «aranceles recíprocos». Aquel lejano ‘Día de la Liberación’ había estimulado la romería de gobiernos hacia Washington para atenuar la ira de Trump y limar los aranceles. Meses de negociaciones después, con millonarias inversiones y otras dolorosas concesiones, se lograron acuerdos que ahora nadie sabe si siguen vigentes. No hay más certeza que todo es incierto, la peor de las noticias para una industria que exige estabilidad.
[–>[–>[–>Ese listón universal del 15 % separa el éxito del fracaso en un examen apresurado: ganan los que sufrían aranceles mayores y pierden quienes los padecían menores. No es fácil orientarse en el magma arancelario de Trump pero estudios de consultoras calculan que las tarifas efectivas sobre las importaciones chinas bajan del 32 al 23 %.
[–> [–>[–>«En este frágil equilibrio, Trump ha perdido una carta mientras China las conserva todas», aseguraba Hu Xijin, célebre internauta y trovador de Pekín. También se beneficia La India, que la semana pasada padecía aranceles del 18%, y Corea del Sur, del 25%. Y sobre todo gana el sudeste asiático, con economías volcadas en la exportación y aranceles que rondaban el 20 %. En el paquete de damnificados están Singapur y Australia, que disfrutaban de tasas de apenas el 10%.
[–>[–>[–>
Volatilidad
[–>[–>[–>
Pero es la terca volatilidad la que desvela a los Gobiernos. Cualquier oscilación arancelaria afecta a los precios, las cadenas de suministro y los contratos firmados. Incluso un periodo de 150 días, la vigencia máxima que permite la ley estadounidense a la última salva de Trump, influye en la relocalización de fábricas. Son más sensibles a los bailes tarifarios países como Taiwán y Corea del Sur, potencias exportadoras de semiconductores y otros productos tecnológicos, que pretenden rentabilizar a largo plazo sus multimillonarias inversiones.
[–>[–>[–>El continente contempla los acontecimientos con cautela. La prioridad es evitar la ira de un presidente levantisco y más proclive a buscar grietas para salirse con la suya que a aceptar deportivamente la derrota. Ni los Gobiernos asiáticos ni, probablemente, el círculo más próximo al presidente sabe qué teclas pulsará para desbordar el umbral del 15 % que permite la Sección 122. China, que conoce el paño como nadie tras dos guerras comerciales, ya alertó ayer de que seguirá con atención la situación y está preparada para proteger sus intereses.
[–>[–>[–>
Los contrataques de Trump exigirán tiempo. Es el caso de los aranceles sectoriales a automóviles, acero o aluminio que sufren Japón y Corea del Sur en virtud de la sección 232 y que han quedado al margen de la decisión judicial. Sus subidas no seguirían la vía de urgencia de la sección 122 sino un proceso con una investigación legal que certifique los riesgos para la seguridad nacional.
[–>[–>
[–>Optimismo en La India
[–>[–>[–>
La India vive estos días un optimismo controlado. Esta semana tenía que rubricar el acuerdo final que fija los aranceles del 18 % a cambio de comprarle en los próximos cinco años bienes por 500.000 millones de dólares a Estados Unidos. Pero Nueva Delhi, en un movimiento audaz, pospuso el encuentro tras el fallo del Tribunal Supremo. La ilegalización de los aranceles le permitirá discutir asuntos muy perniciosos que exigía Washington como la liberalización de su mercado agrícola.
[–>[–>[–>
En aguas movedizas están Japón y Corea del Sur. Los tradicionales aliados de Washington en Oriente Próximo quedaron estupefactos al recibir altísimos aranceles en el ‘Día de la Liberación’. Rebajarlos le costará a Tokio unas inversiones de 550 mil millones de dólares; a Seúl, de 350.000 millones. Sus gobiernos, especialmente el japonés, han soportado comprensibles recriminaciones populares por ceder al chantaje estadounidense y sacrificar la soberanía nacional.
[–>[–>[–>La sentencia les confiere cierto margen para desquitarse. Es improbable que aproveche la oportunidad la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, quien recibió el apoyo de Trump en las recientes elecciones. Este fin de semana anunciaba el primer paquete de inversión con destino a Estados Unidos de 36.000 millones de dólares. Corea del Sur mostró su voluntad de mantener «un equilibrio de intereses» con Estados Unidos y su ministro de Economía subrayó la inquietud de sus industrias.
[–>[–>[–>
Decisión judicial «ridícula»
[–>[–>[–>
¿Puede Estados Unidos aún exigir esas inversiones pactadas en contrapartida a unos aranceles ilegales? ¿Es invocable la ley o solo la buena voluntad de los firmantes? Sabe Trump que esas preguntas flotan en la región y ha advertido de que quienes «practiquen juegos con la ridícula decisión judicial» recibirán aranceles mayores a los pactados. No sabe a qué atenerse Asia, si a Trump o al Tribunal Supremo, y lo único seguro, como repite estos días la prensa oficial china, es que tener a la primera economía mundial como socio comercial es un mal negocio.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí