Estos son los acuerdos comerciales firmados por la UE para no depender de Trump
En el foro de Davos de la pasada semana, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, elaboró una receta para que las potencias medias resistan el embate al orden internacional de Donald Trump: que los países que aún creen en el orden económico y político internacional se unan. Así resistirán mejor los golpes arancelarios del presidente de Estados Unidos y fortalecerán las instituciones internacionales que Washington se empeña en dinamitar, desde la Organización Mundial del Comercio hasta las Naciones Unidas o el Acuerdo de París sobre cambio climático.
[–>[–>[–>Como si de una coda a sus palabras se tratara, este lunes a Unión Europea ha dado un paso en ese sentido, con la firma de un acuerdo de libre comercio con la India. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, han alzado sus manos entrelazadas con las del primer ministro indio, Narendra Modi, para celebrar el que presentan como la madre de todos los acuerdos comerciales.
[–> [–>[–>La India es el país más poblado del mundo, con 1.470 millones de habitantes. Junto a los 450 millones de europeos, la nueva zona comercial se acerca a los 2.000 millones de consumidores potenciales. Un «macro-mercado» alternativo en un contexto de fragmentación comercial global. La India es un país joven y, si bien es pobre, tiene ya alrededor de un 30% de clase media que puede comprar productos europeos. Además, su PIB crece a gran velocidad.
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Prayagraj, India, 27 de enero de 2026. Devotos indios del líder religioso Pandit Pradeep Mishra / Rajesh Kumar Singh / AP
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El tratado recorta o elimina aranceles en la gran mayoría de productos. Supone un ahorro de unos 4.000 millones de euros para los exportadores europeos. Los indios comprarán más coches o maquinaria pesada de España o Alemania, entre otros. Los europeos, por su parte, verán más textiles y manufacturas procedentes de la India.
[–>[–>[–>«Es un hito en las relaciones exteriores tanto de la Unión Europea como de la India. Se produce en un momento clave de la historia. Ambos se quieren perfilar como actores globales. No solo en lo económico o comercial, sino también en lo estratégico, para hacer frente a un comercio global usado como arma arrojadiza tanto por Estados Unidos como por China», explica a EL PERIÓDICO Ana Ballesteros, investigadora sénior no residente del Real Instituto Elcano. «Bruselas y Nueva Delhi intentan garantizar su autonomía estratégica y económica en un entorno global más estable».
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El acuerdo empezó a gestarse hace más de dos décadas. Ambas zonas firmaron en 2004 un acuerdo de asociación, con la vista puesta en crear uno de libre comercio en el futuro. Pero se estancó.
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[–>«Han sido negociaciones muy complicadas. La India ha protegido su mercado con muchos aranceles, hasta que se ha dado cuenta de que esa independencia que busca en su política exterior debe plasmarse en su integración en los mercados globales», añade la experta en la potencia asiática. «Las negociaciones se han acelerado por el efecto Trump, por sus aranceles y la hostilidad hacia Europa. Tanto la India como la UE quieren conservar el orden internacional basado en normas y reforzar el multilateralismo, en lugar de acabar con él. Esas posiciones se han alineado en un momento clave».
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Que el acuerdo es importante lo demuestra la ira que ha provocado en Washington. El secretario del Tesoro ha criticado que Bruselas esté haciendo negocios con uno de los principales compradores de petróleo ruso, que proporciona el 25% del oro líquido que importa India. «Están financiando la guerra contra ellos mismos», ha afirmado Scott Bessent.
[–>[–>[–>Autonomía estratégica de la UE
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Desde la pandemia de 2020, Europa pisó el acelerador de la llamada «autonomía estratégica», un intento de alcanzar cierta independencia de los principales suministradores globales, ya fuera en productos o defensa. La excesiva dependencia de China quedó expuesta en la falta de suministro durante los peores meses del covid 19 y en el posterior cierre portuario de Shanghái.
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Cuando estalló la invasión rusa de Ucrania a gran escala, los 27 se dieron cuenta de que también tenían un talón de Aquiles en la dependencia alemana de la energía barata que provenía de Rusia.
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Ahora, con el terremoto que ha supuesto la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su guerra arancelaria global, el ritmo para buscar alternativas se ha acelerado. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, corre de un lado al otro del globo para tratar de diversificar las fuentes comerciales europeas.
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Media docena de acuerdos en un año
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El acuerdo entre México y la Unión Europea fue el primero concluido ya en la nueva era Trump. Se selló el 13 de enero de 2025. En realidad, se trata de la modernización del ya existente. El Gobierno de Claudia Sheinbaum veía, como los del viejo continente, que la estabilidad comercial estaba amenazada por el regreso a la Casa Blanca de un presidente antiglobalización. El texto con México elimina el 95% de los aranceles mexicanos en los sectores agroalimentario, al tiempo que protege casi 600 denominaciones de origen europeas. Amplía el acceso de empresas de la UE a contratación pública mexicana y refuerza el suministro de materiales críticos para las transiciones verde y digital.
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Con Chile se firmó uno de nueva creación el 1 de febrero de 2025. Fue presentado como un gran paso adelante en la soberanía europea en cuestión de materias primas. Refuerza el acceso «sostenible» a insumos clave como el litio, el cobre o el hidrógeno. A cambio, elimina los aranceles entre ambas zonas.
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También se ha rubricado un texto de reducción de aranceles con otro gran país, Indonesia, con casi 300 millones de habitantes. Firmado el 23 de septiembre del año pasado, prácticamente elimina los aranceles, con un ahorro estimado de 600 millones al año. Abre ventajas a las empresas europeas en automoción, agroalimentación, maquinaria y productos químicos, y para Indonesia en el textil y otros bienes.
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Los presidentes de Argentina, Javier Milei; Uruguay, Luis Lacalle Pou; la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; y los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de Paraguay, Santiago Peña, en la sede del Mercosur el 6 de diciembre, en Montevideo (Uruguay). / SOFÍA TORRES / EFE
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Quizá el más relevante ha sido el acuerdo de asociación y comercial firmado el 17 de enero entre la UE y Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay). Se ponía fin a 26 años de negociaciones entre los dos bloques para crear una de las mayores zonas de libre comercio del planeta por población, con 720 millones de personas y un peso económico de unos 19 billones de euros.
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Está pendiente de la resolución judicial tras la impugnación presentada ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea por el Parlamento Europeo tras una votación ajustada. Los agricultores y ganaderos europeos temen una avalancha de productos latinoamericanos.
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Altas fuentes del Europarlamento aseguran a este diario que todo apunta que la Comisión ejecutará la aplicación provisional de los aspectos comerciales del acuerdo y que, aunque retrase la sentencia hasta dos años, el Tratado estará en marcha en su parte de mayor calado: el llamado pilar comercial.
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