Estoy muy contento con todos los aspectos de mi juego
«Estoy muy contento con todos los aspectos de mi juego. He estado jugando muy bien, el swing se siente genial, físicamente me encuentro bien y mentalmente también. En ese punto, todo se reduce a la ejecución». Jon Rahm validaba el lunes con estas declaraciones su inclusión entre los favoritos para ganar la 90ª edición del Masters de Augusta, que empieza este jueves.
[–>[–>[–>Rahm ha acabado entre los cinco primeros en los cinco últimos torneos en el circuito saudí de LIV. Ganó en Hong Kong, poniendo fin a una inquietante sequía, y no se impuso en Sudáfrica porque Bryson DeChambeau le ganó el desempate del playoff. Aparece en los pronósticos de los medios especializados como firme aspirante a ponerse la chaqueta verde, como ya hiciera en 2023. También figuran el mismo DeChambeau, Rory McIlroy, Scottie Scheffler, Patrick Reed, Xander Schauffele…
[–> [–>[–>Lo que ocurre es que un doblete no está al alcance de cualquiera. Es un club exclusivo. «No es fácil ganar un torneo de Grand Slam; no es fácil ganar un Masters, pese a que cada año jugamos en el mismo escenario; pero aún más difícil es ganar dos chaquetas verdes», ratificó el golfista de Barrika. Txema Olazábal es uno de ellos y a sus 60 años saldrá del tee del 1 las dos primeras jornadas, pero nadie espera que pase el corte. Está en el Augusta National Club para disfrutar. Al contrario que Sergio García. Juega para sufrir. Se encuentra en un hoyo del que no sabe cómo salir.
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Quizá solo DeChambeau supera a Rahm como principal apuesta colectiva. Ambos juegan en el circuito saudí de LIV, ambos llevan una temporada con el tacto fino y ambos están en el margen de edad adecuado (nueve de los últimos 10 ganadores tienen de 27 a 36 años), 32 el estadounidense, 31 el vasco. Pero el Masters es imprevisible. Los detalles se hacen grandes, las sensaciones son cambiantes, los pronósticos se escriben para incumplirse.
[–>[–>[–>Rory McIlroy, de Irlanda del Norte, entrenando esta semana en Augusta. / ANDREW REDINGTON / Getty Images via AFP
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DeChambeau, cerca del triunfo el año pasado y lo más parecido a un influencer que tiene el mundo del golf a través de un popular canal de YouTube, suma dos títulos seguidos, ha limado su proverbial impetuosidad y dice que ha armado de paciencia su juego. «Antes buscaba siempre la bandera; ahora me conformo con ir a green», expuso como ejemplo de la mutación. Como Rahm, parece beneficiarse de que los torneos LIV hayan incorporado la cuarta jornada. «Jugar cuatro vueltas ahora en el LIV me viene bien. Cuando eran solo tres podías llegar a sentir que la semana en algunos torneos se te hacía larga, pero yo siempre he preferido cuatro», comentó el vasco.
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Defensa del título
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Rory McIlroy defiende el título logrado en playoff el año pasado. Solo tres golfistas han logrado repetir éxito en el pasado, Jack Nicklaus (1965-66), Nick Faldo (1989-90) y Tiger Woods (2001-02), ausente tras el reciente accidente de circulación. Casi solo por eso, por lo inusual, cabría descartar al norirlandés, quien ha reiterado una y otra vez el alivio vital que le supuso la victoria tras 11 años de espera, narrada en lo que parece infinidad de documentales. Aun así, McIlroy no está con las manos quirúrgicas últimamente y se ha dado un reposo de tres semanas antes de encarar el Masters.
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Scottie Scheffler y Sam Burns contemplan Raes Creek desde el puente Byron Nelson en el hoyo 13 de Augusta. / ERIK S. LESSER / EFE
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Algo similar a Scottie Scheffler, el número uno del mundo, dominante en los últimos tiempos y al que se le mira este año con algunas reservas. Lleva casi un mes sin competir, autoexiliado del golf por el nacimiento de su segundo hijo. Por las instalaciones de Augusta le acompaña su familia, incluido el recién nacido.
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Su rendimiento ya había bajado. De hecho, no ha conseguido acabar entre los 10 primeros en los últimos tres torneos de PGA disputados. Se le ha visto errático con los hierros, importantes en el Augusta National Club, el epicentro del golf de etiqueta. Nadie se imagina aquí los improperios de la última Ryder Cup, jugada en Nueva York. Sea o no norteamericano, al campeón el domingo se le honrará.
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