“Estoy orgulloso de lo hecho en el Llar y, sobre todo, de la respuesta ciudadana que siempre hubo a lo que desde aquí planteamos”
El novelista e historiador Adolfo Camilo Díaz (Caborana, Aller, 1963) dirige desde hace décadas el servicio de Promoción Cultural del Ayuntamiento de Corvera y, en consecuencia, es quien se encarga del calendario de actividades de El Llar de Las Vegas desde su inauguración -este próximo 24 de noviembre celebra sus primeros veinticinco años de éxitos. Toma asiento con el periodista de LA NUEVA ESPAÑA en la terraza dispuesta bajo el hórreo junto al teatro que empezó siendo corte en las afueras de Las Vegas y terminó siendo coliseo.
[–>[–>[–>-¿Qué necesidad había de tener un Llar?
[–> [–>[–>-Hombre, Corvera por población necesitaba de un espacio donde se pudiera concentrar la gente para disfrutar del ocio correspondiente. La idiosincrasia propia de este concejo -un montón de gente que atendió la llamada de la siderometalurgia para vivir aquí- produjo, como en el resto de la comarca, una ampliación demográfica muy potente. Y todo eso fue al final riqueza, riqueza que se tradujo muchas veces en pura participación ciudadana, en movimiento cívico. Veías que había un nervio asociativo tremendo. En Corvera llegamos a tener en los años 90 una docena de asociaciones culturales: para un conceyu, de aquella, de 17.000 habitantes. Teníamos unas formaciones musicales que siguen estando ahí después de décadas, que de alguna manera marcaban también el ritmo, nunca mejor dicho porque eran todas musicales, de activismo que llevaba detrás de la gente. Teníamos como elemento de concentración ciudadana el Centro Sociocultural de Las Vegas, su salón de actos, pero no tenía condiciones objetivas para poder albergar lo que albergaba. Una cosa no quitaba a la otra. Lo hacíamos frente a todo, muchas veces dando la vuelta a las sillas, para poder agarrar un poco más de altura sobre la tarima que teníamos allí. Por lo tanto, sí, era absolutamente necesario.
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-¿Y cómo se materializó esa necesidad?
[–>[–>[–>-A través del Plan Urban. Participaron entonces Avilés y Corvera a la vez, juntos, coordinados, porque así garantizamos el llegar a esos fondos europeos. Buscaba la sutura urbanística, la vertebración urbanística. No deja de haber un “continuum” urbano entre Las Vegas, sobre todo, y Los Campos y los barrios del sur de Avilés. Por lo tanto, a partir de aquella posibilidad que se nos abrió con el Plan Urban ideamos este Llar. Y es que había un porcentaje que había que destinar a acción cultural. Fue un porcentaje pequeño, pero nosotros no pretendíamos hacer aquí ningún mausoleo.
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-¿Nunca plantearon construir un “megauditorio”, que era lo que se llevaba por aquellos entonces?
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[–>-Para nada. Queríamos dar solución a un problema objetivo, que era que no teníamos un espacio en el que la gente se pudiera reunir para ver teatro, música, en fin, bailar. Y lo queríamos hacer sin tener ningún tipo de pretenciosidad en ese territorio. Vimos la oportunidad en este espacio, que era una casería, que en aquel momento estaba en las afueras de Las Vegas, hoy está integrada urbanísticamente entre Las Vegas y Los Campos, es una parte más de la ciudad, de esta ciudad que en tiempos llegó a ser dormitorio, y que hoy yo creo que ya superó esa…
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-¿Y el casero se imaginaba los planes que tenían ustedes para su cuadra?
[–>[–>[–>-Para nada, para nada. Él no lo veía, ellos no lo veían diciendo: “¿Cómo vais a meter aquí un teatro?” Lo primero que sentimos en el olfato cuando vinimos a ver el espacio era, por supuesto, el olor a silo, el olor a payar, el olor a vaca, a cucho que tenía aquel espacio. El Llar que era menos de la mitad de lo que es hoy: simplemente era la nave de la casería. En la casería estaban la casa, que es el bar y que en su primer momento albergó también la Casa de la Llingua. En aquellos primeros momentos pretendíamos que la Casa de la Llingua fuera un museo de la palabra, que la gente viniera a grabar palabras en asturiano, frases en asturiano, cantares en asturiano. Teníamos aquí esa vocación de hacer lo que todos decían que había que hacer con la llingua asturiana: meterla en un museo. Pues nosotros la metíamos allí, pero sacábamos los dientes frente a esas pretensiones. Esa Casa de la Llingua derivó al servicio de política lingüística del Ayuntamiento de Corvera y posteriormente, ya en el 2008, pasó al Centro Sociocultural de Las Vegas. Teníamos el hórreo y la panera que son buenos ejemplares de lo que se llama el estilo Carreño: son dos elementos importantes del siglo XIX que se trajeron hasta aquí. La panera albergó desde su nacimiento hasta el 2008 también el Teatro de Títeres de Corvera, que era la Casa de los Muñequinos, que metíamos ahí a una cuarentena de rapacinos, de rapacines y hacíamos también quedades de cuentos, de cuentacuenteros durante todo ese intervalo mientras funcionaba la Casa. Después hubo problemas ya puramente de tener que arreglar, de reformar el espacio y alguna que otra indicación de que no se podía dar ese tipo de usos por la vertiente más talibana de lo que es el mantenimiento de estos elementos muebles.
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-Siempre hubo un plan de explotación teatral de este complejo.
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-Claro, lo primero que nos piden a la hora de presentarnos al Urban fue un proyecto. Y me tocó a mí, como gerente del área. No solamente contemplábamos un espacio concreto, que era esa rehabilitación de esa nave y construir en ella un espacio escénico, sino que contábamos con el entorno y el entorno tiene fuerza: un auditoria al aire libre, una auditori a la romana o a la griega; un área de juegos tradicionales, que yo creo que sigue estando ahí detrás, se mantiene todavía la pista de chapes, para jugar a les chapes como jugábamos de guajes.
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-Y todo esto con un circuito teatral recién nacido.
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-Las líneas de ayuda a la exhibición teatral siempre se mantuvieron de una manera o de otra, con más o con menos, pero había una línea de colaboración por parte del Principado. Nunca tuvimos problemas, salvo mucho más reciente, antes de la pandemia, en época de Vicente Domínguez, etc., donde hubo el colapso del circuito. Hasta ese momento, llamado de otras maneras, funcionaba no como hoy, hoy desde luego estamos años luz de lo que en aquel momento existía.
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-Me refiero a que desde el principio ustedes no quisieron limitar el Llar a teatro y solo teatro.
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-De hecho, de lo primero que hicimos fue un congreso de periodismo. Desde el primer segundo tuvimos claro… La llamada de atención que en aquel momento era un poco la idea de abrir, de abrir continuamente.En la época en la que se perseguían a los grafiteros en Corvera, tenías una referencia al elemento del graffiti. No solo porque llegamos a tener más de trescientos grafitis en aquel momento, sino porque teníamos aquí les quedades o les peleas de gallos de rap vinculados al tema grafitero. Y se hacía sin problema. En el tema de las “performance”, de alguna manera en Asturias, fuimos punta de lanza.
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-Y las compañías asturianas han pasado por aquí.
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-Por supuesto, la mayor parte de grupos asturianos hacen aquí el estreno o hacen el preestreno: para captar el ambiente que pueda trasladar lo que ellos estén haciendo. Yo creo que en ese sentido sí supimos afinar con lo que necesitaban esos creadores de base: aquí no pretendemos ser el Palacio Valdés II, el Palacio Valdés está ahí, gracias que esté ahí, y hay que apoyar que esté ahí. Nosotros aquí cumplimos otra misión. No somos tampoco la Valey, tiene otras prestaciones, tiene otras posibilidades, puede estar en el programa Platea, nosotros no podemos, sencillamente porque no cobramos entrada, que es otro de los elementos característicos de aquí. Aquí no se cobra, a no ser que haya alquiler.
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-Todos los alcaldes han mantenido la gratuidad de las entradas.
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-Se entiende que hay una prestación cívica que se devuelve en base a los impuestos que se cobran.
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-¿Y qué perspectiva de futuro tiene el Llar?
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-Nunca cambiaron esos criterios de apertura plena a cualquier tipo de actividad. De versatilidad completa del esto. Aquí podemos hacemos baile. Se quitan, se ponen sillas, se ponen para atrás. Aquí tenemos hecho montones de pases de modelos de festivales en esa clave, haciendo los ajustes correspondientes. Hacemos funciones más allá del formato clásico a la italiana. Aquí lo conseguimos. Seguimos teniendo absolutamente todo el futuro con nosotros. Estoy orgulloso de lo hecho y, sobre todo, de la respuesta ciudadana que siempre hubo a lo que desde aquí se planteaba. Y lo que desde aquí se planteaba siempre fue la demanda que la ciudadanía había generado.
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-Hay Llar para rato.
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-Para décadas, décadas y décadas. Por supuesto, siempre que quien en cada momento se responsabilice aquí de la parte técnica o de la parte política tenga la suficiente apertura. La cultura es algo abierto. No puedes cerrar ningún elemento creativo.
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