Europa también se juega en el mar
Cuando pensamos en Bruselas, muchas veces imaginamos despachos, reglamentos y largas negociaciones. Pero hay decisiones europeas que se sienten mucho antes de llegar al BOE: se sienten a las cuatro de la mañana en un puerto, en una lonja, en una cofradía o en una pequeña empresa familiar que vive del mar. Por eso me hace especial ilusión incorporarme al comité de Pesca del Parlamento Europeo, donde voy a trabajar activamente para defender los intereses de la pesca asturiana y europea en un momento decisivo para el sector.
[–>[–>[–>Porque sí, la pesca europea está entrando en una etapa de cambios profundos. Y Asturias se juega mucho en ella. Esta misma semana, el ministro Luis Planas pedía revisar la Política Pesquera Común, reconociendo que «esta Europa y este mundo no son los mismos que hace diez años». Tiene razón. El problema es que el Gobierno llega tarde a demasiados debates y, mientras tanto, nuestros pescadores siguen acumulando incertidumbre.
[–> [–>[–>La Política Pesquera Común se diseñó en 2013 en un contexto completamente distinto. Hoy hablamos de soberanía alimentaria, de competencia internacional, de presión regulatoria, de costes energéticos disparados, de relevo generacional y de la necesidad de modernizar una flota envejecida.
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Europa también ha avanzado mucho en sostenibilidad pesquera en la última década. Sería injusto no reconocerlo. La repoblación de especies, el mejor conocimiento científico o el esfuerzo realizado por muchas flotas para adaptarse a nuevas exigencias ambientales son logros importantes. Pero también es cierto que demasiadas veces se ha legislado desde la distancia, sin entender suficientemente la realidad de quienes viven del mar.
[–>[–>[–>Y ahí es donde Asturias necesita más voz. Nuestra pesca no es solo economía. Es identidad, tradición, empleo y cohesión territorial. Es actividad en puertos como Avilés, Gijón, Lastres, Cudillero o Puerto de Vega. Es una red de conserveras, transportistas, rederas y pequeñas empresas que sostienen parte de nuestra costa. Cuando Europa toma decisiones sobre fondos pesqueros, zonas marinas protegidas o limitaciones técnicas, no está hablando de cifras abstractas: está hablando del futuro de muchas familias asturianas.
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Uno de los grandes debates que tendremos en los próximos meses será precisamente el del nuevo presupuesto europeo. La Comisión Europea ha propuesto para el período 2028-2034 una reducción del 67% en el fondo destinado a la pesca: de 6.100 millones a apenas 2.000 millones de euros. Esto es inadmisible y, en el Parlamento Europeo lo hemos votado de forma muy clara en el último pleno: el fondo de pesca debe mantener la misma cuantía que tenemos en la actualidad, ajustando los precios a la inflación. La propuesta inicial de recortar los fondos específicos para pesca y diluirlos en grandes fondos nacionales genera enorme preocupación en regiones como la nuestra. Ya hemos visto lo que ocurre cuando los recursos europeos se centralizan excesivamente: más burocracia, menos agilidad y demasiadas veces un reparto alejado de las necesidades reales del territorio. El sector pesquero necesita un fondo europeo fuerte, propio y estable. No solo para sobrevivir, sino para transformarse. Porque transformar la pesca europea no significa destruirla. Significa modernizarla.
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[–>Y aquí aparece uno de los grandes retos: la renovación de la flota. Muchos barcos europeos tienen décadas de antigüedad. Nuestros pescadores trabajan en condiciones cada vez más difíciles, con costes elevados y con embarcaciones que necesitan adaptarse a nuevas tecnologías, a mayores exigencias ambientales y también a condiciones laborales más atractivas para los jóvenes. Si queremos relevo generacional, debemos dejar de hablar de la pesca como un sector del pasado.
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Hay otro problema del que se habla poco: la enorme desconexión entre muchas normas europeas y la realidad diaria del sector. Y eso tiene consecuencias políticas y sociales. Tenemos el deber de proteger los ecosistemas, sí, pero también de escuchar a quienes llevan generaciones viviendo del mar y conocen mejor que nadie su equilibrio.
[–>[–>[–>Para los pescadores asturianos hay batallas concretas que no podemos perder. Que no se amplíen las zonas de Ecosistemas Marinos Vulnerables como pretende la Comisión, ya que pondría en peligro capturas esenciales para nuestra flota, como la merluza, el besugo, el virrey o el abadejo. Y que, paralelamente, se reconozca que el palangre de fondo es un arte artesanal que no daña el fondo marino y se permita su ejercicio en esas zonas. Porque además hay otro frente: los proyectos de eólica marina y otras actividades en el mar no pueden socavar los caladeros de la región.
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Asturias tiene experiencia, conocimiento y una tradición pesquera que merece futuro. Y ese futuro dependerá, en buena parte, de que Europa deje de ver la pesca únicamente como un problema regulatorio y vuelva a entenderla como lo que realmente es: un sector estratégico para la alimentación, para el empleo, para nuestra autonomía y para la vida de muchas de nuestras costas.
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Europa también se juega en el mar. Y Asturias tiene que estar presente en esa conversación.
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