Evidencias incómodas
El juez ha concedido a Zapatero un aplazamiento para declarar. Él mismo lo solicitó con el fin de poder defenderse en todos los frentes abiertos de la investigación. Naturalmente, cada día que pasa son más las evidencias y los indicios se acumulan. Entre las primeras están la joyas halladas en una caja fuerte del despacho del presunto inocente, debido según él a una herencia de la suegra y a sucesivos regalos. La presunción de inocencia no es para el presunto inocente una coartada moral ni un salvoconducto político. Es una garantía jurídica indispensable en un Estado de derecho. Conviene recordarlo porque, algunos han convertido ese principio en un escudo retórico para desacreditar cualquier sospecha, cualquier investigación y hasta cualquier evidencia incómoda. Como si exigir explicaciones fuera incompatible con respetar las reglas del proceso penal. Y no lo es.
[–>[–>[–>Las «joyas de la suegra», las celebraciones obscenas sufragadas con dinero público, las amistades peligrosas, las «sobrinas», los pisos, las comilonas y el catálogo entero de excesos cutres forman parte de la iconografía degradante de una época. Son la parte viral, el esperpento que alimenta memes y tertulias. Pero reducir todo a la caricatura sería un error. Lo verdaderamente corrosivo no son las «chistorras» ni el champán, sino la sospecha persistente de que las instituciones son utilizadas como mecanismo de colocación, influencia y beneficio privado.
[–> [–>[–>Cuando un dirigente elevado por los suyos durante años a la categoría de referente moral aparece rodeado de sombras, no cae solo una figura política: se resquebraja la confianza pública. Cada episodio de clientelismo, indicio de tráfico de influencias o explicación inverosímil alimentan la convicción de que los que se dedican a la política lo hacen para lucrarse. Ahí reside el verdadero daño. La presunción de inocencia debe protegerse siempre en los tribunales, pero nunca utilizarse como mordaza frente al debate público ni como refugio para eludir responsabilidades políticas y éticas. Y estéticas.
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