Familias acogedoras: «Los niños te dan más de lo que tú les das»
En Padrón, Mariló Saco habla de la acogida con serenidad, pero también con una convicción que emociona. A sus 57 años, lleva tiempo abriendo la puerta de su casa a niños que necesitan un hogar temporal. «Yo animo a todo el mundo a que lo haga, sin duda», asegura.
[–>[–>[–>En su historia, el papel de su marido, Daniel Calvo, fue —y es— fundamental. «Él es clave para que esto funcione», explica. Fue funcionario de Correos y, antes de jubilarse, ya se implicaba al máximo. «Esto requiere mucho tiempo y mi trabajo exige mucha disponibilidad —es concejala de Servicios Sociales en el Concello de Padrón—, así que, sin él, sería imposible llegar a todo«, admite.
[–> [–>[–>La red que los arropa también resulta esencial. Cuando llega un nuevo menor en acogida, la familia y las amistades se convierten en un apoyo real: «Siempre les decimos a los niños: “mira, tío Juan, tía Ana…”. Nos ayudan en lo que necesitamos».
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Mariló y Daniel se iniciaron como padres de acogida hace más de una década, tras el fallecimiento de su hijo Daniel víctima de una leucemia a los 15 años. Tienen otro hijo biológico: Jaime, de 24 años. Y ahora también a David, de 9, que lleva siete años con ellos y ya está en régimen de acogimiento permanente. A ellos se sumaba hace solo dos meses Manuel, que llegó a su hogar el 23 de diciembre con solo quince días de vida. Por la casa familiar han pasado otros tres menores —un niño y dos niñas—. «A todos los tratas como a tus hijos», dicen.
[–>[–>[–>«Yo animo a todo el mundo a que viva esta experiencia, que te da fuerza y ganas de seguir adelante»
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Porque Mariló insiste en que, por encima de todo, los niños a la espera de ser acogidos por una familia «necesitan ser queridos». Y cada uno llega con una mochila distinta: «Dependiendo de la edad, unos vienen con más cargas y otros con menos».
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Para la pareja, el apoyo de Acougo (Asociación Galega de Familias de Acollida) es esencial. «Si algo reivindicamos las familias de acogida es que la Administración nos cuide un poco más. Estamos bastante desamparadas en muchos sentidos», reivindica Mariló. En ocasiones, las necesidades son de índole económica: «Muchas veces necesitan ir al odontólogo o gafas. Y toda la burocracia se retrasa». Ahí, «se agradece» el respaldo de Acougo: «Tienes que tener a alguien que empuja por ti».
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[–>Uno de los grandes errores, dice, es pensar que los bebés no recuerdan nada: «A mí me sorprenden muchas cosas». Habla de David, que llegó a su hogar a falta de unos días para cumplir los 2 años. «Creíamos que no se acordaría, pero un día me dijo por la calle: “No sé qué le pasaría a mi mamá de antes. Había un perro al que le tenía miedo”. ¿Cómo puede acordarse? Pero se acuerdan», reflexiona.
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Hoy, David es «un niño feliz, sociable, que juega al fútbol y hace lo que hacen todos». En casa tiene hermanos, padrinos y una red afectiva que él siente como propia: «Aquí hizo una familia».
[–>[–>[–>La llegada de nuevos bebés también se gestiona hablando. «A cada uno que llega, él siempre le dice: “Yo voy a ser tu hermano mientras estés en nuestra casa”. Para Mariló, esa frase resume el espíritu de la acogida: acompañar mientras dura el camino.
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«Cambiar el chip»
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Uno de los miedos más frecuentes es el momento de la despedida: «Hay gente que dice: “Yo no sería capaz, porque después se lo llevan”. Y yo digo: hay que cambiar el chip, pensar en el momento en que lo tienes contigo y en la felicidad que le puedes dar».
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Eso sí, no niega el dolor. «Claro que tenemos sentimientos. No es como romper un plato de la cocina. Se queda una personita en tu corazón. Lo echas de menos, pasas lo que tienes que pasar… y vuelves a abrir la puerta para que entre otro», afirma.
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«No se puede pensar en cuándo se irán. Hay que pensar en la felicidad que les puedes dar»
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Para ella y su marido, la acogida fue también una manera de seguir adelante tras la pérdida de su hijo: «Solo hay dos opciones: o seguir luchando o darte por vencida». Aquel vacío no lo ocupa nadie. «Aunque tengas 40 niños, el sitio de Daniel está ahí». Pero David, dice, «le devolvió la sonrisa a mi marido. Le devolvió la vida».
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«Estos niños te dan más de lo que tú les das«, concluye. «Nosotros les damos lo que necesitan. Pero ellos te dan vida, fuerza y ganas de seguir. Por eso digo que, a las familias que estamos, que nos cuiden. Y que todo se haga bien. Porque lo importante son ellos. Siempre ellos», subraya.
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Más de 300 menores acogidos
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El año pasado, 255 familias ofrecieron su hogar de manera temporal a 301 niños y adolescentes en Galicia. Ahora, Cruz Roja, que gestiona el programa de Familias Acogedoras de la Xunta —integrado por 316 familias—, hace un llamamiento para ampliar la red, porque 73 menores continúan a la espera de ser acogidos.
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En 2025 se iniciaron 75 nuevos acogimientos. En 7 de cada 10 casos los menores tenían menos de seis años, un dato que, según Cruz Roja, evidencia la importancia de garantizar entornos familiares desde las primeras etapas de la vida. La prioridad es evitar el ingreso de los más pequeños en centros de protección.
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En paralelo, 89 menores finalizaron su proceso de acogida a lo largo del año pasado. Algunos volvieron a residir con sus familias biológicas. Otros fueron adoptados o cumplieron la mayoría de edad.
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Cualquier persona, matrimonio o pareja de hecho, con o sin hijos, puede convertirse en familia acogedora, independientemente de su condición social, su ideología o sus creencias. Las personas interesadas pueden asistir a las charlas que las sedes de Cruz Roja en Pontevedra, A Coruña, Santiago, Lugo, Ourense y Vigo acogerán entre mañana lunes y el martes 24.
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