FELICIDAD BIENESTAR | Fernando Pena, psicólogo: “La sonrisa sentida refleja apego familiar, en el comercio genera confianza y en el trabajo fomenta la colaboración”
¿Sirve realmente sonreír para mejorar cómo nos sentimos? El psicólogo Fernando Pena Vivero lo tiene claro: sí, pero con matices. “Definitivamente impacta. Tanto a uno mismo como a los demás”, explica el fundador del Centro de Psicología Calma al Mar y presidente de la Asociación Española de Psicología Sanitaria (AEPSIS). Según detalla, la sonrisa sentida funciona como una puerta de entrada a las relaciones. “Facilita los vínculos y la interacción social: en la familia es el primer reflejo de apego entre padres e hijos, en el comercio y ventas genera confianza y en el entorno laboral fomenta la colaboración”.
[–>[–>[–>Más allá de lo evidente, su efecto tiene base en la comunicación no verbal. “Cuando la sonrisa es genuina, el cerebro del receptor la interpreta como una señal de seguridad”, señala. Ese proceso reduce la sensación de amenaza y favorece el acercamiento, lo que permite construir relaciones más sólidas.
[–> [–>[–>Pero no todo vale. “Forzar una sonrisa sin una emoción real detrás no produce estos beneficios de forma consistente”, advierte. Fingirla, por tanto, no nos hace más felices per se.
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El debate, sin embargo, no es nuevo. Las redes sociales se llenan de imágenes inspiradoras, los estados de Whatsapp reiteran reflexiones que buscan inspirar y existen marcas que facturan a golpe de consejos bonitos bordados en camisetas, mantas, copas, calcetines, bolígrafos. ¿Sonreír es tan importante? ¿Realmente puede cambiar nuestro estado emocional?
[–>[–>[–>Hay estudios que relacionan la sonrisa con la reducción del estrés, la disminución de la presión arterial, mejoras cardiovasculares o una mayor esperanza de vida
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Algunos estudios sí apuntan a beneficios asociados a la sonrisa y los relacionan con la reducción del estrés, la disminución de la presión arterial y la liberación de endorfinas, serotonina y dopamina. Incluso algunos los vinculan con mejoras en la salud cardiovascular o con una mayor esperanza de vida. Fernando Pena pone orden: “La evidencia científica indica que la actitud psicológica puede influir en la salud física, aunque no sustituye a los tratamientos médicos”.
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La actitud ante la enfermedad
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Los estados emocionales positivos se asocian con menor activación del estrés y niveles más bajos de cortisol, lo que puede beneficiar al sistema inmunológico y cardiovascular. “Variables como el optimismo o el bienestar subjetivo se relacionan con una mejor recuperación tras cirugías y con menor riesgo de algunas enfermedades”, añade el experto. Pero insiste: “No es la sonrisa en sí la que cura, sino el estado mental que puede contribuir a la mejoría”.
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[–>Desde este punto de vista, la actitud sí juega un papel: “Puede mejorar la adherencia a los tratamientos, favorecer que se sigan las pautas médicas, aumentar la resiliencia y evitar el aislamiento”.
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«La evidencia científica indica que la actitud psicológica puede influir en la salud física, aunque no sustituye a los tratamientos médicos”
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Ahora bien, matiza: “La actitud influye, pero no determina por sí sola”. Una postura más activa favorece el autocuidado y la búsqueda de ayuda, mientras que una actitud derrotista puede llevar a no seguir tratamientos. “Pensar en positivo no cura enfermedades graves, pero sí facilita procesos que ayudan en la recuperación”.
[–>[–>[–>Además, esa actitud puede tener un efecto preventivo. “Nuestra forma de pensar se relaciona con la fortaleza del sistema inmunitario”, explica. El estrés intenso o los conflictos personales pueden agravar síntomas, mientras que una mejor regulación emocional contribuye a reducir el estrés fisiológico, el dolor y la inflamación. Y la sonrisa, «cuando es auténtica, puede activar mecanismos que reducen la respuesta de estrés».
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«La actitud y nuestra forma de pensar se relacionan con la fortaleza (o debilidad) de nuestro sistema inmunitario»
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El experto va más allá: “La ciencia respalda que las emociones positivas y la reducción del estrés tienen un impacto directo en la longevidad a nivel celular». Y señala el libro ‘La solución de los telómeros’, del que es coautora Elizabeth Blackburn, premio Nobel de Medicina, donde se explica «que el estrés crónico y la rumiación negativa aceleran el acortamiento de los telómeros (los extremos de los cromosomas), lo que precipita el envejecimiento celular y la aparición de las enfermedades cardiovasculares e infecciosas”.
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Fernando Peña, psicólogo y presidente de AEPSIS – Asociación Española de Psicología de la Salud / Cedida
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No forzar la sonrisa
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Pero para que todo se active, insiste el psicólogo, hay que sonreír de verdad. “La sonrisa genuina y sentida puede facilitar el acceso a estados de ánimo positivos si hay una causa que la apoye. No obstante, engañar a la mente de forma sostenida es difícil si la base emocional interna es de agotamiento o saturación». Por tanto, no existe un ‘hack’ cerebral de ‘sonríe y serás feliz’, pero sí es cierto que si eres feliz facilitas más recuerdos positivos. «No digo a mis pacientes ‘sonríe para estar mejor’ sino que les explico técnicas que identifican los patrones de pensamiento y los sustituyen por otros más saludables”. Es decir, que “forzar una sonrisa no crea felicidad de la nada, pero si existe un contexto mínimamente positivo, puede inclinar la balanza hacia un mejor estado emocional».
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Sonreír cuando no apetece no es sencillo. El psicólogo recomienda no forzarlo.”Se trata de buscar estímulos externos (relaciones sociales, entornos positivos agradables, actividades de ocio que causen placer…) e internos (pensamiento más positivo sobre los eventos) que activen todos ellos las emociones positivas». La sonrisa auténtica, explica, es consecuencia de ese estado.
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Para cambiar el estado emocional, no basta con sonreír. “Hay que aprender a dirigir la atención hacia aspectos favorables”, explica el psicólogo, que apunta a herramientas como cuestionar pensamientos negativos, expresar emociones positivas o practicar el agradecimiento. “Son procesos entrenables que favorecen el bienestar”.
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Sonreír contagia a los demás
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Las bondades de la sonrisa son más amplias: genera conexión emocional y favorece un ambiente positivo. Es el llamado efecto espejo. “Cuando vemos a alguien sonreír, nuestro cerebro activa circuitos similares, lo que puede estimular el bienestar y la liberación de neurotransmisores como dopamina o serotonina”, explica Fernando Pena. Por eso, añade, las emociones positivas tienden a contagiarse: una sonrisa genera otra y refuerza ese estado en los demás.
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Lo contrario también ocurre. “Las expresiones de enfado o irritación activan en quienes las observan respuestas emocionales similares”, explica el psicólogo. Por eso, añade, ante alguien alterado es fácil contagiarse del nerviosismo. “De ahí que se recomiende no responder de inmediato y dejar pasar unos segundos (el famoso «cuenta hasta 10»), para que no sea una reacción impulsiva, sino más reflexiva”.
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La sonrisa también influye en cómo nos perciben los demás. “Funciona como un mensaje de apertura y confianza”, explica Pena. No es solo un gesto estético, sino una herramienta de inteligencia emocional que refuerza el vínculo social y proyecta seguridad y empatía. “Más que un gesto, es un catalizador biológico que favorece la conexión entre personas”, añade.
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