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Fico y Babis, los últimos aliados de Putin en Europa

Fico y Babis, los últimos aliados de Putin en Europa
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  • Publishedabril 20, 2026




Con la salida de Viktor Orban del foco europeo -y su ya anunciada ausencia en la próxima cumbre de líderes en Chipre- el optimismo en Bruselas da paso a la incertidumbre y comienza a surgir una pregunta incómoda: qué queda del frente de resistencia centroeuropeo y quién ocupará ahora ese espacio.

Durante años, Hungría ha sido el epicentro de un eje euroescéptico dentro de la UE, con Budapest actuando como foco principal de resistencia a determinadas líneas de política comunitaria. Sin embargo, el desgaste interno, la pérdida de aliados en la Unión y la reconfiguración de las alianzas han ido deteriorando su papel central. Pero la salida de Orban del ámbito comunitario No significa el fin de las tensiones.

En este nuevo escenario destacan principalmente dos figuras que, sin alcanzar el peso político del líder húngaro, mantienen posiciones que incomodan a Bruselas: el primer ministro eslovaco, Roberto Fico, y el checo, Andrej Babis. «Nunca he conocido a un defensor tan acérrimo de la soberanía y los intereses nacionales de su país como el Primer Ministro húngaro», ha afirmado Fico. Bajo su mandato, Eslovaquia ha reforzado su alineación con Budapest: Ambos gobiernos han mantenido estrechas relaciones con Moscú incluso durante la guerra de agresión en Ucrania, se han opuesto a paquetes de sanciones y han seguido adquiriendo petróleo y gas rusos, además de entablar enfrentamientos recurrentes con las instituciones comunitarias en torno al Estado de derecho.

Liderazgo crítico

Por otro lado, el regreso de Babis al frente político checo reactiva la memoria del liderazgo crítico con instituciones comunitarias, aunque con un perfil diferente. El magnate, que en el pasado se movió en posiciones más europeístas, se ha ido acercando progresivamente a Orbán dentro de la familia política de Patriotas por Europa en el Parlamento Europeo. También ha reivindicado la figura del líder húngaro, al que atribuye haber defendido una Europa basada en la autonomía de los Estados y la competitividad. Desde su regreso al Gobierno, Praga ha recortado la ayuda a Ucrania y se ha distanciado de iniciativas clave de la UE, como el préstamo conjunto para Kiev, aunque mantiene una posición más convencional hacia Rusia que la de Hungría o Eslovaquia.

El gabinete de Babis también incluye fuerzas de extrema derecha críticas con la OTAN y ha comenzado a promover medidas que generan preocupación en Bruselas, desde intentos de revertir las políticas de descarbonización hasta reformas de los medios públicos y un mayor control sobre las organizaciones no gubernamentales, iniciativas que sus adversarios consideran inspiradas en los modelos húngaro y eslovaco.

Lo que aparece no es tanto un bloque cohesivo pero focos dispersos de resistenciaque ya no orbitan en torno a un liderazgo único como el de OrbAn. El Grupo de Visegrado, en ese sentido, parece hoy más fragmentado que nunca. Con todo, la salida de Orbán no acaba con el euroescepticismo en el Este, pero sí lo hace más difícil de predecir. Sin un líder que lidere el camino, Bruselas ya no trata con un bloque unido, sino con gobiernos que seguirán poniendo a prueba la cohesión de los Veintisiete.



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