Fin a la jungla de los microcréditos rápidos
España se dispone a cerrar una anomalía que duraba demasiado. Las entidades que comercializan microcréditos al consumo pasarán a estar bajo la supervisión directa del Banco de España, como el resto de prestamistas. La decisión del Consejo de Ministros traspone dos directivas comunitarias a la legislación española y supone una corrección necesaria en un sistema financiero tan necesitado de orden y reglas comunes.
[–>[–>[–>Durante años, el microcrédito al consumo -que no es perverso per se y que puede tener sentido para necesidades puntuales- ha disfrutado de un oasis de excepción regulatoria difícil de defender. No ha sido así tanto en el segmento de la banca tradicional, como en el de aquellas entidades especializadas en prestar pequeñas cantidades con altos intereses a hogares normalmente vulnerables, como bien señala Pablo Allende Salazar.
[–> [–>[–>La ausencia de supervisión de estas entidades facilitó la adopción de malas prácticas: publicidad agresiva, falta de transparencia -con penalizaciones opacas-, tipos de interés desorbitados y renovaciones automáticas. Se ejercía una elevada presión comercial que recaía casi siempre sobre los mismos perfiles: hogares con ingresos bajos, jóvenes sin historial crediticio y consumidores con poca cultura financiera, escasa capacidad de negociación y urgencias inmediatas.
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La extensión de la supervisión y la exigencia de estándares similares a los de la banca tradicional parecen, en este sentido, indiscutibles. Más debate suscita otra medida también anunciada ayer por el ministro de Economía, Carlos Cuerpo: la imposición de topes máximos a los tipos de interés de estos microcréditos, una medida inédita hasta ahora en España y que plantea interrogantes legítimos. La experiencia demuestra que los topes, por sí solos, pueden frenar los excesos más evidentes, pero no corrigen el problema del sobreendeudamiento de estos colectivos, ni sustituyen a una supervisión rigurosa, ni crean solvencia donde no la hay ni fomentan la cultura financiera. La reforma será tan útil como lo sea su apliación. Y queda mucho por hacer.
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