FINAL CONFERENCE LEAGUE | Un barrio a la conquista de Europa: el Rayo busca en Leipzig la utopía de la Conference
Mientras los madridistas se preguntan (sin demasiadas dudas) quién será en unos días su presidente y los colchoneros temen los cada vez más pertinaces rumores que circulan sobre Julián Álvarez, Vallecas ignora las cuitas de sus poderosos vecinos y se engalana para la noche más importante de su historia. Se podría matizar que es la noche más importante en clave futbolística, pero no hay forma de disociar el populoso barrio del sureste de Madrid de un Rayo Vallecano que ejerce como su mejor y más genuino embajador en el mundo.
[–>[–>[–>La utopía alcanza esta noche en la ciudad alemana de Leipzig su estación final. A partir de las 21.00 horas, el equipo de Iñigo Pérez tratará de inaugurar sus vitrinas con un título europeo. El Crystal Palace inglés es el último obstáculo hacia el título de la Conference League. Una cita en la que estarán presentes más de 12.000 aficionados rayistas, paladeando el partido en el que jamás soñaron siquiera participar.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>El Crystal Palace, favorito
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«Debemos representar bien lo que es el barrio de Vallecas, a nuestra gente, que lo que hagamos sea un orgullo para nuestros aficionados. Tenemos una deuda emocional con ellos», decía en la previa Iñigo Pérez, en el que será su última noche en el banquillo del Rayo, antes de afrontar el reto de la Champions con el Villarreal.
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El Samsunspor, el AEK Atenas y el Estrasburgo cayeron eliminados a manos del conjunto madrileño, que en esta final se mide a un Crystal Palace que quintuplica su gasto en plantilla y que cuenta en su plantilla con estrellas mundialistas como Henderson, Yéremi Pino, Mateta, Strand Larsen o Sarr. Frente a estos argumentos, confía el Rayo en la seguridad de Batalla, la verticalidad de Ratiu, la solidez de Pathé Ciss, los goles de De Frutos y el liderazgo de Isi y Lejeune.
[–>[–>[–>Íñigo Pérez, entrenador del Rayo. / RONALD WITTEK / POOL / EFE
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Se abusa en el deporte de la palabra milagro, pero la presencia del Rayo, como club, en esta final lo es. No se trata solo de su capacidad para sobrevivir en la élite en una ciudad que comparte con dos de los mejores equipos de Europa. Se trata de hacerlo pese a la indisimulada dejadez de su propietario, Raúl Martín Presa, en todo lo que no es la primera plantilla.
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Un equipo más grande que el club
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Ha construido el Rayo su mito en un estadio que se cae a pedazos sin que su reforma o su traslado termine de concretarse; con un césped tan destrozado que le obligó a suspender un partido de Liga y a jugar otro de prestado en Leganés; con una ciudad deportiva que durante semanas no reunió las condiciones mínimas para el entrenamiento de un equipo profesional, teniendo que trabajar algunos días en Getafe; con una afición obligada a hacer cola para comprar entradas para los partidos, como si internet fuera un invento previsto para el siglo que viene…
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Aficionados del Rayo en un partido de la Conferencia en Vallecas. / Kiko Huesca / EFE
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El equipo lleva años rindiendo por encima de la capacidad del club, enlazando cinco permanencias consecutivas en Primera División por primera vez en su historia, repitiendo en las dos últimas su mejor posición de siempre, el octavo puesto. La oportunidad de esta noche es la de poner una impensable guinda a lo que, en el fondo, no deja de ser una historia de amor de un barrio por su más orgullosa bandera.
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