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Fui fontanero junto a mi padre. Pasé muchos días en la obra, hacía frío… no era la vida que quería

Fui fontanero junto a mi padre. Pasé muchos días en la obra, hacía frío… no era la vida que quería
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  • Publishedjulio 12, 2026



Conor McGregor llegó a su regreso a UFCcinco años después de su última pelea, con un pasado hoy tan relevante como sus títulos: el del aprendiz de fontanero marcado por el acoso escolar que decidió romper con una vida de trabajo, frío y beneficios sociales para centrarlo todo en el gimnasio.

niño, en DublínMcGregor no encajaba en el molde del matón, sino en el del chico flaco que recibía las miradas y las bromas. En un documental británico emitido por televisión de artes marciales mixtasrecuerda haber regresado de la escuela con la mochila al hombro y encontrarse con «muchos chicos, niños pequeños» que empezaron a regañarlo.

“Yo era sólo un niño”, explicó, “empezaron a decir cosas y cuando me di la vuelta vinieron hacia mí, así que me escapé”.

Esta escena, resume, le hizo pensar que necesitaba prepararse para algo más que huir, hasta el punto de llevar en su mochila una mancuerna sin placas «lista para usar» si alguna vez volvía a sentirse acorralado.

Años más tarde, el niño acosado era aprendiz de fontanero en la empresa de su padre y trabajaba largas jornadas en obras de construcción en los suburbios de Dublín.

Invitado al programa estadounidense «Conan» en 2016, McGregor describió este período con una mezcla de sinceridad y rechazo: «Hubo un período de mi vida en el que era fontanero. Sinceramente, nunca trabajé duro en fontanería, no estaba obsesionado con ello».

El recuerdo que más repite llega en forma de una pausa para almorzar bajo la lluvia, entre barro y cemento: «Estaba en el aparcamiento, hacía frío, estaba mojado, estaba oscuro, y me dije: ésta no es la vida que quiero vivir».

Conor McGregor, durante el pesaje oficial previo a su pelea en UFC 329

Conor McGregor, durante el pesaje oficial previo a su pelea en UFC 329

Reuters

En esa misma conversación, el irlandés describe el momento de la ruptura como una decisión casi instantánea: «Me dije: me voy. Voy a dejar este edificio, iré a casa y perseguiré este sueño de ser campeón mundial de artes marciales».

Luego tuvo que volver a casa y decirles a sus padres que no volvería “ni un día más” al trabajo. Desde entonces, como ha contado en varias entrevistas, la rutina ha pasado a ser otra: ayudas públicas, 188 euros en subvenciones y el máximo tiempo posible invertido en el gimnasio.

El McGregor que ahora prepara su regreso a los grandes escenarios que UFC proyectado en EL Las Vegas Es, en gran medida, producto de esa mezcla de miedo y aburrimiento.

Para él, las artes marciales mixtas nacieron como respuesta al sentimiento de vulnerabilidad del niño que corría por las calles de Dublín y se consolidaron como una salida para el joven que miró a su alrededor en el trabajo y vio “una vida” que no quería.

Cinco años después de su última aparición en el octágono, las mismas lesiones y decisiones que lo alejaron de la plomería y el acoso se convierten en la historia fundamental de su intento de volver a ser relevante en la jaula.



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