GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO | El frágil alto el fuego en Irán deja en evidencia el fracaso de Trump y Netanyahu
Donald Trump había exigido la «rendición incondicional» de Irán como condición para acabar con la guerra, pero ha acabado agarrándose a una propuesta pakistaní basada en las demandas de Teherán para detener las hostilidades durante dos semanas. El alto el fuego permitirá reabrir temporalmente el estrecho de Ormuz mientras se negocia el final definitivo de la guerra, pero no hay mucho más consuelo para los intereses de Estados Unidos, que sale de esta con su reputación diezmada y aislado internacionalmente. Nada de eso ha impedido a Trump proclamar una «victoria total y completa». Pero lo cierto es que ni EEUU ni Israel han cumplido ninguno de los objetivos que se marcaron en una guerra que ha creado más problemas de los que ha resuelto. Por el camino dejan un régimen iraní en gran medida intacto y geopolíticamente fortalecido, así como una economía mundial tambaleante y herida.
[–>[–>[–>Trump encontró la rampa de salida que buscaba menos de dos horas antes de que se cumpliera su ultimátum para lanzar un ataque masivo sobre las infraestructuras iraníes. «Toda una civilización morirá esta noche», había dicho con ínfulas genocidas. Llegó a través de la mediación de Islamabad y el republicano vendió su conformidad como si fuera un gesto de deferencia hacia los líderes pakistaníes, «quienes me pidieron que detuviera la fuerza destructiva que iba recaer esta noche sobre Irán», escribió en Thruth Social. Como él mismo reconoció, la propuesta está basada en 10 puntos elaborados por el Consejo Supremo de Seguridad de Irán, uno de los pilares del régimen. Un documento que, en palabras de Trump, servirá como «base viable para negociar».
[–> [–>[–>Lo que parecía hasta entonces un mal menor para detener la brutal guerra regional, que se ha cobrado la vida de más de 5.000 personas en una docena de países, se convirtió para muchos en Washington en una debacle. «Enorme derrota estratégica para EEUU, la mayor desde Vietnam. Muestra la emergencia de Irán como cuarto centro del poder mundial», escribió en X el prestigioso politólogo de la Universidad de Chicago, Robert A. Pape, especializado en relaciones internacionales. Ese plan «viable» para la Casa Blanca deja la «supervisión» del estrecho de Ormuz en manos de Irán, cuando antes de la guerra imperaba allí la libertad de navegación. Pero también demanda la retirada de las tropas estadounidenses de sus bases en la región; exige levantamiento de todas las sanciones sobre Teherán y hasta contempla el pago de reparaciones por los daños sufridos durante la agresión. Eso no significa que semejante lista de la compra vaya a ser implementada, pero sí que se utilizará teóricamente como punto de partida para la negociación.
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Lejos de los objetivos marcados
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Al margen de esa sorprendente concesión, los expertos coinciden en que tanto EEUU como Israel se han quedado lejos de sus objetivos, por más que la Casa Blanca insista en lo contrario. No ha habido cambio de régimen en Teherán, que mantiene un firme control del país pese al cambio de caras en su liderazgo. Tampoco se ha destruido su programa de misiles balísticos o ha cesado el apoyo de los ayatolás a sus milicias aliadas en la región. Más bien al contrario, con su guerra asimétrica Irán ha demostrado que puede poner en jaque tanto a sus vecinos árabes del Golfo como a la economía mundial. Y eso que se suponía que era un paria al borde del colapso.
[–>[–>[–>Ni siquiera ha caído la guinda del pastel, la que más preocupa al mundo. El secretario de Guerra de EEUU, Pete Hegseth, instó este miércoles a Irán a entregar sus más de 400 kilos de uranio enriquecido al 60% —un grado cercano al que se necesitaría para fabricar bombas nucleares—, pero ese uranio sigue teóricamente enterrado bajo un instalación en Isfahán bombardeada en la guerra de 2025.
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En Israel, la oficina de Binyamín Netanyahu afirmó que «Irán ha dejado de representar una amenaza nuclear, de misiles y terrorista». Pero fuera de la burbuja gubernamental, el ánimo es sombrío. «Este es uno de los mayores desastres políticos de nuestra historia», dijo Yair Lapid, uno de los líderes de la oposicion. «¿Para qué ha servido exactamente esta guerra?», se preguntaba Danny Citrinowicz, un prestigioso analista y exoficial de la inteligencia militar israelí. «Los éxitos tácticos y los logros operacionales son casi completamente inútiles si no proporcionan un resultado coherente en términos estratégicos». Paralelamente, la reputación del Estado judío en EEUU ha quedado seriamente dañada, debido a que muchos estadounidenses acusan a Israel de haber arrastrado a Trump a una guerra que no era suya.
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[–>El drama del pueblo iraní
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Todos estos elementos aportan una enorme fragilidad al alto el fuego, violado en varias ocasiones durante la jornada de este miércoles por las dos partes. No obstante, el principal problema parece ser el rechazo de Israel a detener su guerra en Líbano, donde hoy lanzó el bombardeo más masivo desde el inicio de esta última contienda. El mediador, Pakistán, sostiene que el Líbano es parte del acuerdo, pero Trump lo ha negado, tras describir como «una escaramuza separada» la destrucción en curso del pequeño país levantino. Irán ha amenazado con volver a cerrar el estrecho si no se salva al Líbano de la quema y, para complicar las cosas, Netanyahu dijo a última hora de la jornada que la tregua no es el final de la guerra. «Hay todavía objetivos que conseguir», apuntó el primer ministro israelí.
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A falta de saber si el alto el fuego se consolidará, el otro gran damnificado junto al pueblo libanés de esta guerra ilegal y sin norte es el pueblo es el pueblo iraní. A sus masas descontentas con los ayatolás se les prometió su liberación, pero en lugar de eso Trump y Netanyahu les han dejado un régimen más radical y envalentonado, así como un país más empobrecido tras 40 días de bombardeos contra universidades, hospitales, infraestructuras y los principales pilares de la economía iraní. Un desastre en toda regla para sus aspiraciones de libertad.
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