Guerra estancada y Trump desconcertado
Ni un sola previsión triunfalista se cumplió. Putin aspiraba a que sus tropas tomaran Kiev en cuatro días y lleva cuatro años de guerra en el frente ucranio. Trump prometió terminar con ese conflicto, y después con el exterminio en Gaza, en otros cuatro días pero lleva ya cuatro meses de retraso en su previsión. Por si eso fuera poco, se apuntó al proyecto de Benjamín Netanyahu de liquidar por sorpresa el régimen de los ayatolás en Irán bombardeando una reunión de sus máximos dirigentes y, aunque se produjo una gran matanza, el poder de Teherán demostró su gran capacidad de sustitución inmediata, cayera quien cayera. Todos los analistas -rusos, norteamericanos e israelíes- se equivocaron en sus previsiones y la realidad hoy es que la guerra en sus diversos frentes ha embarrancado peligrosamente. Todas las perspectivas son sombrías. Y Trump muestra síntomas de estar desconcertado.
[–>[–>[–>Probablemente para desviar la atención de la opinión pública de esos fracasos, se abren nuevos capítulos de guerra y de amenazas. Seguramente por eso, Netanyahu volvió a invadir el sur del Líbano desplazando a una población eternamente martirizada. Probablemente por lo mismo, Trump decretó la agonía de Cuba que ya no puede resistir más sin petróleo, medicamentos ni comida. O por eso abrió el capítulo de hostilidades con el gobernador del estado mexicano de Sinaloa, Rubén Rocha, del partido Morena, que preside Claudia Sheinbaum. Washington le acusa de connivencia con el cartel narcotraficante de Sinaloa y la presidenta exige “pruebas contundentes e irrefutables” de esos cargos que se le imputan. La tensión se juega sobre la renegociación de los acuerdos económicos del TMEC que afectan también a Canadá. Partidas de alto riesgo.
[–> [–>[–>En paralelo, Trump litiga con sus aliados tradicionales en Europa lamentando que no se impliquen en su guerra en el Golfo Pérsico. Por su falta de colaboración, reparte amenazas de retirar soldados norteamericanos de sus bases en España, Italia y Alemania. Con el Reino Unido, el país casi familiar, la tensión es muy alta y el rey Carlos de Inglaterra ha acudido a la Casa Blanca a suavizar la relación.
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Pero de todas las bombas y misiles lanzados en esta especie de “guerra de racimo” que se expande en varios frentes, acaso la peor sea la del tiempo. El paso de las semanas es devastador. La salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP, porque la situación le ahoga financieramente, ha supuesto de facto la liquidación del cartel petrolero. Irán sigue bombeando crudo -si para, daña las instalaciones- pero cada día la situación es más angustiosa porque su capacidad de almacenamiento se desborda. Y el bloqueo del Estrecho de Ormuz no permite la entrada de la flota de superpetroleros que en otras ocasiones ha actuado como depósito de emergencia. Las ricas monarquías petroleras del Golfo sufren problemas de liquidez como nunca los vivieron y descuelgan el teléfono para pedir ayuda a Washington. Trump no tiene a día de hoy respuesta porque su seguidismo a Netanyahu le ha conducido a un callejón de difícil salida. Y le duele la soledad que a su alrededor percibe.
[–>[–>[–>Mientras tanto, el petróleo alcanza su precio más alto en los últimos cuatro años y se teme por un racionamiento que llevaría a reducir drásticamente los vuelos de avión este mismo verano con repercusión en el turismo y el comercio internacional. El Fondo Monetario Internacional prevé una retracción económica, aunque algunos países, España entre ellos, de momento resisten. Atentos a la bomba de tiempo.
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