Guerra por la IA
Mas allá de las actuaciones por democratizar la zona de Oriente Medio, a mi entender, la guerra tiene, además, un motivo adicional: el dominio de la Inteligencia Artificial entre EE UU y China. Quien tenga la hegemonía de la tecnología punta tendrá el control del mundo. Y el que quiera ganar la guerra de la Inteligencia Artificial (IA) debe dominar los materiales raros con los que se construye todo el arsenal digital y la energía necesaria para su operatividad. Inmensas cantidades de energía barata para alimentar los mecanismos virtuales de la IA. Estados Unidos tiene la guerra perdida en lo que respecta a los materiales raros en poder en su gran mayoría de los chinos, por eso está dando la gran batalla por tener la hegemonía sobre la energía en todo el globo terráqueo. Y no solo en el poder de los combustibles sino en el control de los precios de la energía, es decir, para que sus competidores tengan condicionado el precio de la sabia energética a la hora de la compra de los fluidos energéticos.
[–>[–>[–>Lo que ocurre ahora con la guerra de Irán, es que el petróleo y el gas imprescindible para la India y China, lo tienen que pagar a precios muy superiores a periodos anteriores al conflicto. Los petrodólares juegan un papel esencial en este punto. El intercambio (compra y venta) de petróleo en todo el mundo se hace en dólares, y los bancos, empresas y estados necesitan dólares para comprar el preciado líquido. En contra de la narrativa de buena parte de la prensa generalista, Trump tiene controlado el paso de Ormuz. Europa es uno de los perdedores, con, seguramente, recortes de energía a la vista por su pésima gestión de su configuración energética. Su máximo exponente, Alemania, ha tenido que dejar de comprar gas ruso y se ha visto obligado a reconstruir cuatro plantas para regasificar el gas americano, donde se ve claramente la estrategia de Trump para controlar los precios energéticos.
[–> [–>[–>La segunda jugada del presidente yanqui ha sido la que quedarse con el petróleo venezolano, que además del beneficio directo para la prosperidad de los venezolanos, las petroleras americanas tendrán que reconstruir los pozos y generar millones de barriles diarios. Y ahora a través del estrecho de Ormuz (por cierto, estrecho bajo control de la Península Ibérica en el siglo XVI, paso de especias asiáticas y las codiciadas «perlas de Ormuz»). EE UU es hoy autosuficiente y controla las principales plazas petrolíferas del sur de América, África, Canadá, Arabia Saudí y los pasos marítimos de los estrechos del mar rojo, de Magallanes, el canal de Panamá y la ruta del norte desde que se ha hecho con Groenlandia. Y ahora, en Oriente Medio, con el estrecho de Ormuz, un importante cuello de botella de mercancías por el que transita alrededor del 40% del petróleo crudo y el 20% de gas del mundo, con destino principal a China e India.
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El único paso que no dominan los norteamericanos es el estrecho de Malaca, una de las rutas más transitadas del mundo que conecta el océano Índico con el Pacífico siendo esencial para China y Japón. El ganador de esta partida está siendo obviamente los americanos. Y el otro ganador de la partida está siendo Putin, que se está forrando con la subida de la factura de los carburantes que vende a Asia y sus cuentas se están arreglando al empujar a China a comprar el gas siberiano. Los perdedores son –también– los países del Golfo Pérsico, especialmente Qatar. Todo parece indicar que Trump tiene un acuerdo con China: «Tú te quedas con los materiales raros y me los vendes a buen precio, y yo controlo la energía para que te llegue a precio económico». En contra de la narrativa, Trump domina el «esfínter» de las negociaciones. Una cosa es la narrativa y otra la realidad. n
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