Hablemos de virus
El nombre de virus tiene su origen en el mundo de la biología y procede de las investigaciones del microbiólogo holandés Martinus Beijerinck (1851- 1931), quien en 1898 replicó los experimentos del científico ruso Dmitri Ivanovsky (1864-1920) sobre la enfermedad del mosaico del tabaco. Beijerinck denominó al agente causante «contagium vivum fluidum» y posteriormente introdujo el término «virus» (veneno), para designarlo definitivamente. Desde este momento, los virus han ocupado y ocupan un lugar preeminente en el ámbito sanitario. En los departamentos de microbiología de los hospitales y de las agencias de salud pública, las unidades de virología se responsabilizan del diagnóstico etiológico de un gran número de enfermedades (resfriado común, gripe, varicela, sarampión, hepatitis, mononucleosis, HIV-SIDA, etcétera), además de la pandemia reciente (COVID-19), ocasionada por el famoso coronavirus SARS-CoV-2.
[–>[–>[–>A partir del estudio de algunos virus, en especial los que están compuestos únicamente por RNA (ácido ribonucleico), la ciencia ha avanzado con pasos de gigante, no sólo para la aplicación de vacunas antivíricas, sino en la introducción futura de nuevas maneras de acercarse al tratamiento del cáncer. Los trabajos de los oncólogos alemanes Özlem Türeci (1967-) y Ugur Sahin (1965-), ambos ganadores del Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica, en el año 2021, publicados recientemente: https://doi.org/10.1038/s41586-025-10004-2, así permiten imaginarlo. El éxito obtenido en el tratamiento de una modalidad de cáncer de mama denominada «triple negativa», utilizando una vacuna a partir de mRNA, abre un camino lleno de buenas expectativas terapéuticas.
[–> [–>[–>¿Cómo se produjo el salto de los virus desde el mundo biológico al de la informática y muy especialmente al de la comunicación? El traspaso se originó a partir de los trabajos de Fred Cohen (1956-) y de Leonard Adleman (1945-), en la Universidad del Sur de California (Los Ángeles, Ca, USA) en el año 1983, cuando operaban sobre programas informáticos que se comportaban como los agentes infecciosos. En su descripción, estos autores mencionan las similitudes entre ambos tipos de «virus»: infección, propagación, autorreplicación y acción maliciosa. Desde este momento, la variedad de virus informáticos no ha parado de crecer (troyanos, gusanos, residentes, de boot, cifrados, polimórficos, infectores de fichero, batch, de macro, metamórficos, de sobreescritura, de acción directa, etcétera), dando lugar a toda una especialidad de informática forense, que gira alrededor del denominado software malicioso o «malware». En su último salto de especie, el término virus ha infectado también el mundo de la comunicación, originando una verdadera pandemia de noticias falsas (fake news), que gozan de una enorme facilidad de propagación, muy superior a las noticias verdaderas. Sin dejar de contar con las redes sociales, que facilitan la verdadera diseminación de todas las novedades, hasta llegar a «viralizarlas». A partir de la aplicación de la inteligencia artificial en la vida diaria, es de temer que la terminología relacionada con los virus forme parte de la realidad y resulte indescifrable saber si estamos ante un hecho real o ficticio. Vivimos rodeados de virus, incluso los más atrevidos sugieren que la primitiva célula eucariota, se originó a partir de la fusión entre un virus y una arquea, sin despreciar el papel de una bacteria inicial, que sigue ocupando un lugar preferente en nuestra «microbiota».
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El mundo musical no es ajeno a los virus, especialmente los que pueden transmitirse a partir de las melodías «enlatadas», tan habituales en nuestro sistema actual de transmisión auditiva. Únicamente los conciertos en directo están libres, de momento, del riesgo de contagio. Sirva el ejemplo de mi asistencia reciente a una actuación musical de gran altura, la realizada en el Santuario de la Virgen del Carmen en Barcelona, a cargo del «Orfeó Gracienc», un grupo coral de más de un siglo de historia, magníficamente dirigido por Pablo Larraz. Su interpretación de «Un Requien alemán» de Johannes Brahms (1833-1897) fue, sencillamente majestuosa. Esta misa, compuesta a partir del fallecimiento de su madre y de su maestro y protector Robert Schumann (1810-1856), consiste en una meditación sobre la vida y la muerte, utilizando diferentes textos bíblicos del Antiguo y Nuevo Testamento, traducidos por Martín Lutero (1483-1546). Destaca especialmente el IV movimiento «Wie lieblich sind deine Wohnungen, Herr Zebaoth» (Qué agradables son tus aposentos, Dios omnipotente), conocido por su melodía romántica serena y reconfortante, muy especialmente recomendable para escuchar el Viernes Santo, de la misma forma que tuvo lugar el estreno definitivo de esta obra, en la catedral de San Pedro de Bremen, en esta festividad del año 1868.
[–>[–>[–>No podemos librarnos de convivir con los virus. Es más, nuestros genes contienen una buena parte de información que es de origen viral. Somos pues compañeros de viaje y, de prosperar los estudios de los médicos alemanes mencionados, las vacunas personalizadas a partir del mRNA, supondrán un gran avance en el tratamiento del cáncer. Recurramos a la música, a ser posible en directo, para neutralizar todos los virus informáticos y, muy especialmente, aquellos que invaden nuestras mentes con falsas informaciones.
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