Hablemos del burka
Carmen Eva Pérez Ordieres es portavoz del grupo municipal del PSOE en el Ayuntamiento
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En Gijón no existe ningún problema relacionado con el burka; sencillamente, no existe. Usted, lector o lectora que se ha parado a leer este artículo, lo sabe y puede confirmarlo: «nunca he visto a ninguna mujer con burka en una dependencia municipal».
[–>[–>[–>Tampoco su uso ha generado un problema de seguridad en los centros y espacios municipales relacionado con el uso del burka: el primer lugar porque, como ya he dicho, ninguna mujer lo lleva y, en segundo lugar, porque las fuerzas y cuerpos de seguridad tienen herramientas legales para exigir la identificación de cualquier ciudadano cuando sea necesario.
[–> [–>[–>Primera conclusión: en Gijón no tenemos ese problema igual que tampoco hay un problema con el «balconing» -propio de otros lugares como Mallorca- ni con la suciedad que generan las naranjas amargas que caen de los más de 45.000 naranjos de Sevilla. Por tanto, la proposición de Vox sobre seguridad pública y burka que debatiremos mañana en el Pleno, es tan atinada como lo sería una iniciativa para prohibir el salto de turistas a las piscinas desde las ventanas de los hoteles o para recoger naranjas amargas en la calle Corrida.
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Una cosa tengo clara: ni Vox ni el Partido Popular, que ha manifestado su apoyo a la proposición, quieren hablar de la dignidad de las mujeres ni de por qué las religiones mayoritarias han querido, desde tiempos inmemoriales, tapar sus cuerpos para borrarlas o utilizarlas para difundir sus pretensiones fundamentalistas. De hecho, en la proposición de Vox, que ocupa dos hojas por ambas caras, no aparece ni una sola vez la palabra mujer, pero sí aparece cinco veces la palabra seguridad.
[–>[–>[–>Algunos discursos ortodoxos y fundamentalistas no son exclusivos de la religión musulmana; se difunden en oriente y en occidente, los comparten algunos imanes y algunos portavoces de partidos de derecha extrema. Todos tienen algo en común: su empeño en invisibilizar a las mujeres, en someterlas, en humillarlas, en convertirlas en depositarias forzosas y forzadas de la identidad de una comunidad. Las religiones mayoritarias nunca han sido amables con las mujeres y, cuanto más cercana es la relación entre poder religioso y poder político, peor nos ha ido a nosotras. Por tanto, cuanto más aconfesional es un Estado, mejor para nosotras, para todas nosotras. ¿Quieren Vox y el Partido Popular hablar de si el laicismo institucional es un buen escudo protector para las mujeres? Sea.
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