Hay gente con problemas de movilidad que no pisa la calle
Martina vive en el primer piso de un Edificio Paiporta afectado por la DANA desde el 29 de octubre de 2024 y a partir de hoy, Su comunidad de vecinos todavía no dispone de ascensor. «Tengo problemas de espalda y rodillas, me caí en casa y me duele. Bajar las escaleras es un problema para mí, pero gracias al servicio que ofrece la Cruz Roja puedo salir usando la silla oruga. Necesito que reparen el ascensor ya», afirma.
65.000 euros es la cantidad propuesta por Cruz Roja a las comunidades de propietarios de edificios de viviendas colectivas dañados por la inundación de 2024. Mireia Cloquell, referente técnica del área de inclusión social de Cruz Roja explica: “Hemos recibido hasta el momento 40 solicitudes, pero estamos en el plazo previsto hasta el 24 de abril.
En el Centro de Formación de la Federación Valenciana de Empresas Metalúrgicas (FEMEVAL) en Alaquàs, Se realiza un curso de 560 horas destinado a formar profesionales para la instalación y mantenimiento de ascensores. Jesús Castro, formador de FEMEVAL, explica que “es una oportunidad para incluir en el mercado a gente que lo necesita. Hay muchos aparatos en las granjas. Aquí se les enseña conceptos básicos de componentes, averías, electricidad, mecánica, mantenimiento, tipos de ascensores. Salen muy preparados y después de cinco meses de docencia y algunas prácticas ya pueden trabajar”.
Antonio Merino es referente técnico en el ámbito de inclusión social y empleo de Cruz Roja y agrega: «Nosotros nos encargamos de la colocación. Los estudiantes son usuarios de Cruz Roja en zonas afectadas por la DANA. Vemos que hay necesidad de reparar e instalar ascensores, por eso los capacitamos sabiendo que hay demanda y que tendrán un buen salario. También aportamos a las zonas afectadas por la DANA con mano de obra calificada».
Trece alumnos están matriculados para el curso que comenzó en febrero y finalizará el próximo mes de julio. Amadeo Navarro tiene 45 años y viene de Torrent: «Quería cambiar de sector, era impresor, pero decidí que necesitaba un cambio. Lo más difícil son los esquemas y los cuadros eléctricos, pero voy bien y estoy contento. Mi hijo me animó, trabaja en ascensores».
Sebastián Argüello tiene 53 años y es otro alumno del curso: «Quería reciclarme. Siempre me gustó la mecánica de ascensores. Vi una oportunidad de trabajar en este campo. Tenía conocimientos básicos de electricidad, así que puedo seguir los cursos sin problemas. Quiero ser técnico de mantenimiento. Lo más difícil para mí es la nomenclatura de los ascensores, pero no lo considero demasiado complicado».
Se trata de un nuevo grupo de profesionales con ganas de compensar la falta de perfiles cualificados, un grupo de edad media de 38 años que acaba de estar en paro y que ha optado por una formación con futuro y alta empleabilidad.
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