Hay interés en poner el foco en que la okupación es el problema, y no los precios de la vivienda
Maria Rodríguez Soto y Enric Auquer se conocen muy bien. Han trabajado juntos en varios proyectos cinematográficos, como ‘Mamífera’, donde hacían de pareja, y en ‘La casa en flames’, donde daban vida a unos hermanos poco avenidos. Ahora vuelven a mantener una relación sentimental en ‘Ravalear’, la nueva serie de HBO Max (se estrena este viernes 22 de mayo), inspirada en una historia real. Narra la odisea de una familia por mantener su centenario restaurante en el Raval barcelonés, después de que su edificio haya sido adquirido por un fondo de inversión.
[–>[–>[–>—El personaje de Enric, Àlex, es el ‘alter ego’ de Pol Rodríguez, el creador y codirector de la serie, inspirada en la historia real del restaurante de su familia. No es habitual trabajar en proyectos así, con el creador tan cerca y con una implicación tan personal. ¿Eso condicionaba?
[–> [–>[–>Enric Auquer: Para mí es lo mejor, mola mucho. Lo contrario es trabajar con alguien a quien no le importa lo que está haciendo, y cuando tienes delante a alguien que sí le importa es muy guay… y pasa poco. Pol tenía muy claro lo que quería y cómo lo quería. Yo soy de hacer muchas cosas y de llevar las escenas al máximo y, de repente, ponerme a llorar, por ejemplo. Y Pol es más elegante. No busca el sensacionalismo emocional ese que se busca tanto ahora, con planos súper cortos… Yo eso lo odio.
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Maria Rodríguez Soto: Pol busca una emoción que no sea literal. Que al personaje le estén pasando cosas, pero desde un lugar donde le cuesta explicarlas y vivirlas, porque todo es nuevo. Nosotros, cuando nos emocionamos en la vida real, hay veces que las lágrimas te salen porque sí. Y hay otras que te las retienes, porque muchas veces no quieres llorar delante de la gente. Eso es muy difícil de hacer y Pol lo busca desde ahí. Y no solo hablo del llanto: también de la alegría, la sorpresa, de todas las emociones que pueden aparecer en ‘Ravalear’.
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—Aquí vuelven a hacer de pareja, como en ‘Mamífera’. Maria, ¿no cree que su personaje, Marta, es el más centrado?
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María Rodríguez Soto: Sí, es la más centrada y también la más legalista, aunque sea la ideóloga del plan. Lo que pasa es que luego Àlex interpreta el plan como le da la gana y hace lo que quiere. Yo creo que ella, al ser abogada, tiene acceso a información a la que la familia de Àlex no puede acceder. Y también se siente muy atraída por ese clan porque representa muchas cosas que quizá ella no ha tenido en su casa o en su núcleo primogéntico. Marta les abre la puerta a un mundo más institucional, del ayuntamiento, la administración, a acceder a cierta información… Ella cree que esa es la vía. Lo que pasa es que luego Àlex va por libre.
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[–>—Àlex, en cambio, es un culo inquieto: tiene dos trabajos, uno en el puerto y otro en el restaurante familiar, y un montón de ideas. Algunas, poco ortodoxas.
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Enric Auquer: Es un tío con una pulsión muy fuerte de tirar hacia delante y una convicción brutal de que puede conseguir lo que quiere. Escucha poco. Es muy determinado y, por esa determinación, puede pasar por encima de la gente. Es muy nervioso y va en ‘modo túnel’: tiene una idea y se obsesiona. Además siente una responsabilidad familiar enorme, como si fuera el pilar de algo que tiene que sostenerlo todo. Siente esa carga y para no fallar, ni a sí mismo ni a los demás, enciende la mecha.
[–>[–>[–>María Rodríguez Soto: Es como una apisonadora.
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Enric Auquer: Pero es buena persona. Yo creo que es noble, que lo hace por los demás.
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María Rodríguez Soto: Lo hace por su núcleo, y es verdad que no sale mucho de ahí.
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Enric Auquer y María Rodríguez durante el rodaje de ‘Ravalear’ / Lucia Faraig
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—La serie va sobre una familia que lucha para que su restaurante siga adelante, pero también retrata el barrio del Raval: los vecinos, que hacen de extras, su realidad social…
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María Rodríguez Soto: La voluntad de Pol es enseñar una realidad que se está viviendo. Él la conoce mejor que nadie porque es del Raval, ha crecido en él y ha visto el cambio desde pequeño. Yo también soy de Barcelona, de un barrio que también se está transformando, pero quizá no tanto como los de los centros de las ciudades. Él ha vivido un cambio muy fuerte y por eso tiene la necesidad de explicarlo.
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—Pol Rodríguez dice que las ciudades tienen que evolucionar, pero se plantea qué precio habría que llegar a pagar. ¿Están de acuerdo con él?
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María Rodríguez Soto: Las cosas tienen que evolucionar, pero hemos de tener cuenta cómo queremos que evolucionen. No puedes vender una ciudad a quienes no la viven ni la trabajan. El comercio local desaparece, los centros de las ciudades son cada vez más iguales. Pasa aquí y en París, en Londres, donde todo acaba siendo Starbucks y cosas así. Hay una gentrificación que convierte todas las ciudades en lo mismo y ahí renunciamos a muchísima riqueza cultural.
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María Rodríguez Soto y Enric Auquer, en ‘Ravalear’ / Lucia Faraig
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—También se expulsa a los vecinos de toda la vida.
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Enric Auquer: Lo más indigno es cuando conoces casos de desahucios con vulnerabilidades enormes: una señora de 75 u 80 años, sola, que ha vivido toda la vida en el barrio, y de repente la echan porque el piso lo compró un fondo de inversión y para ellos esta mujer es un número. Y el barrio, o lo que queda de él, tiene que hacerse cargo de esa persona o luchar por ella. Eso es inmoral. Y cada vez pasa más: no solo con casos como este que te hierven la sangre, también con familias o con cosas que tenemos derecho a querer, como vivir en el barrio donde hemos crecido, donde vivían nuestros abuelos, donde has creado una red y una comunidad.
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María Rodríguez Soto: Estamos pidiendo algo muy lógico: que un bien esencial sea realmente esencial y no un lujo, porque ahora la vivienda es un lujo. Si a mí el Gobierno me garantizara una ley que respetara que puedo pagar una vivienda de alquiler toda la vida, y que mi hija pueda pagar la suya, yo no tendría ninguna necesidad de comprar. Eso sería realmente el derecho a la vivienda.
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—Es un gran problema ahora mismo en Barcelona y en otras grandes ciudades.
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María Rodríguez Soto: Ahora, por ejemplo, el edificio Papallona de Barcelona lo ha comprado un fondo de inversión y está el caso de Marga, una mujer de 63 años que vive allí con su padre, de 91. Hace unos días los desahuciaban, pero se ha detenido porque el sindicato de inquilinos ha conseguido pararlo al presentar unos documentos demostrando la vulnerabilidad. ¿Eso qué nos enseña? Que la única manera que tenemos para sacar adelante todo esto es afiliarnos y confiar en nosotros, porque juntos tenemos fuerza. Lo que pasa es que muchas veces el sistema te crea miedo porque el capitalismo hace que tú, individualmente, quieras tener un piso y una seguridad para ti y tu familia. Hay mucha gente que si puede comprar un piso y alquilarlo, lo hace. Yo no lo haría, pero lo entiendo. Entonces es muy difícil apoyar a los demás porque solo estás pensando en ti y en tu familia. Pero tenemos que superar ese miedo y unirnos para que podamos parar desahucios de casos vulnerables como el de Marga.
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Enric Auquer y María Rodríguez Soto, en ‘Ravalear’ / Lucia Faraig
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—Da la sensación de que, más allá de la ficción, es un tema en el que están directamente implicados.
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Enric Auquer: Sí, nos preocupa.
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María Rodríguez Soto: Es que a cualquiera de Barcelona debería preocuparle.
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—Pero no todo el mundo se implica tan activamente.
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Enric Auquer: Hay que empezar a militar: sindicatos de vivienda, de protección de la vivienda… Yo he estado en París, en Londres, en Manhattan, en Berlín, y te das cuenta de que la gentrificación irá a más si les dejamos, si no hacemos nada, si no nos plantamos. Si no conseguimos que a los fondos no les salga rentable especular con nuestra vivienda, van a seguir. Y luego está otra cosa muy perversa: los grandes tenedores, gente que tiene 10 pisos, 100… Es como una guerra civil dentro de la ciudad: la gente trabajadora paga casi todo su sueldo en alquiler y se empobrece, mientras otros se enriquecen y compran más pisos. Es indigno. Si el Gobierno no hace nada, lo tendremos que hacer nosotros.
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María Rodríguez Soto: Sí, pero el despertar es lento. Hay conciencia, pero entiendo los ‘tempos’. Por eso es tan difícil hacer este tipo de revoluciones, o porque la gente tiene miedo.
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Enric Auquer: Porque los grandes tenedores tienen mucho poder.
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Maria Rodríguez Soto: Es que la mayoría de pisos no se compran con hipotecas, sino a tocateja.
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Enric Auquer: A toda esa gente le interesa que este discurso no funcione y que se ponga el foco en que la okupación es el problema, y no los precios de la vivienda.
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—¿Por eso también es importante que la ficción trate estos temas?
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María Rodríguez Soto: Sí, es otra manera de mover las cosas. No nos engañemos: una serie no va a cambiarlo todo. Pero si hace que se hable más, o que alguien que lo está viviendo piense “me voy a sindicar” para sentirse acompañado y encontrar otros recursos, ya es mucho.
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