He tenido muchas broncas con mis padres por romper cosas en el pasillo de casa
Cada vez quedan menos futbolistas con el perfil de Mikel Oyarzabal, delantero de la Real Sociedad y pieza clave de la selección española.
El capitán donostiarra atraviesa uno de los momentos más fuertes de su carrera, tanto en actuación como en direccióny tiene tres grandes objetivos marcados en rojo a corto y medio plazo: ganar la Copa del Rey en La Cartuja, asegurarse la clasificación europea con su club y llegar físicamente al Mundial.
Lejos de los focos, San Sebastián se mantiene fiel a un modo de vida discreto y alejado del ruido mediático. Su ámbito personal apenas supera su consolidada relación con Ainhoa Larrauri, su compañera de toda la vida, con quien se convirtió en padre de su primer hijo, Martín, en 2023.
Paralelamente a su carrera deportiva, el delantero guipuzcoano también apostó por la formación académica: en 2024 finalizó sus estudios de Empresariales en la Universidad de Deusto, un logro que afianza su imagen de futbolista comprometido más allá del terreno de juego.
Para comprender la personalidad de Oyarzabal -lejos de excesos y preeminencias innecesarias- conviene fijarse en sus orígenes. Criado en Eibar, en un ambiente familiar cercano y humilde, Creció con una pelota como compañera inseparable..
Oyarzabal celebra su gol ante Serbia.
REUTERS
Desde pequeño, el fútbol no fue sólo un hobby, sino una constante en su vida diaria. «Me encantaba la pelota y la veía con mi padre o con mi ‘aittitta’. Pero mi afición, mi afición a jugar, siempre fue el fútbol», recordó en una entrevista con mundo del deporte.
Esta temprana pasión también le provocó más de un descontento interno. El propio futbolista admitió que su entusiasmo le valió varias reprimendas familiares: «Tuve muchas discusiones con mis padres por romper cosas en el pasillo de casa porque estaba jugando al fútbol. Jugaba en casa, en el parque, en el campo…».
Entre los recuerdos más bellos de su infancia se encuentran los momentos que pasó con sus abuelas, especialmente alrededor de la mesa. Allí, lejos de la presión competitiva que hoy lo rodea, practica una de sus mayores aficiones: comer con su familia.
“Te cuento tres: las albóndigas de mi abuela paterna, el filete de mi abuela materna y el pescado al horno de mis padres”, confesó, revelando ese vínculo con la vida cotidiana que sigue definiendo su personaje.
Así, entre goles, estudios y vida personal sin alardes, Oyarzabal encarna un modelo de futbolista cada vez más raro: talento, compromiso y una notable capacidad para mantener los pies en la tierra.
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