Historias que devuelven la vida al pueblo, con ojos de mujer en Piloña
En un tiempo de aldeas que envejecen y se vacían, la artista visual Anna Back, ha decidido poner la cámara y la escucha donde la estadística suele pasar de largo: en mujeres que repueblan el rural de Asturias desde proyectos pequeños, pero con una ambición enorme, la de hacer vida y comunidad.
[–>[–>[–>El resultado es “Estaré cerca de tu mirada”, una creación comunitaria que documenta tres experiencias de repoblación de mujeres en Piloña y que culmina en videocreaciones y diseños online, concebidos con licencia abierta y con un público que no se limita a mirar. “Aquí el público no es pasivo, sino que es activo… es todo con licencia abierta. El trabajo del artista se remunera como técnico”, resume Anna Back, que enmarca su trabajo dentro de las Prácticas Sociales en el Arte.
[–> [–>[–>Financiado con las ayudas del Instituto de las Mujeres 2025 para el fomento de la igualdad de género destinadas a la promoción de la creación, producción y difusión artística y cultural, el proyecto se construyó durante los últimos meses de 2024 y a lo largo de 2025.
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No fue una llegada improvisada: para entrar en el territorio y alcanzar las historias, la artista contó con el apoyo del técnico Mario Rodríguez, vinculado al tejido asociativo de la zona en El Prial. El proyecto, ya terminado, se presenta a las asociaciones del entorno, después a las comunidades, y el 24 de abril se mostrará en el Centro Cultural de Infiesto con la colaboración de la concejala de Cultura, del Ayuntamiento de Piloña y ALGAME. Luego vendrá una imagen cargada de sentido: en mayo, el rural viajará a la urbe, con presentaciones en Madrid a las que acudirán las protagonistas.
[–>[–>[–>Resistir a la ciudad
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Anna Back lleva dos décadas trabajando con mujeres y sitúa el origen de “Estaré cerca de tu mirada” en una necesidad: contar la repoblación desde una perspectiva de género, sin romanticismos. “Queríamos ir al rural interesándonos por la idea de la resistencia de las mujeres. El rural como lugar de resistencia a toda la hipergentrificación, la turistificación, la despersonalización, también desde el ecofeminismo”, explica. Su mirada enlaza tres necesidades que atraviesan hoy muchos pueblos: educación, alimento y relevo generacional, con un hilo común que la artista subraya: “en los tres proyectos hay dos personas entrevistadas, la protagonista y otra de la comunidad, a quien elige la protagonista”.
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El retrato, insiste, no idealiza. Repoblar “es duro”, exige “un carácter fuerte” y “energía transformadora”. “Estamos hablando también de cómo confluyen realidades que vienen del urbano, pero cómo se adaptan a estos lugares, que a veces no es fácil”, apunta. Hace falta querer construir y formar comunidad. Son personas que dan, que ofrecen, que comparten, que brinda apoyo, que sostienen, y eso ha ido siempre en el ADN de las mujeres, por eso este proyecto de Anna Back, se acerca al repoblamiento desde la perspectiva de género. “Hay una autora, que es Almudena Hernando, que estudia esto muy bien, que se llama “La identidad relacional”, y lo describe, magnífico, ahí tenemos un ADN de cientos de años, donde se nos ha empujado a la cocina y al hogar, pero también a la preocupación por la comunidad, y eso nos deja una impronta indeleble”, asegura la artista.
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[–>La Marea: un bosque comestible
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En La Marea, el proyecto toma forma de huerta futura y de rehabilitación paciente. Mónica Esquerdo Laib compró una parcela con varias viviendas en marzo de 2024 en la zona de El Crespu. Susana Basabilvaso Paggi se mudó en agosto y, desde entonces, avanzan “poco a poco, como se hacen las cosas que quieres que duren”. Susi lo dice con una frase que funciona casi como declaración de principios: “El camino es tan bonito como el destino”.
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Hoy ya han plantado más de cien frutales y su objetivo es claro: levantar un “bosque comestible abierto a la comunidad”, con talleres de formación y cooperación. No es solo un cambio de vida; también es una forma de contarla para que otras personas se atrevan: “Participar en el proyecto es una manera de difundir este modo de vida”. En su diagnóstico, hay un obstáculo que se repite en demasiadas conversaciones del rural asturiano: “El gran problema que tiene el rural en Asturias es la vivienda, hay muchos jóvenes que no tienen mucho dinero, pero sí ganas”. Y cierra con un deseo sencillo y enorme: “Quiero vecinos lindos”.
[–>[–>[–>El Fresnedal: recuperar saberes
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La historia de Ana Laguarta habla de memoria, transmisión y trabajo colectivo. Artista visual, sitúa una semilla de su camino en el 15M de Madrid, y hoy se expresa desde el rural, en una comunidad diminuta. “Nosotras no vinimos a inventar nada. La comunidad ya estaba, nosotras queremos recuperar esos saberes y que no se pierdan”, afirma. Han vuelto incluso a una práctica antigua: “Acabamos de recuperar las sextaferias, entre 4, quedamos todos los meses y ya llevamos 4 o 5”.
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Anna Back lo observa como un fenómeno intergeneracional en una aldea “en vías de extinción”, con vecinos de “ochenta, noventa años”. Ana lo confirma desde dentro: “ya nos quieren porque ven que queremos al pueblo y lo cuidamos”. Y, sobre todo, insiste en el reconocimiento: “Nosotras estamos aquí gracias a que ellos han mantenido el pueblo. Tenemos que reconocer y agradecerles eso”. La idea de repoblación no admite atajos: repoblar no es comprar una segunda vivienda en un pueblo o hacer una casa rural, es mantener viva y recuperar la memoria de sus habitantes, formar parte de esa comunidad. La cifra final cae como una piedra: “Aquí ahora vivimos menos de 20 personas, en un pueblo que llegó a tener 200 personas viviendo”.
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El Tozu: una maestra y el sueño de reabrir la escuela
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Cova García llegó a El Tozu en septiembre de 2024, después de dos décadas en Ibiza. “Ya no era sostenible vivir”, cuenta la maestra nacida en Oviedo, que eligió un pueblo de no más de veinte habitantes para “vivir según sus reglas”. En una frase, define lo que ha encontrado: “Yo aquí me siento libre”. Hoy trabaja en Gijón en un colegio para personas con necesidades especiales, pero su horizonte mira a una puerta cerrada que quiere volver a abrir: la antigua escuela de El Tozu, con una pedagogía activa inspirada en el método Waldorf, en el que está especializada.
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Participar en el proyecto de Anna Back también le removió por dentro. “Me encantó el enfoque: mujer rural. Considero que hay mucha fuerza en el mensaje, en lo que se transmite”, afirma. Y admite la incomodidad de ponerse en primer plano: “Me daba un poco de pudor la exposición, pero creo que es importante ocupar nuestro lugar y que se vea nuestra fortaleza”.
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Ruralizar la urbe
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Las historias nacen en caminos poco transitados de Piloña, pero el final del proyecto propone un gesto simbólico: no es la ciudad la que viene a “descubrir” el rural, sino el rural el que se presenta en la urbe. En mayo, en dos espacios culturales de Madrid, las protagonistas contarán de primera mano su forma de entender la repoblación, con un mensaje que no busca épica, sino verdad: que otra forma de estar —y de sostener la vida— no solo es posible, sino cada vez más urgente.
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