Honduras elige presidente bajo la sombra de Donald Trump
Este domingo 30 de noviembre Honduras ha vivido algunos elecciones presidenciales decisivasen el que más de 6,5 millones de ciudadanos fueron llamados a elegir al sucesor de Xiomara Castro y renovar el Congreso, los alcaldes y el Parlamento Centroamericano. La jornada se desarrolló en un clima de alta tensión política, denuncias preventivas de fraude y una profunda desconfianza en las instituciones, aunque los centros de votación abrieron con relativa normalidad y largas filas de electores.
Desde primera hora se hicieron visibles las filas en los centros electorales que mostraban a los adultos mayores como los más movilizados. Dentro y fuera de los recintos, las casetas de las fiestas principales –Llibre, liberal y nacional– recordaron que el país sigue profundamente polarizado.
Las elecciones fueron inauguradas oficialmente a las 7 de la mañana por dos de los tres asesores del Consejo Nacional Electoral (CNE), su presidente Ana Paola Hall y Marlon Ochoa. Hall llamó a los partidos a no «avivar llamas de confrontación o violencia» y recordó que el CNE es la única voz autorizada para proclamar resultados. Las urnas debían cerrar a las cinco de la tarde, pero el escrutinio y las proclamaciones se prolongarían durante una noche llena de incertidumbre.
En las primeras horas se reportaron retrasos en la instalación de algunas Juntas Receptoras de Votos y fallas en el sistema biométrico, Incidencias que se resolvieron sobre la marcha. Se multiplicaron los llamados a documentar cualquier irregularidad desde la sociedad civil y el propio organismo electoral. Observadores de la OEA, la Unión Europea y Estados Unidos recorrieron el país, conscientes de que la legitimidad del resultado dependerá tanto de las actas como del clima en el que se anuncien.
La tensión institucional quedó al descubierto en la figura del consejero Cossette López Osorioquien denunció presiones, acoso y presencia de grupos en el centro donde iba a participar en el acto inaugural. Por razones de seguridad, anunció que no asistiría a la ceremonia, pero sí a las fases posteriores del proceso. Al mismo tiempo, la Policía Nacional alertó sobre audios anónimos difundidos a través de mensajes para intimidar a los electores, recordó que esta práctica es un delito y reivindicó la Plan de Seguridad Electoral, desplegado junto a las Fuerzas Armadas.
El papel de los militares volvió a estar en el centro del debate. López-Osorio había denunciado que militares escaneaban las credenciales de técnicos informáticos en algunas mesas, lo que fue desmentido tajantemente por las Fuerzas Armadas, que calificaron estas afirmaciones de «totalmente falsas» y subrayaron que los retrasos se debían a problemas logísticos.
La sombra de Donald Trump
Paralelamente, la Iglesia católica intervino en el conflicto. En su homilía dominical, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Pidió no dejarse llevar por el fanatismo: «Dios no quiere enemigos entre hermanos. Un país donde todos comparten la misma opinión no es una democracia», advirtió, insistiendo en que la pluralidad política debe ser vista como una bendición y no como una amenaza.
Las elecciones también se produjeron bajo la sombra de la Posiciones públicas tomadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trumpquien convirtió las elecciones hondureñas de este fin de semana en parte de su propia retórica al presentar al candidato conservador Nasry “Tito” Asfura del tradicional Partido Nacional. Días antes de las elecciones, escribió en su red Verdad Social llamados abiertos a votar por él como única garantía de trabajo binacional.
Además, contrastó al candidato nacionalista con el candidato oficial. Rixi Moncada, a quien señaló como seguidor de Fidel Castro, al tiempo que acusó a los aliados del gobierno de intentar «engañar al pueblo» al presentar a Salvador Nasralla como una opción de falsa ruptura. Todo esto dijo al prometer indultar al expresidente Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años de prisión por tráfico de drogas en Estados Unidos, si Asfura llega a la presidencia.
Rixi Moncada acudió a votar en Tegucigalpa llamando a la ciudadanía a participar «sin miedo» y reiterando su rechazo al sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares, al que calificó de «trampa». No hizo comentarios sobre Trump.
Salvador Nasralla, por su parte, llegó a su centro de votación rodeado de cámaras, como el «señor de la televisión» que es desde hace décadas. El favorito de las encuestas Dijo hace días que Trump estaba lamentablemente desinformado y que al ganar la presidencia se concentrará en trabajar con Estados Unidos como el mejor aliado de una nueva Honduras.
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