“Hoy sería difícil recordar una sanción ejemplar a un gran deportista”
- Publishedmayo 23, 2026
Veinte años después de la explosión de la Operación Puerto, uno de los hombres que estuvo en el centro de aquella investigación rompe su silencio en MARCA para revisar desde dentro el caso que sacudió al deporte español y cambió para siempre la lucha contra el dopaje. Enrique Gómez Bastida, entonces joven mando de la UCO y hoy teniente coronel de la Guardia Civil, repasa con perspectiva dos décadas marcadas por registros, bolsas de sangre, presiones políticas, nombres ilustres y un terremoto mediático que colocó a España en el foco mundial. Del despacho donde se gestó la mayor operación antidopaje de nuestra historia a su actual vida lejos de los focos, Gómez Bastida conversa con MARCA sobre las heridas que dejó aquel caso, la evolución del ciclismo y si el deporte aprendió realmente la lección.
Pregunta. Veinte años después de la Operación Puerto, ¿qué siente cuando escucha hoy ese nombre?
Respuesta. Para mí tiene un recuerdo bonito, porque fue un regalo. Pasé momentos buenos e incluso en momentos de mayo tensión. Noto nostalgia de esa época.
P. ¿Cómo le va la vida? ¿Qué está haciendo ahora?
R. Estoy en el sector turístico en Ibiza. Siempre digo que el turismo es la industria de la felicidad y pensé que ese era mi sitio. Aquí, en Ibiza, prácticamente nadie sabe nada de la Operación Puerto ni de mi trabajo en aquella época.
P. ¿En qué momento notó que con la OP todo iba a cambiar?
R. Fuimos conscientes de lo que significaba a partir de un oficio, el número 716, que se publicó muchísimas veces y en el que se identificaban equipos y deportistas. Ahí empezó realmente todo. Hasta entonces, para nosotros era una operación más, aunque muy mediática y de mucho calado. La unidad había llevado homicidios, secuestros, colaboraciones con la DEA en narcotráfico… Era una operación fuerte, pero una más. A partir de ese momento sí entendimos que aquello suponía un antes y un después.
P. ¿España era realmente el epicentro del dopaje mundial o se convirtió en el foco mediático mientras otros países escondían problemas similares?
R. No sé si otros países escondían cosas o simplemente no las descubrían. Investigaciones policiales similares, con intervenciones telefónicas, seguimientos y una estructura organizada detrás, ha habido muy pocas. El resultado de la Operación Puerto no se ha vuelto a repetir en ningún sitio del mundo: ni en España ni fuera. Es fácil acusar al que descubre las cosas de tener más problemas. El mejor ejemplo fueron los Juegos Olímpicos de Londres, que se vendieron como los más limpios de la historia y luego, con el reanálisis de muestras, fueron de los que más positivos tuvieron.
El resultado de la Operación Puerto no se ha vuelto a repetir en ningún sitio del mundo: ni en España ni fuera
Gómez Bastida, a MARCA
P. Usted habla de “tramas organizadas”. ¿Hasta qué punto el dopaje era una estructura empresarial dentro del deporte?
R. Lo era completamente. Si una estructura externa es capaz de condicionar quién gana una competición deportiva, estamos hablando de una estructura empresarial. En aquel momento había un grupo organizado que trataba mediante sustancias y métodos prohibidos a prácticamente todos los candidatos a ganar el Tour. Y eso mueve muchísimo dinero. El caso Armstrong lo dejó clarísimo. Más allá de las victorias, lo que aportaba era audiencia, patrocinadores y negocio. Él mismo llevaba las televisiones y los patrocinadores al Tour.
El mejor ejemplo fueron los Juegos Olímpicos de Londres, que se vendieron como los más limpios de la historia y luego, con el reanálisis de muestras, fueron de los que más positivos tuvieron
Gómez Bastida, a MARCA
P. ¿Qué le sorprendió más el día que encontraron las famosas 200 bolsas de sangre?
R. Muy fácil: que pensábamos que las muestras podían estar prácticamente agotadas porque estábamos al final del Giro y comenzaba el Tour. Creíamos que habría pocas evidencias y nos encontramos justo lo contrario. Descubrimos que el sistema de dopaje era prácticamente inagotable. El volumen de deportistas y equipos relacionados era enorme. En aquel momento casi parecía un monopolio de tratamientos dopantes dentro del ciclismo de élite.
Descubrimos que el sistema de dopaje era prácticamente inagotable. El volumen de deportistas y equipos relacionados era enorme
Gómez Bastida, a MARCA
P. ¿Hubo miedo dentro de la Guardia Civil por la dimensión política, económica y deportiva del caso?
R. Miedo no. Había responsabilidad y mucha presión. Nosotros éramos policía judicial y nos movíamos en un ámbito desconocido: el deportivo y el mediático. La gestión de expedientes disciplinarios, la carga probatoria en el deporte o el impacto mediático eran cosas completamente nuevas para nosotros en 2006. Y además la prensa deportiva tenía una penetración brutal, mucho mayor incluso que algunos medios generalistas.
La prensa deportiva tenía una penetración brutal, mucho mayor incluso que algunos medios generalistas
Gómez Bastida, a MARCA
P. ¿Sintió alguna vez presiones para frenar la investigación o proteger determinados nombres?
R. La UCO tiene una estructura muy sólida y es difícil que un investigador reciba presiones directas. Además, teníamos al frente a Fernando Fernández, uno de los mejores guardias civiles que he conocido. No sé si él recibió alguna presión, pero siempre protegió a sus investigadores. Yo personalmente no recuerdo ninguna.
P. ¿Cree que la Operación Puerto quedó incompleta?
R. Sí, claro. Quedó incompleta porque hay nombres que nunca se publicaron. Pero también quedaron incompletos otros grandes casos internacionales, como el de Armstrong o el dopaje de Estado en Rusia. De hecho, desde 2017, tras las investigaciones de la AMA sobre Rusia, creo que prácticamente se acabó la lucha real contra el dopaje. Hoy es difícil recordar sanciones ejemplares a deportistas o equipos importantes.
P. ¿Cómo explica que hubiera 200 bolsas de sangre intervenidas y tan pocas consecuencias deportivas reales?
R. La lucha antidopaje estaba todavía empezando. La AMA se había creado en 1999 y España estaba adaptando su normativa al Código Mundial Antidopaje. En aquel momento ni siquiera se contemplaba abrir expedientes disciplinarios a partir de investigaciones policiales. Todo se basaba en controles analíticos. No existía el pasaporte biológico y casi todo dependía de un positivo en sangre u orina. Era un sistema muy incipiente y no estaba preparado para incorporar evidencias como las que aparecieron en la Operación Puerto.
P. ¿Qué porcentaje de la Operación Puerto cree que todavía sigue oculto?
R. Oculto, ninguno. Las evidencias y la documentación están ahí y cualquiera puede analizarlas. Otra cosa es que no se hayan publicado todos los nombres o todas las relaciones de deportistas y personal de apoyo. Pero evidencias para identificar a todos había más que de sobra.
P. ¿Hubo miedo institucional a que aparecieran nombres demasiado poderosos?
R. En la UCO no conocíamos el miedo entonces ni lo conocemos ahora.
P. ¿El ciclismo fue utilizado como cabeza de turco cuando había sospechas de otros deportes?
R. No. Lo que ocurre es que en ese momento las pruebas deportivas que se estaban disputando eran de ciclismo y por eso las conversaciones y las evidencias estaban muy relacionadas con ese deporte. Había referencias indirectas a otros ámbitos, pero la investigación estaba centrada fundamentalmente en el ciclismo.
P. ¿Por qué España no llegó tan lejos en las sanciones como sí hicieron países como Estados Unidos con Armstrong?
R. Porque el sistema estadounidense era completamente distinto. Venían del caso Balco y tenían una cultura mucho más dura contra la trampa. Allí los patrocinadores de Armstrong fueron los primeros en reclamarle daños y perjuicios tras su confesión con Oprah Winfrey. En España, en 2006, todavía existía un discurso de victimismo: se decía que éramos víctimas de la envidia francesa y que nuestros deportistas eran intocables.
P. ¿La Operación Puerto fue más avanzada que las leyes españolas de aquel momento?
R. En la parte penal no había problemas. La investigación iba bien armada y terminó confirmando que existía un grupo organizado que manipulaba competiciones mediante prácticas dopantes. Otra cosa es que luego hubiese absoluciones o recursos, pero eso ocurre en muchas investigaciones y no significa que el sistema judicial sea una derrota.
P. ¿La sentencia absolutoria de 2017 fue una derrota del sistema judicial español?
R. No utilizaría ese término. El sistema judicial es mucho más que una operación o una sentencia concreta.
P. ¿Qué responsabilidad tuvieron las lagunas legales de la época en que todo terminara prácticamente en nada?
R. En la parte deportiva sí era muy difícil sancionar. En la parte penal no creo que hubiera lagunas legales, sino diferencias de criterio entre autoridades judiciales.
P. ¿Entiende a quienes creen que hubo una “pena de telediario” para muchos implicados?
R. Puede ser, pero esa es una reflexión más periodística. Lo que se publicaba generaba más dudas sobre quién faltaba por aparecer que sobre la implicación de los que ya habían salido. Incluso muchas defensas se basaban en acusar de que había otros nombres ocultos.
P. ¿Qué pensó cuando escuchó frases como la de Eufemiano Fuentes: “Si me decidiera a hablar, se retirarían medallas”?
R. Pues que hablara. Ese continuo amago de “sé muchas cosas pero no puedo decirlas” formaba parte del ruido alrededor de la investigación y de una estrategia para evitar condenas o inhabilitaciones.
P. ¿Por qué no fueron a registrar la casa de Eufemiano en Las Palmas?
R. Porque inicialmente había una investigación mucho más amplia que iba a judicializarse a través de la Audiencia Nacional. Pero aquello terminó reduciéndose al ámbito de Plaza Castilla por cuestiones de competencia territorial y para evitar inhibiciones. Eso hizo que la investigación se centrara prácticamente en Madrid.
P. ¿Qué papel jugó realmente Eufemiano Fuentes dentro del deporte de élite de aquella época?
R. El de alguien capaz de controlar el rendimiento de todos los candidatos a ganar la mayor carrera ciclista del mundo. Y eso es muchísimo.
P. ¿Sigue habiendo dopaje al máximo nivel o simplemente es más difícil detectarlo?
R. Bueno, entiendo la pregunta que tú haces. Si yo creo que en los últimos siete u ocho años no hay positivos porque todo el mundo es bueno, pues entiendo que a nivel mundial todo el mundo es bueno y el 100% de los deportistas de alta competición que compiten en Juegos están limpios. Pero eso es difícil de creer.
Que no haya denuncias por exceso de velocidad en una carretera, ¿significa que nadie ha corrido más de la cuenta? Pues cada uno puede sacar su conclusión.
Antes, ante determinados récords, se habría preguntado por las analíticas, por el pasaporte biológico o por los controles. Ahora parece que todo se explica por unas zapatillas mágicas. Yo me las he ido a comprar y no he batido nada, ni mi propio récord.
Con esto no digo que todos hagan trampas, pero sí digo que es difícilmente creíble que con los resultados actuales, con la tecnología que existe y con la capacidad de investigación que hay, no se detecte prácticamente nada.
P. ¿El sistema antidopaje actual protege mejor al deporte o también a las grandes estrellas?
R. Si no hay denuncias por exceso de velocidad, ¿significa que nadie corre? Pues esto es parecido.
P. ¿Cree que hoy existe menos voluntad política para perseguir grandes casos de dopaje?
R. Creo que a nivel mundial hay una tendencia. Es decir, hay unos Juegos Olímpicos de Invierno sin positivos. ¿El 100% de los que competían podemos garantizar que competían limpios? No hay descalificaciones previas. Es decir, ¿en qué pruebas internacionales se conocen?
De hecho, los deportistas de cierto renombre que han dado positivo han tenido sanciones reducidas. Creo que el último positivo de renombre tenemos que irnos a Halep, en tenis, que haya sido sancionada con consecuencias. Y antes, otro positivo sería el de Chris Froome, en un momento ya bajo de su carrera, ni siquiera en el mejor momento de su trayectoria deportiva.
Creo que, en los últimos siete u ocho años, son los últimos positivos o casos de dopaje relevantes que puedes nombrar. No estoy hablando de una situación nacional, estoy hablando de una tendencia. Una tendencia que es llamativa.
De hecho, si tú recuerdas el entorno de la Operación Puerto, la Operación Puerto arranca fundamentalmente con el caso Manzano, que es dos años antes. Un año antes había sido el positivo de Heras. Había estado el caso Festina en el 98. Estamos hablando del caso Balco en 2003. Es decir, un entorno en el que la Operación Puerto fue llamativa fundamentalmente por el volumen de bolsas de sangre, algo que no se ha vuelto a repetir.
Se desarrolla en un entorno en el que las intervenciones antidopaje de nivel y con deportistas relevantes no eran tan extrañas. No era cada mes, pero cada año o cada dos años había casos relevantes. Ahora mismo estamos hablando de una secuencia de un proceso en el que no existen.
P. ¿La Operación Puerto dañó más al ciclismo español que el propio dopaje?
R. Sí, creo que hubo daño al deporte español. Los países donde no se descubrió nada no pagaron ese precio.
P. ¿Qué errores cree que cometieron jueces, federaciones y organismos deportivos durante el proceso?
R. Yo puedo juzgar mis errores, no los de jueces o federaciones. Cada uno trabajó con las herramientas, las normas y las capacidades que tenía.
P. Después de todo lo vivido, ¿se siente orgulloso de haber liderado aquella investigación pese al coste personal?
R. Muchísimo. Tenía 28 años, acababa de llegar a la UCO y trabajé con un grupo irrepetible y con el mejor jefe que podía tener. Volvería a repetir aquella experiencia mil veces
P. La última. Hay implicados que siguen diciendo que aquello fue una chapuza. ¿Qué les responde?
R. Que me digan una investigación mejor.
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