Humor, música y noticias
Una universidad china estudió el comportamiento de unos centenares de adolescentes cuando leían oyendo música. La reacción era positiva, más positiva si la música que oían era oriental, la más cercana. Es decir, la música parece calmar los sentimientos y escucharla mientras se leen los graves acontecimientos actuales es un pequeño bálsamo para el lector. La algarabía que es hoy el avispero político internacional y nacional es tal que apetece abandonar el mapa de las noticias y refugiarse en el humor o en la música. O, al menos, contemplar el panorama con humor y, a la vez, escuchando música.
[–>[–>[–>Coinciden estos días en una sola persona estas dos propuestas, el humor y la música. Descubrí días pasados que uno de los humoristas más populares de finales del pasado siglo, Eugenio, triunfó contando chistes después de probar suerte como cantante. En la música no alcanzó la gloria pero en el humor aún se le recuerda cuando se cumplen 25 años de su fallecimiento. Bueno, Eugenio hizo de todo en la vida: actor, pintor, joyero, cantante, humorista… sus chistes eran cortos y precisos.
[–> [–>[–>Hoy hay políticos que cantan como los chistes de Eugenio. Por eso no es mala hora escapar del barullo político y buscar el humor o la música. Prueben escuchando «La Máquina de escribir» de Leroy Anderson o «Sinfonía de los juguetes» de Leopold Mozart mientras leen las noticias en los periódicos. Búsquenlas, ahora que tenemos ambiente de guerra, en www.vocesparalapaz.com. Nos ofrecen de una vez las dos cosas, humor y música.
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El humor suele figurar en las primeras páginas de la prensa. No sé si la intención es prepararnos antes de llegar a las noticias. Bombas, muertes, insultos, disparatadas controversias, política de destrucción, de eliminación del contrario… todo un panorama de animadversión entre bandos enemigos. Por eso, al escuchar la sonoridad de esas piezas la información se soporta mejor. Dicen los expertos que la música amansa a las fieras.
[–>[–>[–>Lo del humor lo veo más difícil. Las dictaduras no lo soportan y algunos políticos que se dicen demócratas, rechazan y amenazan las viñetas con que los humoristas acompañan a las informaciones. Ejemplos los tenemos hoy día en grandes e influyentes medios internacionales. El poder de actuales mandatarios llega a tal extremo. No les gustan ni magníficas, ni artísticas y ni geniales caricaturas. Son leyenda histórica los cierres de «La Codorniz» o los recientes «avisos» de Donald Trump a Jeff Bezos. Durante las cuatro décadas de la dictadura franquista el humor político desapareció. Un trabajo que personalmente realicé en todos los diarios que se publicaban en España en 1971 para una tesis («El humor político en la actual prensa diaria española») dio como resultado la ausencia total de atisbo político en las viñetas de los humoristas que publicaban en los diarios. Chumy Chúmez, Perich, El Roto (entonces Ops), Máximo o Forges jugaron con el léxico, lo bordearon, pero tuvieron que abstenerse ante la censura estricta. Algunos trabajaban desde el exilio (Puig Rosado). En cuanto al humor literario si hubo algunos casos, escasos, porque era mucho más problemático censurar expresiones equívocas, muy difíciles en el humor gráfico.
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Historiadores del humor sitúan licencias humorísticas ya en tiempos mesopotámicos, unos 3.500 años antes de Cristo. Algunas fuentes hablan también de humor en el Antiguo Testamento, donde encuentran y distinguen entre «risa burlona», «risa feliz» y «desenfrenada».
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[–>Que Trump no se ría de nosotros. En un sitio dice que ya termina con la operación Irán y a sus republicanos les dice que no parará hasta que no destruya totalmente al enemigo. Netanyahu ni siquiera tiene humor y su música son el estruendo de las bombas. Los distintos tipos de hiyab y burkas no dejan oír bien la música. El americano se ríe pero sus bravuconadas no son humor, son amenazas. Y su música suena terrible con sus tambores de guerra.
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