Hungría fulmina su laboratorio populista
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¿Qué le espera a Europa con la llegada de los magiares húngaros?
Parece que se abre la puerta a un período de esperanza para una población agotada por la corrupción y para Bruselas y las capitales europeas, que se ven arrastradas una y otra vez al choque.
Con la salida de Orbán, el laboratorio populista que ha inspirado a la generación de líderes ultra que operan bajo una premisa se desintegra: sólo ellos pueden proteger los intereses de su país. Y esto, ahora, no funciona.
Se abre un nuevo escenario en política exterior: aunque Hungría, que apenas representa el 1% del PIB europeo, ha bloqueado una y otra vez decisiones clave, como, por ejemplo, el desembolso de 90.000 euros a Ucrania.
Magyar, sin ser un entusiasta de Kiev, es más pragmático, cualidad imperativa para un club, el europeo, que trabaja por consenso.
Con una mayoría de dos tercios, el partido de Tisza tiene margen para desmantelar el imperio, el reino, que Orbán creó, colonizando los medios públicos y pervirtiendo el sistema judicial.
Por tanto, debería ser cuestión de tiempo que Hungría vuelva a la normalización democrática y se convierta, por primera vez en 16 años, en un socio fiable y digno de los valores que Europa defiende.
Las elecciones en Hungría abren un nuevo camino para la UE
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