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Ignacio Fernández: Hable con ellos

Ignacio Fernández: Hable con ellos
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  • Publishedenero 5, 2026


Visité Venezuela a mediados de los ochenta y era todo lo contrario que ahora: el país de las arepas era también un país de oportunidades y muchos paisanos de Castilla y León buscaban su buena fortuna en Caracas, La Guaira o Isla Margarita. el brillo de Tamanaco, repleto de empresarios, expresó el país de oportunidades al son de sus hidrocarburos, su oro, sus infinitos recursos y esa peculiar forma de entender la vida.

Por eso antes de empezar a pontificar contra Trump por su asalto a Miraflores, recomendaría a tantos opinadores vacíos unas conversaciones con los que ahora viven al reverso de esa página: venezolanos expropiados, vaciados por dentro y por fuera que han venido a vivir entre nosotros como último recurso no contra la miseria sino contra la humillación, un agravio aún peor. Privados de libertad, con la retaguardia acosada por los cavernosos «expropiese» de los innombrables.

Habla con ellos, habla con ellos, los tenemos aquí en todas las provincias, y cuéntales cómo es vivir en esos ranchitos, con esos salarios, en un clima de denuncia y amenazas donde el más profano es el mayor matón y el que más manda. Es muy bonito tener tu opinión de este lado del océano cuando aprietas el interruptor y se enciende la luz, vas al surtidor y hay combustible y cuando los lineales del supermercado están a rebosar. Y luego animar a Maduro.

Venezuela (junto a Colombia y Marruecos, otras dos joyas) es el país que más emigrantes aportó a Castilla y León el año pasado. Y como digo, en un momento fue al revés: los paisanos encontraron allí refugio como exiliados políticos, comida –que aquí faltaba– y negocio para los empresarios. Para hablar de emigración en la tierra de Nicolás Castellanos, que puso el listón tan alto, primero hay que lavarse la boca y preguntar a quienes la padecen. No va a ser que tantos propagandistas rentistas y tantos bolcheviques estridentes tengan que lidiar algún día con la miseria y la inmundicia causadas por las falacias colectivistas que han condenado a millones de venezolanos. Mire a su alrededor: encontrará un expatriado en cualquiera de nuestras provincias, con el dolor grabado en el alma y el anhelo grabado en el corazón. Habla con él y verás.



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