Ignorancia inmaculada
La tarea de seleccionar a ministros y demás altos responsables de los asuntos públicos se ha vuelto en los últimos años muy laboriosa y muy exigente. Antes era más fácil, ahora es un calvario porque preciso es asegurarse de que la persona carece de cualquier tipo de conocimientos, de que no sabe nada de nada, que es virgen en punto a instrucción y nunca ha tenido trato alguno con libros ni laboratorios.
[–>[–>[–>–Se le ha visto entrar en una biblioteca -se cuchichea para arruinar las expectativas de un candidato..
[–> [–>[–>–Era para mear-, se disculpa el ofendido.
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Lo más infamante es haber terminado una carrera sin copiar en los exámenes o haber escrito una tesis doctoral sin plagiarla.
[–>[–>[–>Estas dos manchas son indelebles y suponen una descalificación difícil de soportar. Quien las tiene ya puede despedirse de una carrera política. Si su ilusión había sido llegar a ministro de Transportes o de Educación, ya puede archivarla.
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–Tenemos que ser muy rígidos, hay que garantizar el carácter inmaculado de la ignorancia.
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[–>Firmes en estos comportamientos hemos hecho grandes progresos, de manera que ya podemos cantar victoria.
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Procede pues inaugurar una nueva etapa histórica, siempre alumbrada por la antorcha del avance plurinacional.
[–>[–>[–>Se trataría de llevar directamente a los cargos públicos a brujos, hechiceros, pitonisos y espiritistas.
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–Búscame con los cinco sentidos un jefe de la SEPI, ya sabes que las participaciones industriales hay que cuidarlas.
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Y, como ha de respetarse el principio de mérito y actuar con transparencia, se convoca el concurso correspondiente.
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Allá va la nómina completa de nigromantes y farsantes dispuestos a exhibir sus habilidades.
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Y no se falla, al final se elige a quien puede desplegar poderes taumatúrgicos en las redes sociales, al tiempo que garantiza no saber una palabra ni de particiaciones, y menos de industriales.
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–Necesitamos un ministro de Sanidad.
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Aquí hay que poner el máximo cuidado porque a su ignorancia debe añadirse su condición de chamán, entrenado en curaciones milagrosas y con una buena comunicación con los espíritus.
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–Tengo un curandero que aprobó con buena nota el máster de ritos y ensalmos.
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–Hecho, este puede dar un buen juego.
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Y así se van rellenando las casillas del organigrama. Con resultados mágicos, justamente los que disfrutamos.
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El poeta lo dijo mejor:
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Y va el capitán pirata
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sentado alegre en la popa
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Paiporta a un lado, al otro la tropa
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y, allá a su frente, las joyas en el baúl.
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«Navega, corrupto mío,
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navega sin honor
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que ni enemigo extravío
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ni pariente ni folganza
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tu ceja a torcer alcanza
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ni a espantar a tu elector».
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