Inglaterra gana el bronce del Mundial a Francia en un partido muy loco en que Mbappé hace historia provisionalmente
Siempre se dice que el partido por el tercer y cuarto puesto de un Mundial es aquel que nadie quiere jugar pero igual a partir de ahora habrá que decir que es el partido que el espectador siempre quiere ver. Menuda locura de goles, cuántos vaivenes, qué forma de transformar ceños fruncidos en sonrisas de satisfacción. Ganó Inglaterra a Francia en el partido con más tantos de esta edición (4-6). Bukayo Saka marcó un hat trick para los ingleses. Kylian Mbappé anotó dos para superar a Leo Messi y adentrarse en la historia. Y Jude Bellingham cerró la tarde de Miami con una obra de arte.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Francia pareció declarar de entrada que, efectivamente, aquello no le apetecía jugarlo. La Inglaterra del discutido Thomas Tuchel pasó por encima de un equipo desangelado, que salió como si estuviera en un torneo veraniego, tipo Joan Gamper o Teresa Herrera. Con cuatro goles grabados en la frente se fueron los franceses al descanso. Pero los jugadores debieron hablarse entre sí y acordaron que esa no era forma de despedir a Didier Deschamps después de 14 años como seleccionador. Casi consumaron una remontada fenomenal y vistosa. Méritos hicieron, pero los ingleses resistieron el triunfo sin necesidad de atrincherarse vilmente.
[–> [–>[–>Solo Mbappé pareció 100% motivado en el bando galo. Buscó desde el arranque acabar como el máximo goleador del Mundial. Como en Qatar. Y superar a Messi, ambos con ocho goles. Hizo la guerra por su cuenta, sin apenas respaldo en su motivación. Sus compañeros jugaron al trote. Provocaba dolor a los ojos ver tanta desidia. Un ultraje a la camiseta del gallo. Encajó Francia cuatro goles de un equipo que no tenía en su alineación titular ni a Harry Kane ni a Jude Bellingham, sus máximos artilleros. Tampoco a Anthony Gordon.
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Kylian Mbappé celebra uno de sus dos goles ante Inglaterra. / AFP7 vía Europa Press / AFP7 vía Europa Press
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Marcó Declan Rice nada más comenzar el encuentro y sorprendentemente, a la vista de lo que sucedió ante Argentina, Tuchel no instigó un repliegue defensivo. Quizá demasiado pronto hasta para él. Anotó Konza a la salida de un córner, Saka tras una asistencia de Marcus Rashford (y fallo previo en un mano a mano, marca de la casa del exazulgrana) y de nuevo el extremo del Arsenal antes del descanso.
[–>[–>[–>Con razón en la entrevista en el descanso Deschamps dijo que no entendía lo que había pasado. Decidió atender él a los medios en lugar de su asistente. Calificó la actuación en esos 45 minutos de «catastrófica» y procedió a sustituir a cuatro futbolistas. Reclamó orgullo con un enojo de consideración. Entraron Dembélé, Barcola, Digne y Upamecano. Y sí, a partir de entonces sus jugadores le dieron motivos para no sentir bochorno. Al contrario.
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Jude Bellingham celebra con la afición inglesa haber conseguido el tercer puesto en el Mundial. / ROBERTO SCHMIDT / AFP
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Furiosa remontada. Antes de la pausa de hidratación cayeron tres goles, uno de Barcola y dos de Mbappé. Diez goles ha coleccionado el delantero del Real Madrid en esta cita. Dos más que el ’10’ argentino. Y ya es el máximo realizador de la historia de los Mundiales con 22. A ver si Messi recupera el cetro hoy en la final. Mbappé y sobre todo Olise se desataron en la segunda parte. Pudieron marcar entre ambos media docena de goles. O más. Fallaron unas oportunidades increíbles tras trenzar jugadas de orfebrería.
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[–>«No me arrepiento de nada»
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Inglaterra se transformó en la segunda parte en un equipo blando, como ante Argentina, incapaz de poner freno a las oleadas francesas. La decisión de Tuchel para alterar la dinámica no fue esta vez llenar el campo de centrales. Habría sido una provocación. «No me arrepiento de nada», había declarado en la previa. Incorporó a Bellingham y Elliot Anderson y descubrió el técnico alemán que un resultado a menudo se defiende mejor atacando que atrincherado atrás.
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Didier Deschamps saluda a Kylian Mbappé tras el partido contra Inglaterra en Miami. / ROBERTO SCHMIDT / AFP
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Un penalti transformado por Saka pareció sellar el triunfo con el quinto gol. Dembélé recortó de nuevo diferencias. Y esperando el empate llegó la carrera majestuosa de Bellingham y una serie de recortes messianicos en el área para esta vez, sí, consolidar el tercer puesto. Impresionante acción del inglés del Madrid.
[–>[–>[–>Por cierto, el Chelsea está a punto de gastarse 137 millones en Morgan Rogers, del Aston Villa. Ni se le vio. 90 minutos con escasísima producción. Tampoco a Gordon. Pero tuvo excusa: Tuchel no le hizo jugar. Un Tuchel al que este triunfo le viene de perlas. Le limpia el prestigio, muy dañado tras la forma de perder en la semifina,l y le alargará seguramente la vida al frente de una Inglaterra que se pregunta: ¿por qué no siempre así? En Francia empieza la era Zinedine Zidane.
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