INMIGRACIÓN ESTADOS UNIDOS | Españoles (y latinos) en la América del ICE: «La sociedad se ha organizado para resistir»
«Estas cosas siguen sucediendo, siguen raptando gente a diario aunque ya no aparezca en todos los medios. El objetivo es hacer desaparecer a todo aquel que no parezca un ciudadano americano blanco». Lo cuenta el valenciano José Marco Paredes, vicepresidente de Participación Pública y responsable de políticas públicas en materia de inmigración en el Latino Policy Forum, una ONG dedicada a reforzar los derechos civiles de una comunidad que representa casi el 20 % de la población estadounidense.
[–>[–>[–>Desde hace algo más de un año, la cuestión migratoria, el acoso a los extranjeros, se ha convertido en un asunto central en Estados Unidos. El asedio que vive el planeta en el segundo asalto presidencial de Donald Trump ha eclipsado el asunto, pero en apenas 14 meses, el american dream se ha convertido en angustia para millones de inmigrantes y sus descendientes, perseguidos por las calles y centros de trabajo de sus ciudades por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la Patrulla Fronteriza.
[–> [–>[–>José Marco Paredes, en conferencia de prensa en Chicago, a finales de 2025. / Levante-EMV
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“Para muchos de mis estudiantes, la escuela se ha vuelto el único sitio donde se sienten seguros y pueden experimentar algo de libertad”, reconoce el profesor Dean Burrier Sanchis, norteamericano con antepasados en el Cabanyal (Valencia). “Los padres son muy protectores, como es lógico, ante la amenaza continua de ICE en nuestra zona (Illinois) y los ataques recientes en otros estados. El otoño fue particularmente difícil, claramente tenían órdenes de acabar con las celebraciones de herencia y orgullo hispanos típicos del mes de septiembre y octubre aquí. Los agentes siembran el caos con sus operaciones, está diseñado para fabricar cortinas de humo para no hablar de lo que urge como sociedad y así distraer o dividir a la gente”, opina.
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Burrier Sanchis vive esta situación desde la trinchera educativa, testigo de excepción de un momento histórico con una mezcla de orgullo y desaliento. Lleva 13 años impartiendo clases de español en una escuela de secundaria pública a unos estudiantes que, en su mayoría, son de origen latino: o inmigrantes o hijos de inmigrantes. Trabaja en uno de los estados demócratas donde la presión de las patrullas migratorias ha sido demoledora. De hecho, prefiere omitir el nombre de su centro y distrito, ante la vigilancia de las autoridades a la información en redes. Es un síntoma más del estado de alerta en el que está sumido el país.
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Dean Burrier Sanchis, profesor de secundaria en Illinois. / Levante-EMV
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Casi 600.000 deportados en pocos meses
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Ha sido un otoño y un invierno especialmente duros en áreas como Illinois (Chicago) y Minnesota (Minneapolis), dos estados del medio oeste estadounidense gobernados por los demócratas. Aunque bajo otras administraciones también hubo deportaciones, los datos y la puesta en escena de los últimos meses son alarmantes. El 27 de octubre de 2025, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos publicó el último informe hasta la fecha con estadísticas oficiales, y celebraba los casi 600.000 deportados en esos pocos meses. “Esto es solo el comienzo”, advertía el comunicado, tras apenas nueve meses de Trump en la Casa Blanca.
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Solo unos datos: entre los deportados, según Reuters, solo el 25 % tenía antecedentes. La población recluida en centros se ha disparado un 70 % hasta 68.000 personas a principios de este año. La inversión federal creció en 45.000 millones de dólares para construir nuevos centros de detención dentro de esta operación de deportaciones masivas, y se han creado infraestructuras como el célebre (y siniestro) Alligator Alcatraz, en una zona de manglares y pantanos donde abundan los caimanes. La justicia ha tratado de cerrarlo y Amnistía Internacional ha denunciado violaciones de derechos humanos.
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[–>Solo el 25 % de los deportados, casi 600.000 en los primeros diez meses de Trump, tenía antecedentes penales, según Reuters
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Sobre ese clima de persecución, desde el otro lado del país, en Miami (Florida) la periodista valenciana Marta Planells relata algunos de los episodios cotidianos de los que es testigo tras las cámaras de Telemundo, una de las cadenas de más proyección entre el público latino: «Todos los casos que reportamos son de ciudadanos que han estado arrestados y que han pasado varios días, incluso semanas, en centros de detención de ICE porque la comprobación de los papeles no es rápida». «Hace poco publicamos una investigación especial de cómo han crecido el número de casos de personas que se hacen pasar por agentes de ICE con el objetivo de extorsionar, robar, e incluso violar». «Teníamos dos entrevistados que no quisieron dar la cara, que vivían encerrados con la puerta tapiada con maderas, candados y cadenas porque alguien se había presentado en su casa haciéndose pasar por agente de ICE, les había robado todo el dinero, les había pegado una paliza y están vivos de milagro«. «Tenemos también ahora en marcha la historia de una familia que se quedó con un niño de 8 años desde agosto, porque el padre está en un centro de detención. Se vive con miedo. Sí. Y lo vemos en los reportes que hacemos todos los días”, relata en una ráfaga de calamidades que cartografía este contexto social de terror en un grupo de población enorme.
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Vigilancia con perfil racial
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Desde Chicago, los informes son similares: «La administración ha centrado esfuerzos en dibujar un panorama de caos y violencia injustificados en muchos casos. Si bien Chicago tiene índices de criminalidad elevados, la tasa por muerte con armas son los más bajos desde hace décadas. Dicen que vienen a perseguir y deportar a lo peor de lo peor, a personas que han asesinado o violado, pero cuando uno mira los datos, antecedentes penales que sean crímenes de esa gravedad no supera el 3 %, no se sostiene el argumento», detalla Marco Paredes.
[–>[–>[–>Por contra, «el miedo en los barrios latinos es evidente»: calles desiertas, comercios cerrados, gente encerrada en sus casas sin ir a comprar o a trabajar por miedo a salir, con un impacto económico que ha hecho levantar la voz incluso a los empresarios: «Te pueden enviar a otro estado o a El Salvador de Bukele».
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Marta Planells, periodista valenciana de Telemundo. / Levante-EMV
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La puesta en escena remite a otras épocas: agentes sin identificar, escondidos tras máscaras, equipos militarizados pero poco profesionales y una actuación aparentemente impune. Con esas coordenadas, el temor se extiende a todos los ámbitos. Hace unas semanas, la congresista colombiana Ángela Vergara del partido conservador (alineado con las tesis de Trump), denunciaba la detención de su hijo, retenido en «condiciones inhumanas»: «Los abogados están recomendando a todo el mundo que lleve sus papeles encima, aunque seas ciudadano, no importa. No cometer ninguna infracción de tráfico de ningún tipo, ni pasar el límite de velocidad o un stop, porque puede significar que venga alguien de Inmigración y mire tu estatus y tengas otro tipo de consecuencias que antes no pasaban”, añade Marta Planells, inmigrante como la mayoría de sus compañeros de redacción en una cadena que explica América al mundo latino, y que tampoco es ajena a esta cambio de rutinas, por el miedo al perfil racial en las detenciones: «La green card, la tarjeta de residencia, llevo una copia en el móvil: antes no era una decisión tan consciente, no existía esa miedo».
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Los abogados están recomendando a todo el mundo que lleve sus papeles encima, aunque seas ciudadano, no importa. Y no cometer ninguna infracción de tráfico de ningún tipo, ni pasar el límite de velocidad, puedes tener consecuencias que antes no pasaban»
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Polarización y resistencia cultural y social
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La retórica antiinmigrante -toda actuación de Trump en general-, no sólo contribuye a crear una sensación de terror entre los más vulnerables. El clima político en Estados Unidos es altamente volátil. Una encuesta del prestigioso think tank Pew Research Center, elaborada en otoño tras el asesinato del activista de extrema derecha Charlie Kirk, constata que para los estadounidenses de todo el espectro político (85 %) la violencia política está aumentando. Y la polarización es extrema. El 77 % de los republicanos afirma que el extremismo de izquierda es un problema grave en el país. El 76 % de demócratas alerta del extremismo de derechas. Las preocupación es mucho menor en ambas orillas respecto al radicalismo de su misma línea de pensamiento. Casi un tercio de los demócratas señalaban directamente a Trump y el movimiento MAGA (Make America Great Again) como motivo del aumento de la violencia.
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Paradójicamente, la presión policial y el discurso de un supuesto predominio de la violencia ligada a la inmigración han contribuido a reforzar la cohesión y los vínculos culturales en la población de origen latino (la inmigrante y la descendiente), segundo grupo étnico más grande de EE UU con unos 68 millones de personas, el 20 % del total. Basta recordar el impacto que tuvo la actuación de Bad Bunny en la última Superbowl.
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Como botónde muestra, de vuelta a Illinois, Burrier Sanchis ejemplifica que las actividades extracurriculares ligadas al español (como la música en castellano) han disparado el interés en su centro. “Con las bandas de rock gozamos en cada reunión del alivio que supone alejarnos de lo que pasa y cuando salimos a dar presentaciones en público son encuentros muy emotivos. Ante esta especie de vida clandestina y aislamiento que llevamos muchos, oír canciones en español es un pequeño acto de celebración y vida para nuestros estudiantes, sus familias y nuestras audiencias. Se nota en esas noches la importancia de lo que estamos haciendo con el proyecto”, relata el profesor.
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Muchos jóvenes están decidiendo vivir sin miedo. Las escuelas han funcionado estos meses como un santuario (espacios donde en principio no podían entrar los agentes, tampoco en las iglesias, aunque no siempre se ha respetado). Los estudiantes están siendo uno de los referentes de resistencia ante la presión que que están sufriendo padres y familiares. Han pasado el invierno realizando protestas públicas (walkouts) en el área de Chicago, gritando en las calles, con las banderas de sus padres. “Me siento muy orgulloso de mis estudiantes por sus acciones y su expresión política y por no ceder ante las amenazas. Se ha visto que los jóvenes están hartos y no tienen el miedo de otras generaciones”, añade el maestro.
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Me siento muy orgulloso de mis estudiantes por sus acciones y su expresión política y por no ceder ante las amenazas. Se ha visto que los jóvenes están hartos y no tienen el miedo de otras generaciones”
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Como correlato, se ha fortalecido el tejido social. «La respuesta de Chicago e Illinois es digna de estudio. El zar de la inmigración dijo que no conseguían cumplir las cuotas de detenciones porque la gente de Chicago estaba demasiado informada de sus derechos», cuentan con cierto orgullo desde Latino Policy Forum.
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Desde que Trump desplegó a la Guardia Nacional en Los Ángeles, en la primera operación televisada, «la sociedad civil se organizó para resistir». «Aprendemos unos de otros. Chicago aprendió del librillo de Los Ángeles para mejorar el sistema de protección de ciudadanos y Minneapolis ha aprendido de nosotros cómo ralentizar la ocupación de nuestras ciudades y la desaparición de nuestro vecinos«. Hablan de estrategias de respuesta rápida inspiradas en la operativa de los años 60 y 70 de los black panthers, como salir a la calle con silbatos ante el despliegue de agentes para advertir a la población, o documentar con el móvil los casos de represión. ONG de otros estados contactan estos días con Chicago.
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¿Ha terminado la crisis con la retirada de los grandes operativos de redadas? No, pero ahora mismo la batalla es legal, cuenta Marco, que celebra éxitos recientes como lograr que su estado duplique el número de defensores públicos (una figura equiparable al abogado de oficio). Y, sobre todo, cambiar la norma que impedía que estos letrados defendieran a los residentes del condado recluidos en campamentos fuera de Illinois, ya que en ese estado demócrata están prohibidos, y ICE los envía fuera, donde no podían ser defendidos.
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El impacto en las próximas elecciones
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Ahora, con todo, el trabajo se centra en el marco electoral, en un 2026 decisivo con las elecciones de medio mandato en noviembre. Existe un temor fundado a que la administración republicana utilice tretas legales para dificultar el voto a grupos como el latino, obstaculizando el voto por correo, por ejemplo, la manera más segura de participar; o que exista presión policial en torno a los colegios electorales. «Estamos trabajando en todo eso, preparándonos para noviembre. Hay miedo de que ICE y Patrulla Fronteriza esté por las calles y cómo puede influir en elecciones», adelanta Marco.
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«Estamos preparándonos para noviembre. Hay miedo de que ICE esté por las calles y como puede influir en las elecciones»
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La pregunta que queda en el aire, hablando de migración con emigrantes, es cómo ven su futuro, cómo va a impactar la deriva de Trump en el futuro de un país que lleva 100 años como faro de la civilización occidental. “Me siento privilegiada de tener un país al que regresar”, reconoce Planells, que lanza un mensaje esperanzador: “Reflexiono mucho sobre lo robusto que es el sistema norteamericano, porque las medidas y las decisiones son de un calibre tan grande que creo que pocas democracias aguantarían. Aunque es verdad que muchos analistas dicen que se está resquebrajando, todavía resiste. En mi caso ha sido y sigue siendo un lugar donde he encontrado muchísimas oportunidades, donde eso que dicen de que en Estados Unidos cualquier persona puede ser cualquier cosa, es verdad, y soy muestra de eso. Esperemos que esto sea una etapa y vendrán otras», concluye.
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