INTELIGENCIA ARTIFICIAL | El auge de la IA podría poner en jaque a la economía de consumo: «Las máquinas no compran»
La inteligencia artificial (IA) promete más eficiencia, menores costes y márgenes empresariales más amplios. Pero ¿qué ocurre si ese salto tecnológico empieza a vaciar el otro pilar del sistema: el consumo? Esa es la hipótesis que explora un reciente análisis de Citrini Research, firmado por el analista y experto en macroeconomía Alap Shah, que plantea un escenario de «shock por abundancia» de inteligencia.
[–>[–>[–>Durante décadas, la economía se ha construido sobre la premisa básica de que la inteligencia humana es un recurso escaso. Salarios, hipotecas, impuestos y consumo se apoyan en ese valor diferencial. Pero si la IA convierte la capacidad cognitiva en un input abundante y barato, el equilibrio podría alterarse.
[–> [–>[–>El informe lo resume con una frase directa: «Las máquinas no compran». Es decir, las máquinas producen, optimizan y sustituyen tareas, pero no consumen. Si una parte creciente del output lo generan sistemas automatizados y no trabajadores con nómina, el flujo de renta hacia los hogares se reduce y, con él, la demanda agregada.
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El bucle que inquieta a los analistas
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El escenario descrito no es una recesión tradicional. Es un bucle de retroalimentación tecnológica:
[–>[–>[–>La IA mejora → las empresas reducen plantilla → cae el gasto → mayor presión sobre los ingresos → más inversión en IA para proteger márgenes → la IA mejora
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Según el documento, este proceso podría ser «reflexivo», es decir, el ahorro salarial financia nuevas oleadas de automatización. La tecnología no espera a que el mercado laboral se reequilibre; acelera.
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[–>Celebramos el aumento de la productividad mientras ignorábamos la destrucción de la demanda que se estaba produciendo en el fondo
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En su simulación narrativa, el crecimiento del PIB convive con un debilitamiento del consumo. El texto habla incluso de un posible «Ghost GDP«; o lo que es lo mismo, producción que existe en las cuentas nacionales pero que no se traduce en bienestar distribuido.
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Más eficiencia, pero menos margen humano
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El análisis va más allá del empleo. Advierte de la desaparición de muchas fricciones económicas (tiempo, atención, y asimetría de información) gracias a agentes que comparan precios y negocian condiciones de forma automática. Si las decisiones de compra se delegan en algoritmos, la competencia se desplaza desde la persuasión emocional hacia la optimización fría de costes y valor verificable.
[–>[–>[–>Para la economía de consumo, el reto es estructural. Si el crecimiento se concentra en el capital tecnológico y no en las rentas salariales, el modelo podría tensionarse. No se trata, según el propio documento, de una predicción cerrada, sino de un escenario posible en plena transición hacia una economía intensiva en inteligencia artificial.
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Cuando la inteligencia se vuelve abundante, el valor asociado al trabajo humano se reduce
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La pregunta de fondo es incómoda: ¿puede haber más producción y más beneficios sin más compradores? Ahí es donde empieza el debate económico del próximo ciclo.
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