IRÁN-ESTADOS UNIDOS | Irán se enroca en posiciones maximalistas en las negociaciones con EEUU mientras redobla la persecución política a sus detractores
Las dudas son enormes. Poco se sabe de lo que realmente busca Irán en las recién empezadas negociaciones con Estados Unidos, que deben servir para evitar una intervención estadounidense contra Irán. A cada declaración, altos funcionarios de Teherán se contradicen: mientras unos aseguran querer un acuerdo justo, otros insultan a Washington, queman banderas estadounidenses y amenazan con una guerra regional.
[–>[–>[–>Tampoco está claro lo que EEUU e Irán hablaron en Omán el viernes pasado en la primera ronda de negociaciones, que tiene que continuar en los próximos días: Washington insiste en que los iraníes deben abandonar todo su enriquecimiento de uranio, limitar su programa de misiles balísticos y acabar con el apoyo a sus milicias afines en toda la región para retirar la amenaza de un ataque y empezar a levantar sanciones.
[–> [–>[–>Este martes, el portavoz de Exteriores del régimen ha hecho su propia oferta: Irán dejará de enriquecer uranio a más del 60% —un número muy cercano al necesario para crear la bomba— a cambio de la retirada de todas las sanciones de EEUU.
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Las posiciones no pueden estar más alejadas, y cada vez son más los expertos que entienden que Teherán no busca realmente llegar a un acuerdo, sino hacer que corra el tiempo y esperar a que el presidente estadounidense, Donald Trump, se despiste con otra crisis internacional.
[–>[–>[–>Pero Nicolás Maduro fue sentenciado a ojos Trump, según publicó la prensa de EEUU, cuando el multimillonario vio al venezolano bailar una canción burlona y reguetonera en contra de la guerra y de EEUU. Los líderes iraníes no bailan, por supuesto, porque Irán no es Venezuela, pero sus palabras y proclamas belicistas —con declaraciones y amenazas constantes contra el «enemigo»— pueden surgir un efecto parecido en la psique de Trump, que ha reunido gran parte de su flota en Oriente Próximo.
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«La nación iraní debe demostrar otra vez su preparación y determinación para desarmar a nuestro enemigo. Mientras el enemigo no sea desarmado, nuestra nación estará expuesta a su coerción y tormento», ha declarado este martes el líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, que ha hecho un «llamamiento popular» en las celebraciones en todo el país este miércoles, cuando la República Islámica celebra el aniversario de la revolución de 1979, que acabó con la dictadura del shah e instauró el régimen actual.
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Las grandes ciudades del país, así, vivirán manifestaciones promocionadas por el propio Gobierno, que lucha por convencer a su propia población —y al mundo entero— de que aún ostenta la legitimidad gubernamental en el país. Los recuentos, sin embargo, apuntan que apenas una minoría de los iraníes —unos 12 millones de los 93 millones de habitantes— apoya activamente a la República Islámica, según datos que se pueden extraer de las últimas elecciones, en las que los candidatos más radicales y cercanos a Jameneí perdieron de goleada ante el sector reformista.
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«Este es claramente un régimen que ha demostrado estar dispuesto a luchar por su supervivencia a cualquier precio. En casa, están dando señales de que no hay cabida para ningún tipo de disidencia, ni en la opinión pública ni en la élite política. Y están buscando enviar al exterior el mensaje de que aún tienen el control total», escribe Ali Vaez, director del programa de Irán del think tank internacional Crisis Group.
[–>[–>[–>Ola de detenciones
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El enroque en las negociaciones con EEUU se traduce dentro de las fronteras de Irán en el intento de destruir cualquier voz discordante. Desde este domingo, han sido detenidos siete líderes del bloque reformista, una coalición de partidos que compite dentro de las normas y marco de la República Islámica. Y otros siete han sido llamados a declarar ante el juez.
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Los reformistas, grupo de apoyo principal del presidente iraní, Mesut Pezeshkian, estaban preparando un llamamiento a Jameneí para que dimita, entregue el poder a Pezeshkian y dé comienzo un pequeño periodo de transición —hacia qué no se ha dicho—, según audios filtrados en los últimos días.
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El ala más radical del régimen, liderada por el propio Jameneí y vista como la vieja guardia de la República Islámica, les acusa de «decir exactamente» lo que sus «enemigos, EEUU e Israel, dicen». «He instruido a los fiscales para que actúen preventivamente contra cualquiera que sea una amenaza para nuestra seguridad nacional», declaró el lunes el jefe del sistema judicial iraní, Gholam Hoseín Ejeí.
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Los reformistas fueron el único grupo en el poder iraní que llamó al diálogo con los manifestantes que salieron masivamente a las calles el pasado enero. Jameneí hizo oídos sordos: la policía y grupos paramilitares de la Guardia Revolucionaria, ambos comandados por el líder supremo, dispararon a matar contra los participantes en las marchas. La cifra de muertes confirmadas está ya en las 7.000 personas, aunque podrían ser muchas más, según oenegés.
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