IRÁN | Mojtabá Jameneí, ayatolá inmobiliario
Puede estar muerto o desfigurado. Herido o sano. Tiene pisazos en Londres y un apellido que a no pocos europeos les parece el que todos los iraníes llevan.
[–>[–>[–>Puedes ser millennial, boomer o Generación Z, pero también puedes ser de la generación que se ha criado con jomeiníes y de la que se ha criado con jameneíes.
[–> [–>[–>Mojtabá Jameneí, que en un cartel de toros se anunciaría como Jameneí Chico, líder supremo de Irán, no ha aparecido en público desde su nombramiento, el pasado domingo 8 de marzo. Su primer discurso —no habla tanto como Fidel Castro hablaba— fue transmitido por la televisión pública y leído por un presentador. Es el segundo hijo del anterior líder supremo, Alí Jameneí, que lideraba el país desde 1989 y que fue asesinado en un ataque coordinado de EEUU e Israel. No podemos por menos que detenernos en el locutor-presentador. ¿Qué habrá sido de él? ¿Le temblaría la voz? ¿Sería encarcelado en caso de titubeo o mala pronunciación? ¿Estará gozando de los privilegios del régimen? ¿Será el equivalente aquí de Iker Jiménez, de Ferreras, de Vicente Vallés o simplemente un busto parlante anodino?
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Volvamos a Mojtabá Jameneí. Es político y clérigo chiita. Nació en Mashhad, ciudad del noreste de Irán, tenía nueve años cuando su padre se convirtió en una figura destacada de la revolución iraní, tiene dos hijos, o eso dice su biografía oficial, y es muy probable que además de su padre, también fueran eliminados en el ataque americano- israelí, gran parte de su familia. Estudió Teología en la Universidad, con lo cual no puede decirse que defraudara los deseos de la saga o el clan. No es como cuando en una familia de ingenieros sale un actor de teatro o como cuando en una familia de prósperos comerciantes del acero les sale una niña diciendo que va a cursar Bellas Artes. Con todo, y pese a que pudiera parecer contradictorio, no es estrictamente un ortodoxo. O sí. Es la hora de los expertos en Irán, haberlos haylos, como Nazanin Armanian, analista y traductora del persa —la estarán viendo en más de una tele— que el otro día recordaba «el mito del imán oculto«, muy presente en el Islam, devenido del enfrentamiento de chiitas con otras facciones y al que pudieran haber recurrido las autoridades iraníes. De otro lado, qué autoridades. Cuáles estarán muertas, cuáles desfiguradas, cuáles al mando. Uno puede escribir tranquilamente que en el régimen iraní se han impuesto los duros dado que nunca se dio el caso de que ganaran los blandos. Al ganar, son automáticamente más duros que sus rivales.
[–>[–>[–>Antes de ser el imán oculto, Jameneí gozó de las bondades de estar presente, que es lo que recomendaba Jorge Manrique, «estar presente, para quien quisiera ser amado». De estar presente en Londres, por ejemplo, donde posee mansiones en el barrio de Kensington. Algunos medios informaban de que una de ellas tiene vistas a la embajada israelí. No quiere imaginar uno qué ambientazo de agentes del Mossad tendrá ahora esa manzana. Pudiera gozar también de bienes inmobiliarios (coqueto jardín, piscina, trastero y dos plazas de garaje, diría Idealista) en Frankfurt y hasta en Mallorca, según el periódico que se consulte. Jameneí puede haber gozado de las bondades de las playas españolas, con sus chicas en topless y sus paellas recalentadas, bondades de pasar la tarde en un pub de Piccadilly jugando a los dardos y leyendo una novela de Agatha Christie o de haber transitado la campiña inglesa en traje de tweed mirando ovejas. Quizá guste de merendar en sus estadías londinenses té y galletitas con sabor a mantequilla, que dejan un sabor de boca muy propicio para llamar a la revolución islámica, reprimir a tu pueblo y desaconsejar partidos políticos. Sueña con la destrucción, eliminación, aniquilación de Israel. El pequeño problema es que Israel sueña exactamente lo mismo de Irán. Este país es agente desestabilizador de la zona, lo cual no es incompatible con denunciar que eso de «está a punto de tener la bomba atómica» lo estamos escuchando (como las armas de destrucción masiva de Irak) desde hace décadas.
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No sabemos si Jameneí es el pasado o dará aún tardes de gloria según para quién. Es un misterio con turbante en un país cerrado y en crisis, con una guerra en curso y la incertidumbre alistada y camino del frente. Habrá otro Jameneí. O Jomeini para sustituirlo. Tarde o temprano. No es un problema de eliminación, sino de diálogo.
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