Irán y EEUU entran en una fase de ‘guerra fría’ tras dos meses de conflicto
No hay ni paz ni guerra; ni resolución ni conflicto. La contienda iniciada hace justo dos meses este martes está atrapada en un interregno del que las negociaciones, hasta el momento fallidas, no han conseguido arrancarla. Desde el alto el fuego del 7 de abril —y, sobre todo, desde que Trump anunció la semana pasada que el cese de las hostilidades pasaba a ser indefinido pero condicional al avance de las negociaciones—, la guerra en Oriente Medio ha quedado suspendida en un limbo indefinido, sin guerra porque los aviones israelíes y de EEUU no están constantemente sobrevolando y atacando Irán, ni los misiles balísticos y drones persas no se dirigen a todas horas tanto en contra del Estado hebreo como los países del Golfo.
[–>[–>[–>Pero tampoco hay paz: Irán sigue sitiada económicamente, y ahora no es ni capaz de exportar su propio crudo a través del estrecho de Ormuz, doblemente bloqueado por Washington, que ahoga así a la República Islámica. Irán, durante la guerra, sí podía exportar a través de la vía, cerrada para «todos los países enemigos» desde el 28 de febrero. «El alto el fuego paró las hostilidades, pero no ha producido un marco político estable. Todo lo contrario, ha llevado a una fase indeterminada e inestable, en el que las charlas continúan a la par que la coerción económica, las tensiones marítimas y, por supuesto, la persistente posibilidad de que la guerra comience de nuevo», escribe el analista iraní, Hamidreza Azizi.
[–> [–>[–>Prisa para terminar
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Esta situación, según el consenso de los expertos, favorece a EEUU, que tiene a priori menos prisa que Irán para llegar a un final definitivo de la guerra. En este conflicto, el sistema de la República Islámica ha conseguido sobrevivir, sí, y ha descubierto el cierre de Ormuz como una herramienta con la que amenazar económicamente el mundo, pero se ha visto enormemente vulnerable a los asesinatos constantes de Israel. Y, más importante, emerge de ella en una situación económica extrema, con una inflación desbocada a la que se sumará la reconstrucción tras la guerra.
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«El gobierno iraní entiende la situación cada vez más como un conflicto en suspensión. El mayor miedo no es solo que las negociaciones fallen, sino que sigan pero que no resuelvan el conflicto, lo que deja a Irán vulnerable a más presión en el futuro y sin que tenga la habilidad de defenderse», asegura Azizi, y que por eso, durante los dos últimos días, el ministro de Exteriores iraní, Abbás Araghchi, ha estado de visita a Omán y Rusia, para incluir estos dos países en una posible solución al parón de las negociaciones.
[–>[–>[–>Irán comparte con Omán las aguas del estrecho de Ormuz. Rusia, aliada tradicional de Teherán, se ha mostrado dispuesta a quedarse con los 440 kg de uranio altamente enriquecido, actualmente bajo posesión de Irán. Este uranio, a niveles de pureza superiores al 60%, está cerca del 90% necesario para desarrollar la bomba atómica. «Esperamos que la paz prevalga en estos tiempos difíciles. Rusia está preparada para hacerlo todo en el interés de Irán y de otros países de la región», ha dicho el presidente ruso, Vladímir Putin, a Araghchi, según la agencia de noticias estatal rusa, RIA Novosti.
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Costes y beneficios
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Pakistán, país que ha liderado la mediación entre Washington y Teherán, asegura que el intercambio de comunicaciones entre las dos capitales continúa. No hay, eso sí, fecha ni previsión para que ocurra otra reunión, más de dos semanas después de la primera ronda de negociaciones, catalogada de «fracaso» por parte del vicepresidente estadounidense, J.D. Vance. No solo Irán, sin embargo, paga el precio de esta guerra en el limbo. Mientras Ormuz siga cerrado, los mercados internacionales de crudo y gas se ven limitados de una quinta parte de su producto anterior a la guerra.
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[–>A pesar de que el alto el fuego es indefinido, en palabras del propio Trump, la economía mundial no puede permitirse aguantar mucho más tiempo con la vía cerrada. Irán, de hecho, tampoco, y amenaza con golpear también el paso de Bab el Mandeb, que conecta el mar Rojo y el océano Índico, si EEUU no levanta el cierre de Ormuz a barcos iraníes. «Estamos en un momento de frágil equilibrio —dice Azizi—. No hay un camino claro al final del conflicto. Ahora lo tenemos todo a la vez: diplomacia, coerción y, sobre todo, mucha incertidumbre».
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