Irrumpe la contraeconomía
Los pueblos de todas partes del mundo empiezan a verse abrumados con impuestos, regulaciones, sanciones arbitrarias, políticas “greenfake”, guerras injustas, confinamientos innecesarios, racionamientos injustificados y toda una serie de medidas que los gobiernos toman sin la aprobación de los ciudadanos, sólo porque así lo deciden y se sienten protegidos por el resultado de unas elecciones que, como en el caso de España, ni siquiera ganaron. Por eso La llamada corriente “contraeconómica” está surgiendo como protesta en algunos países occidentales. Comenzó con el movimiento británico “no pagues” contra las facturas de energía, y fue seguido por algo similar en Grecia y otros países, que sorprendió a los gobiernos, generalmente preparados para enfrentar protestas violentas o disturbios contra sus políticas, porque tienen suficientes herramientas y planes para enfrentarlos. No es así frente a un movimiento de rebelión pacífica, una ola de protestas pasivas de resistencia contraeconómica, una especie de desobediencia civil por el cual los ciudadanos se niegan a pagar servicios, impuestos o deudas en protesta por las crisis económicas desatadas por guerras, aranceles elevados o políticas gubernamentales injustas. Los gurús de la contraeconomía (Konkin, Rothbard, R. Mora) abogan por una unión entre personas y grupos para producir lo necesario para vivir, fuera de sistemas centralizados y corporaciones globales, es decir, una serena práctica comunal con todo tipo de acciones contra prohibiciones estatales, especie de núcleos o sociedades de “economía contraestablecida” que incluyen tanto el libre mercado, como el mercado “negro”, la “economía sumergida” y todo lo que el Estado decida prohibir, controlar, regular, gravar o tasar.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí