ISRAEL MERINO | Israel Merino, hay mar en la meseta
«El mar es horizonte y de su abismo surgen monstruos. El bosque esconde ninfas y dragones. En la meseta, la vista se pierde en una planicie seca y marrón; puticlubs y gasolineras, lo más fantástico que puedes ver son lagartijas con cantimplora, y juro que las he visto, pero el pensamiento aquí gira sin remedio en torno al realismo». Sumen a esto un niño «pedante e insoportable» [sic] que leyó historia y escribió ‘creepypastas’ (terrible horror ‘en línea’), luego conecte una trampa en bucle y de la coctelera saldrá el autor de ‘Epifanía’, Israel (Martín Caro) MerinoFuensalida, Toledo, año 2000.
[–>[–>[–>Un centenial puro que se aburría con las pantallas, «los verdaderos adictos y los que tragan bulos son los mayores, no los nativos digitales», tenía pocos amigos y pasaba el tiempo en la biblioteca del pueblo. Del terror de ‘copypasta’ pasó a Stephen King alumbrado por un profesor de primero de la ESO, que le contagió el gusto por la sintaxis y le metió en la selva de la literatura, donde a machetazos descubrió a otros norteamericanos, leyó a Dante y a Proust con 12 años, y llegó a Galdós y a Chirbes, que son sus referentes de aquí.
[–> [–>[–>A los 17, «lamentablemente», publicó un «poemario obsceno» donde adoptó el apellido materno, «no lo recuerdo, pero seguro estaba mosqueado con mi padre». Su padre que vende zapatos castellanos en el pueblo de los Castellanos, su madre maestra que nada tuvo que ver con su impulso literario. ¿Escribe porque no sabe ser simpático ni empático? (lo es). «Escribo porque es mi forma de controlar el pensamiento y sentirme seguro, al hablar farfullo e incluso tartamudeo». Y para librarse de la ansiedad, que por veces le roba el sueño. Y escribiendo/leyendo «dejé de ser un completo gilipollas». ¿Pero por qué se trata tan mal? «Soy objetivo».
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Personajes descarnados
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A ver si lo entiendo, ha dicho que era un inadaptado, y literalmente «un gilipollas» que no sabía relacionarse. ¿No se drogaba ni perreaba ni rapeaba? «Eso vino cuando tocó, a su tiempo. No tengo ningún recuerdo traumático de mi medio adolescencia, y me dan mucha rabia esos que no lo superan y se quedan ahí». Él no, él se resarce, y crea personajes descarnados donde germinan los traumas que no fueron, como Marcos el ‘fofisano’ enfermo de timidez en ‘Epifanía’.
[–>[–>[–>Mi sueño es una vida estable, vivir en la incertidumbre no me parece nada apasionante: otro invento neoliberal, la aventura
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Le dio por el periodismo, vaya idea. Se apuntó a un doble grado con hispánicas, pero perdió poco tiempo en la facultad: el dinero se escurría a cambio de casi nada. Se puso a trabajar: funda una pequeña editorial, publica una novela (‘Subura’) y unas crónicas literarias (‘Más allá de la noche’) que le procuran el carné pendiente en la universidad. «Periodista de raza», sentencian los cursis, y así se abre hueco en los medios. Ahora, además de escritor ‘promesasegura’, publica asiduamente crónica política, pelea en la trinchera cultural y hace crítica de música (trap y reguetón, rapea y perrea).
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Y cuando la ansiedad se lo permite, duerme mucho, que le encanta: «Soy muy mediterráneo». ¿De La Mancha? «Sí, es el aceite de oliva lo que imprime el gusto, y a mí me gusta la siesta y despertarme tarde: la productividad es un invento calvinista de adopción neoliberal»
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[–>Y es kantiano, pero no por razón espuria, sino porque su sueño es llegar a ser un funcionario que escribe. ¿Ironiza? «No, no, mi sueño es una vida estable, vivir en la incertidumbre no me parece nada apasionante: otro invento neoliberal, la aventura. Si tengo 300 euros no pillo un ‘ryanair’ para pasar dos días en Berlín; no, el viaje ha perdido la magia, el turismo es democrático pero no me interesa». Prefiere Israel un buen rato con amigos al calor de un vino tinto. Y de fondo, ‘Utopía’ de Travis Scott.
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Epifanía
Israel Merino
Temas de Hoy
240 páginas
19,90 euros
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