Israel no podría cometer sus crímenes sin el apoyo de EEUU y Alemania
Occidente ha entrado en una «lógica de la guerra» permanente en la que incentiva los conflictos y genera nuevos enemigos internos o externos: esta es la tesis del escritor, dramaturgo y filósofo alemán Fabian Scheidler (Bochum, 1968). El estado de guerra y la lucha por un nuevo orden de paz es el título de su último libro, editado en España por Icaria. Sigue la línea emprendida por El fin de la megamáquina. Historia de una civilización en vías de colapso, pero se centra ahora en las falsas respuestas de Occidente a crisis como la del covid o las guerras en Ucrania y Gaza. Es especialmente crítico ante el apoyo incondicional de Alemania a Israel, sustentado en su responsabilidad histórica tras el Holocausto nazi, pero que ha convertido a su país en un apoyo al «genocidio» en Gaza.
[–>[–>[–>No es fácil en Alemania mantener posiciones como la suya sin verse confrontado con acusaciones de antisemitismo.
[–> [–>[–>En mi libro documento cómo el Gobierno alemán reaccionó a los ataques del 7 de octubre de 2023. Con un apoyo incondicional hacia Israel, a pesar de que pocos días después estuvo claro que Israel estaba vulnerando masivamente el derecho internacional. La entonces ministra de Exteriores, Annalena Baerbock, justificó que se bombardearan hospitales y escuelas de Gaza porque supuestamente Hamás se escondía ahí. Ello va directamente contra la Convención de Ginebra, que obliga a proteger activamente a la población civil. Tanto Amnistía Internacional como Human Rights Watch y demás grandes organizaciones humanitarias concluyeron que se estaba cometiendo un genocidio. Y, sin embargo, Alemania mantiene ese apoyo a Israel. Es un escándalo inmenso que precisamente Alemania apoye ahora otro genocidio.
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El Ejecutivo actual ha matizado su posición. Bajo el canciller Friedrich Merz, en agosto de 2025 se dictó un embargo temporal de armas susceptibles de ser utilizadas en Gaza. También ha criticado la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania. ¿Teme el Gobierno de Merz quedar aislado?
[–>[–>[–>Cuando viajan por el mundo, nuestro canciller y su ministro de Exteriores, Johann Wadephul, notan el viento en contra. Por eso han retrocedido retóricamente en su apoyo a Israel. Pero en lo material, en lo que concierne a ventas de armas y apoyo, la posición no ha cambiado. Israel no podría cometer sus crímenes sin sus aliados occidentales. Y, junto con Estados Unidos, Alemania es el principal apoyo de Israel. Para poner fin a ese genocidio hay que poner fin a la venta de armas a Israel.
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En España hay un claro posicionamiento desde el Gobierno de Pedro Sánchez en favor de Palestina.
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[–>En Alemania la situación es muy distinta. Tenemos a un encargado especial del Gobierno contra el antisemitismo, Felix Klein. Desde su perspectiva, cualquier crítica a Israel implica antisemitismo. La Asociación Internacional de Investigadores del Genocidio, entre otros, califican las acciones de Israel como genocidio. Pero Klein tacha esta afirmación de antisemita.
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Lo que es especialmente complejo en eventos internacionales. En la Berlinale se vivió una situación que rozó lo grotesco. Primero se criticó al festival por supuestamente «silenciar» lo que ocurre en Gaza para acabar pidiendo la dimisión de su directora, Tricia Tuttle, por posar junto a una bandera palestina. ¿Sufre Usted presiones parecidas?
[–>[–>[–>Yo, afortunadamente, sigo con mi trabajo sin restricciones. Pero hay muchos casos de masivas restricciones no solo de la libertad de opinión, sino incluso de los derechos fundamentales. A petición del gobierno alemán, el Consejo Europeo ha bloqueado las cuentas del periodista crítico hacia Israel Hüseyun Dogru, a pesar de que no ha cometido ningún delito. No ha habido audiencia ni proceso, un hecho sin precedentes. O lo que le ocurrió a Francesca Albanese (Relatora de la ONU para los territorios palestinos), a la que se prohibió hablar en la Universidad Libre de Berlín por intervención del alcalde, Kai Wegner. La Universidad obedeció.
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Fabian Scheidler, durante una conferencia. / GUENThER GIESE
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¿Por qué es tan difícil diferenciar en Alemania la crítica a Israel del antisemitismo?
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Hay dos razones. Una es la sumisión de la política alemana a Estados Unidos. Desde hace mucho no tenemos una política exterior independiente. La hubo bajo el canciller Willy Brandt (1969-1974) y, parcialmente, se mantuvo bajo Helmut Kohl (1982-1998). La otra razón es Israel y la falsa interpretación de cómo afrontar el pasado alemán. En mi opinión, la lección del Holocausto debería ser actuar frente a toda vulneración del derecho internacional, independientemente de quién la cometa o contra quién se dirija. Lo que vivimos es exactamente lo contrario. Un Gobierno alemán que apoya incondicionalmente a Israel, incluso cuando el Gobierno actual israelí tiene a reconocidos ultraderechistas. Pueden matar a decenas de miles de civiles y les seguimos apoyando. Esto, en mi opinión, es una absurda dislocación de las lecciones del Holocausto.
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En su libro es especialmente crítico hacia Baerbock como ministra de Exteriores y califica a su partido, los Verdes, como el motor de la militarización alemana. ¿Habría sido distinta la reacción alemana tras el 7 de octubre con otro partido al frente de Exteriores?
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No, tenemos un giro hacia el militarismo en casi todos los partidos. En La Izquierda ese giro es solo a medias, pero en el resto es total. En los Verdes es especialmente trágico por sus orígenes antimilitaristas. Hubo ya una ruptura con esa tradición con Joshka Fischer como ministro de Exteriores (1998-2005).
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¿Le parece peligroso que la ultraderechista Alternativa para Alemania acabe siendo, como apuntan los sondeos, primera fuerza en el Parlamento o que incluso pase a sus manos el rearme, en el que tanto dinero invertimos?
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Eso sería obviamente mucho peor. La AfD es un partido militarista, fue el primero que respaldó plenamente el objetivo de destinar un 5% del PIB al gasto en Defensa, aunque ahora prácticamente todos los partidos lo siguen. Hay un consenso en el ámbito político de Alemania en torno al militarismo.
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