Ítaca o la lucha del opositor
El logaritmo me conoce como si existiera antes que yo. Sabe que me encanta Christopher Nolan y, cada dos por tres, me recuerda que estamos en puertas de ver la Odisea de Ulises. La historia de ese guerrero griego que tras la guerra de Troya intenta volver a Ítaca, a su isla. Pero, cada vez que está llegando, Poseidón se lo impide una y otra vez. Esta historia es intemporal, por más que sea de hace miles de años, porque encierra la esencia del espíritu humano: el deseo, la lucha y hasta la cabezonería cerrada de querer llegar a tu meta. Ulises quería llegar a su casa y a su isla, allí era el rey, pero perfectamente podemos equiparar ese viaje de Ulises a cualquier otra meta que se proponga un ser humano.
[–>[–>[–>Actualmente, por algún motivo que desconozco, a cada poco hay una convocatoria de oposiciones. Unas carreras de fondo que se empiezan con la esperanza de lograr estabilidad y tranquilidad laboral, y por qué no decirlo, también con la ilusión de poder tocar esa gloria -vanidad total, lo sé- de ser uno de los que vayan pasando las sucesivas cribas, algunas atómicas, que contiene un proceso de oposición con una dificultad media.
[–> [–>[–>Ulises quería llegar a Ítaca. Para los opositores, llegar a Ítaca es conseguir por sus propios méritos y sin nada más que eso, un sueldo de por vida. Y créeme, que mientras están en esa batalla, lo del sueldo es lo de menos. Te sorprenderá que te hable de esto, pero te aseguro que nadie que no haya vivido, por dentro, un proceso de oposición, sabe lo que es. No es sólo ir a la biblioteca los domingos, ni madrugar, o estudiar por las noches. Eso son minucias anecdóticas. La verdadera oposición es la que se libra por dentro. La batalla mental de pensar que lo vas a conseguir, y que no va a haber Poseidón que te lo impida. Claramente, no es sólo una cuestión de fe.
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Los opositores luchan con monstruos, aunque no sean marinos, que atormentan su cabeza. Continuamente afrontan la lucha de si serán capaces, porque no es sólo una prueba de conocimiento. Es temple, es organización, es hasta entonación si la prueba es oral. Luego hay cantos de sirena, muchos, que les hacen preguntarse si no es mejor dejar esa lucha infructuosa y agotadora. Dejar vencer a Poseidón, y marcharse con las sirenas, como hacen tantos que empiezan la oposición y luego la dejan a medias.
[–>[–>[–>Los verdaderos Ulises de las oposiciones llegan hasta el final. No se desaniman, o mejor dicho, sí, y mucho, pero confían en el trabajo duro, en la sonrisa de la fortuna, que siempre deja una puerta abierta en las desdichas, como decía Cervantes, y en su propia estrella. Así que, si eres de los opositores que ha llegado a Itaca, enhorabuena. Sabes que te lo has ganado. Y si eres de los que están aún de camino, no te desanimes. Itaca te espera. No dejes a medio tu viaje.
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