Javier Burón, experto en vivienda, alerta del conflicto generacional: «La mayor parte de los multipropietarios son boomers»
Palma ha acogido este viernes una conferencia sobre vivienda y fragmentación urbana en el marco de un seminario académico impulsado por la Universitat de les Illes Balears (UIB) y otras universidades. El encuentro ha tenido como objetivo situar el acceso a la vivienda como uno de los principales factores de desigualdad en las ciudades, especialmente en territorios sometidos a una fuerte presión inmobiliaria como Baleares.
[–>[–>[–>En este contexto, la intervención del experto en políticas de vivienda Javier Burón puso el foco en la incapacidad de las instituciones para responder a un fenómeno que, a su juicio, está plenamente identificado. Burón es el actual director gerente de la empresa pública de suelo industrial, vivienda y cohesión territorial del Gobierno de Navarra e impartió en Ca n’Oleo una conferencia bajo el título El ecosistema necesario para la infraestructura de vivienda social y asequible que España precisa. El abuso turístico y las particularidades del suelo urbano (no tan) consolidado.
[–> [–>[–>«El problema está sobrediagnosticado. Ninguno en esta sala tiene dudas de lo que está pasando«, afirma al inicio de su intervención. Su diagnóstico es directo: en España, y de forma más acusada en Baleares, se produce un desplazamiento progresivo de la vivienda destinada a residencia habitual en favor de usos de corta duración vinculados al turismo. «Tenemos un exceso de unos usos y un defecto de otros», resume.
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Burón sitúa al archipiélago en el extremo de esta dinámica. «Baleares y Canarias son el nivel cero del problema», asegura, en referencia a la intensidad de la presión turística e inmobiliaria sobre el mercado residencial. En este sentido, advierte de que el fenómeno no es nuevo ni repentino, sino el resultado de un proceso acumulado durante décadas.
[–>[–>[–>Para describir la situación, recurre a una metáfora que sintetiza buena parte de su discurso: «Estamos viendo cómo cae la lava de un volcán y nos decimos unos a otros: ya veremos lo que hacemos cuando llegue«. Con esta imagen, el experto ilustra la inacción institucional y social ante un problema cuya evolución resulta evidente desde hace años.
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Dependencia del turismo
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El análisis de Burón apunta a dos factores que explican el bloqueo de las políticas de vivienda. Por un lado, la estructura económica de territorios como Baleares, altamente dependiente del turismo y del negocio inmobiliario, lo que dificulta introducir cambios sin asumir costes. «Cambiar la estructura de una economía lleva décadas», advierte.
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[–>urón sitúa el conflicto de la vivienda también en un eje generacional muy claro. «La mayor parte de los propietarios son boomers. La mayor parte de los multipropietarios son boomers. La mayor parte de los arrendadores son boomers, gente de más de 50 o 60 años«, afirma, matizando que «no todos los inversores son mayores, pero la gran mayoría sí lo son«. A su juicio, este grupo tiene una determinada concepción del mercado inmobiliario, vinculada tanto a su experiencia vital como a la evolución reciente del país: «En España hemos pasado en muy poco tiempo de gente que vivía de alquiler y en su familia nadie había firmado una hipoteca, a gente que años después es multipropietaria y arrendadora«. Una transformación que, subraya, resulta especialmente evidente en territorios como Baleares.
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Frente a ese bloque, describe el perfil opuesto: «La mayor parte de los inquilinos, la mayor parte de la gente que comparte piso, la mayor parte de la gente a la que el salario no le llega para pagar el alquiler son millennials o zetas, de 30 y algo para abajo». Aunque reconoce que «hay de todo», insiste en que «las grandes mayorías sociales están ahí». A partir de esta división, construye una lectura política del problema: «Hay unos beneficiados que votan, pero también hay unas víctimas que también votan, pero están bastante más organizados los beneficiados que los perjudicados«. Y añade un elemento demográfico clave: «Hay más boomers y X que millennials y Z». En ese contexto, concluye con una imagen que resume el desequilibrio: «Cae la lava, a algunos les da mucho dinero que caiga y otros no se organizan para que no nos queme».
[–>[–>[–>Sin plantear una crítica frontal al turismo, Burón defiende su papel en la economía, pero alerta de los riesgos de una dependencia excesiva. «No tengo nada contra el turismo, pero si solo vives de eso, te vas a meter en problemas«, afirma, subrayando que el desequilibrio actual responde más a la falta de diversificación que a la existencia de esta actividad en sí misma.
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Zonas de mercado tensionado
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En el debate sobre medidas concretas, el experto defiende la declaración de zonas de mercado tensionado como herramienta a corto plazo. Según explica, este tipo de intervenciones no reduce los precios, pero sí limita su crecimiento descontrolado. «Sirven como un torniquete para evitar que el miembro siga sangrando«, apunta. En su opinión, no se trata de una solución estructural, pero sí de una medida necesaria para contener la situación mientras se desarrollan políticas más profundas.
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Burón también rechaza uno de los argumentos habituales contra esta medida, como es la supuesta desaparición de la oferta. A su juicio, los datos no avalan esa tesis y lo que realmente se produce es una menor rotación de contratos, lo que puede generar mayor estabilidad para los inquilinos. «No desaparece la oferta, lo que baja es la rotación», sostiene.
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El experto se muestra especialmente crítico con quienes se oponen a las medidas de intervención sin plantear alternativas. «Quien esté en contra tiene la obligación moral de proponer algo«, afirma. Y añade, en tono irónico: «Lo que no vale es decir: has nacido mal, haber nacido mejor».
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Más allá del corto plazo, Burón plantea una estrategia de fondo basada en aumentar la inversión en vivienda asequible hasta el 1% del PIB durante al menos 15 años, combinando recursos públicos y privados. También defiende la necesidad de ampliar el parque de vivienda protegida y garantizar que este no acabe incorporándose al mercado libre. «Si generamos vivienda asequible, hay que asegurarse de que no vaya al mercado«, señala, apostando por su calificación permanente.
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En este sentido, defiende un modelo basado en alianzas entre administraciones, cooperativas y empresas privadas con beneficios limitados, como vía para ampliar la capacidad del sistema. No obstante, advierte de que ninguna política resulta suficiente si no se aborda el problema de fondo: el modelo económico. «Esto no lo va a resolver un técnico ni un político, es el resultado de un proceso social», indica.
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Burón cierra su intervención con una reflexión política sobre la dificultad de impulsar cambios en este ámbito. «Se vota vivienda o se votan otras cosas», afirma. A su juicio, el modelo actual se mantiene porque los sectores que se benefician de él están mejor organizados que quienes lo sufren.
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