Javier Castillo: "Nos cuesta valorarnos porque creemos que la vida se construye de afuera hacia dentro"


En un mundo que nos empuja a brillar descuidando el fuego que arde por dentroentrenador y experto en neurolingüística – autor de El arte de reconocer tu valor— propone un retorno al origen: a este tesoro interno que todos llevamos pero que rara vez nos detenemos a explorar.
Su nuevo diario nos invita a mirarnos a nosotros mismos con honestidad, a permitirnos ser vulnerables y dejar brillar nuestra luz. brújula interior y reconectarnos con la autenticidad que, aunque muchas veces oculta, es nuestra mayor fuente de poder. Hablamos con él sobre cómo reconocernosqué frena nuestro crecimiento y por qué, paradójicamente, la plenitud comienza precisamente en aquello que más tememos mostrar.
-¿Por qué nos cuesta tanto conectar con nuestro valor?
Confiar en nosotros mismos es importante porque nos ofrece un prisma más empoderador en la experiencia que vivimos a diario. Podemos decir que esta es la clave para entender que todo lo que nos sucede tiene su origen y fin en nuestra percepción de la realidad; Somos el punto concéntrico de nuestra vida. La dificultad para valorarnos a nosotros mismos radica en que creemos que nuestra vida se construye sólo de afuera hacia adentro.
Debido a lo que hemos aprendido en nuestra educación, en la cultura y en el sistema social, cedemos nuestro poder personal a eventos y agentes externos, creando una sensación de insuficiencia que nos impide valorar quiénes somos y centrarnos en lo que deberíamos ser. Como si fuéramos un rompecabezas al que siempre le faltaba una pieza extra. Este sentimiento no nos permite valorarnos honestamente.
-¿Es compatible la vulnerabilidad con la autoestima?
No es que la vulnerabilidad sea compatible, sino que forma parte de nuestra autoestima. Somos seres vulnerables por naturaleza, tenemos la cualidad de permeabilidad a las cosas que suceden en nuestra vida, un verdadero privilegio. Por tanto, una autoestima sana se construye teniendo en cuenta que es importante saber manejar las situaciones que nos desafían.
Nuestra vulnerabilidad es el símbolo del coraje que apreciamos cuando nos aventuramos a explorar la vida, con la complejidad y belleza que implica. Por tanto, amarnos y cuidarnos es el resultado de reconocer nuestra vulnerabilidad. A veces no queremos brillar con todo nuestro esplendor para no molestar a las personas que nos rodean y nos saboteamos.

-¿Cómo y por qué debemos evitarlo?
La razón por la que la mayoría de nosotros no nos hemos dado este permiso es por el sentido de propiedad, responsabilidad y compromiso que creemos que implica ofrecer nuestra mejor versión. Es una ruptura social y una exigencia personal que a veces nos genera miedo y preocupa. Deberíamos evitarlo porque con esta actitud dejamos de ofrecer valores y actitudes que mejoren nuestro bienestar propio y común.
Ayuda a lograrlo enfocándonos más allá de nuestro propio beneficio, sintiendo que estamos aportando, con humildad, al equipo que somos como empresa, ya que nuestro aporte no es una demostración, sino un espectáculo de quiénes somos realmente.
-¿Cómo influye en nuestras vidas ser auténtico?
Ser auténtico es la única forma verdaderamente saludable de vivir. Muy a menudo, la autenticidad va ligada a la capacidad de decir no, de poner límites, y eso suele ser lo que nos penaliza. Porque no siempre somos complacientes con nuestros semejantes.
Cuando me preguntas cómo ser auténtico sin morir en el intento, veo dos posibilidades: puedes utilizar conscientemente estrategias relacionales que te abran el camino, incluso si te resignas a recibir aprobación externa para sentirte bien, o para ser honesto y coherente con quien eres y estar en paz, más allá de que, obviamente, se generen momentos incómodos en tu relación con los demás. Aunque me gustaría decir que ser auténtico no siempre está reñido con la aceptación, al contrario, genera magnetismo.
-¿Qué podríamos decir de los tres enemigos de nuestro crecimiento personal y de nuestro autoconocimiento?
El primero está vinculado a reconocer nuestra vulnerabilidad y nuestra falta de honestidad con nosotros mismos. Ante las dificultades, como acto de supervivencia, creamos un caparazón protector que no nos permite ser honestos con el estado personal en el que nos encontramos.
La reactividad, la vida agitada, con prisas y sin descansos, nos estresan y no nos permiten observar lo que realmente necesitamos. Teniendo esto en cuenta, el segundo enemigo es el miedo al cambio. Nos aferramos a lo que conocemos, a lo que llamamos zona de confort. Funcione o no, es nuestro estado habitual y por tanto nos aporta seguridad. Por tanto, el cambio sólo se produce cuando el sufrimiento o el conflicto es de gran intensidad. Lo nuevo, el misterio, nos genera inseguridad y nos cuesta afrontarlo.

Finalmente, orgullo; cuando creemos que ya hemos alcanzado nuestra mejor versión, cuando creemos que lo sabemos todo y dejamos de lado el pensamiento crítico, la exploración y la curiosidad por aprender más sobre nosotros mismos y sobre la vida. Cuando no te dejas sorprender.
-Tres pautas o ejemplos para fortalecer nuestra confianza en la vida diaria
La primera es ocupar el primer lugar en nuestras vidas. Darnos cuenta de que la realidad que experimentamos nace dentro de nosotros; Somos un elemento esencial en todo lo que vivimos. Esta mirada es de gran importancia; Esto nos permite ser agentes activos, artistas y creadores de la gran obra maestra que es nuestra vida diaria, la feliz normalidad.
El segundo es reconocer en qué somos buenos, centrarnos en lo que somos y no sólo en lo que nos gustaría ser. Entender que nuestra personalidad ofrece cualidades y habilidades complementarias al resto de personas con las que interactuamos. Siente la belleza que esto representa: somos un equipo.

Y el tercero, ser capaz de discernir entre lo que depende de nosotros y lo que escapa a nuestro control. Esto es importante porque reduce nuestro ámbito de actuación y nos genera más seguridad y estabilidad. Aceptar el misterio de la vida, que somos seres vulnerables y que todo está en constante cambio, paradójicamente, nos alivia. Porque no se trata sólo de construirse, sino también de dejarse construir.
– ¿Cuáles son las tres cualidades de una mente equilibrada?
El primero es la atención plena. La acción de detenerse y observar lo que sucede en nuestra mente facilita una mayor conciencia y, por tanto, un mejor conocimiento de nuestros patrones mentales, nuestras creencias y, sobre todo, el discurso interno con el que interactuamos cada día.
La segunda cualidad, ligada a la primera, es la ecuanimidad, la capacidad de generar espacio entre lo que sucede en nuestra mente y quiénes somos. La desidentificación de esos pensamientos automáticos, repetitivos e intrusivos que vagan por nuestra mente y que, en ocasiones, confundimos con nuestra identidad.
Y el tercero es la compasión. Una mente que promueve el cuidado de sí mismo y el cuidado de los demás, entendiendo la naturaleza del ser humano y la complejidad de sus procesos.
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