Josín y Roberto, 103 años de diferencia pero con la misma pasión azul
Cuando José Antonio Álvarez Cienfuegos nació hace 103 años en el pueblo tevergano de Barrio, faltaban tres años y un mes para que el Real Stadium Club Ovetense y el Real Club Deportivo Oviedo decidiesen fusionarse para crear el Real Oviedo que todo el mundo conoce hoy en día. Poca gente puede decir que tiene más años que el Oviedo, y que celebre el centenario del club tomándose un culete de sidra y comiendo picadillo. «El día que eso falte…», dice su familia mientras le piden a Josín que sonría para las fotos de LA NUEVA ESPAÑA, que ha reunido a un aficionado azul de cada década para celebrar el centenario carbayón.
[–>[–>[–>Como contraparte, Roberto Vázquez Mielgo, nacido el pasado 14 de diciembre. Con apenas tres meses, el joven socio se recuesta en las rodillas de Josín creando una imagen que quedará para la historia, y que este periódico ha decidido inmortalizar. Josín se hizo socio en 1959, hace 67 años. Por aquel entonces, jugadores de la talla de Sánchez-Lage, Inguarán, Toni Cuervo o Julio Marigil defendían la elástica carbayona. Rompió su abono tras la crisis de 2001, pero se arrepintió y se volvió a abonar poco tiempo después. Sin embargo, y para su disgusto, desde el Oviedo no quisieron reconocerlo como socio de oro y se quedó sin la insignia dorada que reparte la entidad carbayona a los abonados que llevan más de cincuenta años al pie del cañón. Roberto ya nació con Viñas, Cazorla y compañía defendiendo los colores. Más de un siglo de diferencia entre dos socios, pero unidos por un mismo sentimiento.
[–> [–>[–>El más veterano después de Josín es Maximino Ramos, 99 años. Fue portero del Juvencia de Trubia, y sus hijos advierten que la memoria ya no le acompaña como antes. Pero cuando el Oviedo gana, Maximino es un hombre feliz. Que al día siguiente no lo recuerde cambia poco las cosas: el azul lleva décadas instalado en algún lugar donde el tiempo no llega.
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De izquierda a derecha, empezando desde arriba: Máximino Ramos (99 años), Alberto Viejo (82 años), Ángel Lobo (73 años), Severino González (83 años), Chity Martínez (67 años), Juan Carlos Pereira (56 años), Borja Suárez (40 años), Antonio de la Rosa (36 años), David Pereira (13 años), Lidia Mielgo (29 años), Roberto Vázquez (3 meses), José Antonio Álvarez Cienfuegos (103 años) / Luisma Murias
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Alberto Viejo, de 82 años, empezó a ir al Tartiere alrededor de 1950. Preguntado por su mejor recuerdo, no duda: ver jugar a Marianín y a Galán. Dos nombres que para las generaciones más jóvenes son poco más que referencias en una hemeroteca, pero que para Alberto representan lo mejor que ha dado el Oviedo. Severino González, un año mayor, empezó en la temporada 52-53 y guarda con especial cariño el tercer puesto que el Oviedo logró en 1963, la mejor clasificación de la historia del club en Primera División.
[–>[–>[–>Ángel Lobo tiene 73 años y se enganchó al equipo en los años sesenta. Su recuerdo más especial es haber visto al Oviedo medirse al Génova, uno de esos partidos europeos que la afición de cierta edad todavía evoca con orgullo. Chity Martínez, de 67 años, llegó de la mano de su padre, que era futbolista. El fútbol, en su casa, no era una afición: era casi un oficio familiar.
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Juan Carlos Pereira, de 56 años, se hizo socio en 1987 y viene acompañado de su hijo David, de 13 años. Juan Carlos tiene claro cuál es el recuerdo que más le marca: el ascenso de 1988. «Era joven, estaba nervioso… Cuando vi a los jugadores en el aeropuerto fue una fiesta inolvidable». Treinta y siete años después, sigue yendo al campo con su hijo. David, accionista desde que nació y socio desde 2014, quiere empezar a ir con sus amigos, aunque matiza enseguida que también quiere seguir yendo con su padre. Su mejor recuerdo es el ascenso de la temporada pasada. Dos generaciones, dos ascensos, la misma emoción con distinto año.
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[–>Borja Suárez tiene 40 años y lleva siendo socio desde 1990. También señala el ascenso de la pasada temporada como su momento más feliz con la camiseta azul. Antonio de la Rosa, de 36, lo es desde los cuatro, cuando su padre, Antonio de la Rosa, le llevó por primera vez al viejo Tartiere. Hay aficiones que no se eligen: se heredan. La madre del pequeño Roberto, Lidia Mielgo, tiene 29 años. Vivió el ascenso de la temporada pasada como su recuerdo más feliz ligado al club. Ahora, con tres meses, su hijo ya tiene carné. Ya es socio. Ya es del Oviedo.
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Cien años dan para muchas cosas. Para ascensos y descensos, para crisis y remontadas, para un portero del Juvencia de Trubia de 99 años que todavía sonríe cuando gana el Oviedo, para un niño de tres meses sentado en las rodillas de un hombre de 103. LA NUEVA ESPAÑA ha querido reunir todo eso en una sola imagen: once aficionados, once décadas, y el mismo color azul que lo atraviesa todo. Y ya saben. Si quieren llegar a los 103 años viviendo el oviedismo, sigan los consejos de Josín. Sidra y picadillo. Ese es el secreto. n
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