Joyas y regalos
En el estreno de este verano no se habla de la operación bikini ni de los cuerpos con lorzas que aspiran a convertirse en joyas esculturales. Se habla de otras joyas, las del tesoro de Zapatero, que han sido tasadas en más de un millón de euros.
[–>[–>[–>No pienso apuntarme al cotilleo. Ahora bien, sí que voy a dar mi opinión a propósito de un linchamiento que me parece más propio del salvaje oeste que de un país civilizado. Un linchamiento por unas joyas que son meros adornos. Puedes llevarlas encima, pero no puedes comerlas ni te protegen del frio. Un collar, aunque sea de zafiros, no abriga como una bufanda y una sortija la pones entre los labios y no sabe a nada. Así que ya digo, es posible que sean un símbolo de riqueza, pero utilidad no tienen ninguna. Y menos si las guardas en una caja fuerte y ni siquiera las sacas los domingos para ir a misa y, después, presumir tomando el vermú. Las tienes y es como si no las tuvieras. Son como piezas de museo: valiosas por lo que significan pero no por lo que valen.
[–> [–>[–>La utilidad de las joyas, entendida en cuanto a lo que suponen de beneficio, es ninguna. Pueden hacer incluso que te sientas en peligro. Más que un activo son un estorbo. Otra cosa es su instrumentalización. Aquí sí que ya cabe todo, desde el reproche ético a la hipocresía del que se indigna por la paja en el ojo ajeno.
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En el caso de las joyas de Zapatero, como en otros, más que poner el grito en el cielo, soy partidario del método comprensivo. Si, como parece, fueron regalos, debería tenerse en cuenta lo que dicen los psicólogos: se disfruta más regalando que recibiendo regalos.
[–>[–>[–>Regalar es un acto precioso. Da igual lo que regales, el valor del regalo es simbólico. Lo importante es la sorpresa y el aprieto de improvisar unas palabras para agraderlo. Invitaría a un café a quien pudiera decirme qué le dijo Aznar a Gadafi cuando, en 2003, le regaló aquel caballo que se llamaba «El Rayo del Líder» y que, como no podía llevarlo a casa y meterlo en la caja fuerte, acabó en las caballerizas de la Guardia Civil, comiendo pienso a cargo del erario público, hasta el año pasado que falleció.
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Los regalos que reciben los Reyes y Presidentes del Gobierno acaban siendo una incomodidad. Alfonso XIII regaló a su entonces novia y luego reina, Victoria Eugenia, una tiara con 450 diamantes y diez perlas, montadas en una estructura de platino. Luego, ya de casados, Alfonso le regalaba a la reina un rivière de diamantes o un collar de oro y piedras preciosas, cada vez que ella descubría una infidelidad. Y tuvo, al menos, seis hijos ilegítimos. Esas joyas son las que ahora luce la reina Letizia en los actos oficiales.
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[–>A mí, y supongo que a muchos de ustedes, me gustaría que a los Reyes y los Presidentes del Gobierno les regalaran libros. Pero, al parecer, no es costumbre.
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Fueran o no fueran regalos lo que la gente le dice a Zapatero es: devuélveme el rosario de mi madre, la confianza que había depositado en ti, y quédate con todo lo demás.
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