KATHRYN STOCKETT | Kathryn Stockett, escritora: «No sé cómo hay autores que pasan de un libro al siguiente tan rápidamente»
Hace casi dos décadas, Kathryn Stockett (Jackson, Misisipi, 1969), una autora desconocida y novel, puso patas arriba la industria editorial con ‘Criadas y señoras’, novela centrada en la vida de las empleadas domésticas negras en el sur de Estados Unidos que antes de su publicación recibió decenas de rechazos y terminó vendiendo más de 15 millones de copias, amén de una exitosa adaptación al cine.
[–>[–>[–>Tras cinco años de promoción por todo el mundo, Stockett se encerró a escribir de nuevo. En 2020, con unas 800 páginas ya escritas, se sintió bloqueada y estuvo a punto de abandonar, pero una amiga la puso en contacto con Julie Grau, cofundadora de un pequeño sello neoyorquino. Aquel encuentro fue providencial, Grau la sacó del pozo, hizo que recuperara la esperanza.
[–> [–>[–>Trabajaron juntas varios años, manteniendo en secreto el proyecto. El resultado es ‘El club de las indomables’, una historia con un fuerte acento feminista ambientada a principios de la década de los 30 en la ciudad de Oxford, en su estado natal, que saca a la luz un tema apenas tratado en la ficción, el de la esterilización forzada de mujeres amparándose en políticas eugenésicas.
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La primera pregunta es casi obligada: ¿qué se siente al publicar una nueva novela 17 años después?
[–>[–>[–>Alivio, la verdad, porque ha sido un camino largo. Al principio me dije que iría con cautela, sería una historia corta, sencilla, nada que se pareciera a ‘Criadas y señoras’, pero le faltaba tensión, alma, hasta que me di por vencida y la historia fluyó. Pero es verdad que me costó un poco arrancar y encontrar el camino.
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Lo digo porque la expectación ante su regreso a las librerías es muy alta, y en todo el mundo.
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[–>Es que lo que pasó con ‘Criadas y señoras’ fue brutal. Nadie esperaba nada de mí, había cero expectativas con aquella primera novela. 60 personas rechazaron publicar el libro. Pero cuando me puse a escribir ‘El club de las indomables’ ya no estaba yo sola con mi ordenador, ahora estaba con todos esos lectores, con todos esos críticos que parecía que me miraban mientras escribía, así que tuve que desalojar esa sala. Tuve que aprender a quitarme de encima esa sensación de estar rodeada y recuperar la calma y al aislamiento que necesitaba. Y para eso necesité unos cuantos años, no sé cómo hay autores que pasan de un libro al siguiente tan rápidamente. Yo no soy así.
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¿Cómo la cambió todo lo que vivió con ‘Criadas y señoras’?
[–>[–>[–>Creo que agudizó mi sentido de la empatía. Intentar entender qué se siente al ponerse en la piel del otro es muy importante, ojalá lo enseñaran en la escuela.
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Pese a que, como ha dicho antes, fueron muchos los que rechazaron la novela, el libro estuvo más de cien semanas en la lista de ‘best sellers’ del ‘New York Times’. ¿Qué dice eso de la industria editorial?
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Creo que, como Hollywood, el sector editorial tiene miedo al riesgo, no quieren arriesgar con un libro que no tenga ya su base de lectores. Es raro que un editor esté dispuesto a salir de la zona de confort y se lance a publicar algo de un autor que no haya triunfado antes, que es la gracia de escribir, por otra parte, mostrar una perspectiva única y exclusiva. Creo que los autores y los editores tienen intenciones diferentes cuando se trata de publicar. Es un mundo muy confuso, el literario.
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Como Hollywood, el sector editorial tiene miedo al riesgo, no quieren arriesgar con un libro que no tenga ya su base de lectores
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El éxito le permitió dejar su trabajo y dedicarse a tiempo completo a la literatura. ¿Qué papel tiene ahora la escritura en su vida?
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No ha cambiado, en el sentido de que no paro de leer. Es como alimentarse, hay que darle al cuerpo cosas y energía para que esté sano. Tenemos que consumir gran literatura si queremos sacar de nosotros buena literatura. Yo me alimento de literatura, eso es lo bueno.
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‘El club de las indomables’ también aborda la raza, aunque no de forma tan directa como ‘Criadas y señoras’. ¿Cree que se trata de un tema inherente a su escritura?
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Todo lo que escriba sobre Misisipi sí, sobre todo si, como es el caso, transcurre en la década de 1930. La raza forma parte de la cultura, es parte de la vida en Misisipi. Quería escribir una historia diferente y creo que lo he hecho. Pero intentar escribir un libro sobre Misisipi y no hablar de hipocresía es imposible, yo diría que intentar escribir un libro, el que sea, y no hablar de hipocresía es imposible, pero bueno.
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Para escribir la novela investigó a fondo esa época, las leyes sobre trabajo infantil, el movimiento de la eugenesia, la esterilización forzada de mujeres en prisión, las políticas económicas de Roosevelt… ¿A qué conclusión llegó? ¿Quizás que la Historia se repite siempre y pocas veces aprendemos de ella?
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Probablemente, desafortunadamente. Si alguien se implica emocionalmente con la novela, la lee detenidamente, espero que piense que no está mal hasta donde hemos llegado, lo que hemos avanzado, pero también que se dé cuenta de lo importante que es luchar por aquello en lo que creemos, sobre todo los derechos de las mujeres, porque nos los pueden quitar de un chasquido, pueden desaparecer de nuevo.
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Es importante luchar por aquello en lo que creemos, sobre todo los derechos de las mujeres, porque nos los pueden quitar de un chasquido, pueden desaparecer de nuevo
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Fíjese lo que en la década de los 80 anticipó Margaret Atwood en ‘El cuento de la criada’. Me gustaría que reflexionara acerca de si la ficción, además de reflejar la realidad, puede, de algún modo, intervenir en ella.
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Sí, es que da miedo, ‘El cuento de la criada’ es como una profecía, en ‘1984’ Orwell también escribió sobre algo que no deja de ser chocante ahora, con los tiempos que corren. Yo no suelo hablar de política, la verdad. No es que no me preocupe, no es eso, simplemente no soy experta en política y seguramente por eso escribo sobre otros momentos de la historia, no escribo novelas contemporáneas, porque es que el momento actual es superdeprimente.
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¿Y cree que la literatura puede ayudar a cambiar la realidad, ya sea escribiendo de épocas anteriores de la Historia o más actuales?
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Sí, creo que sí. Lo he dicho antes: escribir sobre la historia de los derechos de las mujeres es un recordatorio de que esto se puede desvanecer en un abrir y cerrar de ojos, hay que mirar todo el recorrido que hemos hecho para entender y apreciar y valorar lo que tenemos ahora. Así que, sí, creo que las novelas históricas tienen ahí un papel importante y ojalá ayuden a evitar que repitamos los mismos errores históricos, pero, bueno, como nunca parece que aprendemos, pues no sé…
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Me gustaría profundizar un poco más en uno de los temas que trata en la novela: los programas de esterilización forzada de mujeres por motivos raciales, económicos o de salud mental, un episodio que reconozco que desconocía y que me ha parecido estremecedor.
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La idea detrás del movimiento de la eugenesia era que había que limpiar la población, eliminar a aquellos a los que consideraban indeseables, personas con alguna discapacidad mental o física, con autismo, con epilepsia, y en algunos estados incluso personas sordas, mudas y ciegas. Pensaban: si podemos esterilizarlos acabaremos con estos defectos, no se transmitirán a generaciones futuras. Lo que me sorprendió fue que en Misisipi la interpretación de esta ley permitía esterilizar a una mujer por ser promiscua, por vestirse de un cierto modo, por actuar de cierta forma, por tener hijos fuera del matrimonio… Suena tan ridículo. Todas estas leyes se integraron en el movimiento de la eugenesia en EEUU. No era solo el estado de Misisipi el que aplicaba estas leyes, era todo el país. La idea de que una mujer pudiera ser esterilizada sin su consentimiento, a la fuerza, porque a algunos hombres no les gustaba su manera de actuar es una locura y que de eso surgiera un movimiento entero…. Unas 100.000 personas fueron esterilizadas, y más seguramente, hay quien dice que esto siguió durante la década de los 90. Es un tema que no se había tocado, no lo suficiente, ni en las noticias ni en la literatura.
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Y, de haber sido hombres las víctimas, ¿se hubiera tratado más?
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Se lo hacían a cualquiera que consideraran un criminal, un delincuente, pero es verdad que les pasó a muchas más mujeres y de ahí la poquísima atención.
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En ese sentido, todas las mujeres de la novela demuestran un coraje digno de inspiración. Lo que me lleva a preguntarle en qué mujeres se ha inspirado para llegar a convertirse en la mujer que hoy es.
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La figura es la de la mujer infravalorada. A mí me gusta escribir sobre la mujer infravalorada, esa persona normal y corriente con la que te cruzas por la calle y resulta que por dentro está luchando para cambiar su vida. Yo aprendí de mi madre, que se divorció en la década de los 70, me inspiré mucho en ella. Fue al instituto, pero luego no estudió más. Fue autodidacta, aprendió programación informática y acabó creando el primer programa informático que rastreaba y recopilaba todos los datos de vacunación infantil. Ella escribió ese código en Misisipi y luego lo adoptaron decenas de otros estados en Norteamérica.
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Pues es un personaje digno de una novela.
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Yo creo que lo he hecho, creo que ya lo he hecho [ríe].
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El club de las indomables
Kathryn Stockett
Traducción de Claudia Conde Fisas
Planeta
896 páginas. 24,90 euros
A la venta el 13 de mayo
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