La adaptación climática como oportunidad de inversión a largo plazo
Durante años, el agenda climática global ha sido dominado por mitigaciónes decir, por aspectos centrados en la reducción de emisiones, la transición energética y la descarbonización de la economía.
Sin embargo, el avance del cambio climático está desplazando progresivamente el foco hacia una dimensión igualmente crítica: adaptación.
Hoy, el impactos físicos del clima Ya no constituyen un riesgo lejanopero un realidad tangible que afecta directamente a las infraestructuras, los sistemas productivos, las cadenas de suministro y, en definitiva, al estabilidad económica y financiera.
Las necesidades de inversión en adaptación global oscilan entre 500 mil millones de dólares y 1,3 billones de dólares al año.
En este contexto, la adaptación climática deja de ser una política ambiental sectorial y se consolida como una prioridad estratégica.
Invertir en adaptación no es solo una respuesta a los efectos del cambio climático, sino una condición necesaria para proteger el valor de los activos, garantizar la continuidad del negocio y fortalecer la resiliencia de los sistemas económicos.
Esta visión ha alcanzado un amplio consenso internacional y se ha reflejado en los debates de la COP30, donde los países coincidieron en la necesidad de acelerar y escalar decisivamente el financiamiento de la adaptación.
El compromiso de triplicar los flujos de financiación globales para la adaptación de aquí a 2035, con un enfoque específico en infraestructura resiliente, sistemas de alerta temprana y soluciones basadas en la naturaleza, marca un punto de inflexión relevante.
No se trata sólo de aumentar el volumen de recursos, sino de reorientar las prioridades de inversión hacia áreas que permitan anticipar impactos, reducir pérdidas futuras y fortalecer la capacidad de respuesta ante eventos climáticos extremos.
Paralelamente, están surgiendo mecanismos financieros más estructurados y orientados al mercado que están empezando a jugar un papel relevante en la financiación de la adaptación.
Instrumentos como el financiación mixta (finanzas combinadas)Los bonos de adaptación o los instrumentos concesionales permiten reducir los riesgos, mejorar la financiabilidad de los proyectos y canalizar el capital privado a largo plazo hacia inversiones en resiliencia.
Aun así, los volúmenes movilizados siguen siendo claramente insuficientes en comparación con la magnitud del desafío.
Inversión creciente, pero insuficiente
La financiación de la adaptación climática ha ganado fuerza en los últimos años. Los flujos globales más recientes oscilan entre 65.000 a 75.000 millones de dólares anualescon una evolución positiva y un crecimiento medio anual cercano al 3%.
Esta tendencia refleja una mayor visibilidad de la adaptación dentro del financiamiento climático y su progresiva consolidación como una categoría de inversión reconocida.
La adaptación climática ya no es una política ambiental sectorial sino que se consolida como una prioridad estratégica.
Sin embargo, este progreso es claramente insuficiente en comparación con el necesidades reales de inversión.
Las estimaciones disponibles muestran un desfase estructural entre los flujos actuales y los niveles requeridos en el mediano y largo plazo.
Frente a 2030/35Incluso en escenarios conservadores, las necesidades de financiación superan con creces los volúmenes actualmente movilizados, lo que confirma que la brecha no responde a una desviación cíclica, sino a un desequilibrio fundamental.
Esta brecha es especialmente pronunciada en los países en desarrollo. Ante las necesidades de adaptación estimadas en todo el 310.000-365.000 millones de dólares anuales en 2035, El financiamiento de los países desarrollados alcanzó solo 26 mil millones de dólares en 2023, muy por debajo incluso del objetivo de 40 mil millones de dólares acordado en Glasgow.
Esta brecha ocupó un lugar central en las discusiones de la COP30 y subraya la urgencia de redefinir los mecanismos de movilización de capital a escala global.
Mirando más allá de 2030, la magnitud del desafío se amplifica aún más. Las necesidades globales de inversión en adaptación van desde 500.000 millones y 1,3 billones de dólares anualdependiendo del nivel de ambición y cobertura.
Alcanzar estos niveles implicaría multiplicar por ocho -o incluso por veinte- los niveles actuales.
La brecha como espacio de oportunidad
Lejos de interpretarse únicamente como un problema, este déficit de financiación define la espacio de oportunidad para la inversión en adaptación al clima.
La adaptación no debe entenderse como un gasto defensivo, sino como un área de inversión con retornos económicos claros y mensurables.
Invertir en adaptación nos permite reducir pérdidas futuras, proteger los activos físicos y financieros, aumentar la resiliencia de la infraestructura crítica y estabilizar los flujos de ingresos en sectores altamente expuestos al riesgo climático.
La pregunta clave ya no es si la adaptación es necesaria, sino cómo inversión a escala y con qué combinación de capital público y privado.
Actualmente, el financiamiento de la adaptación climática está liderado por el sector público, que cubre aproximadamente tres cuartas partes de las necesidades totales.
Los bancos multilaterales de desarrollo desempeñan un papel clave, canalizando más de la mitad del financiamiento público internacional para la adaptación, especialmente en los países en desarrollo.
Él sector privado Sigue manteniendo un peso limitado, pero con un importante potencial de crecimiento.
Las estimaciones indican que podría cubrir entre el 15% y el 20% de las necesidades totales de adaptación, dependiendo del contexto geográfico y el nivel de ingresos.
Este potencial es especialmente alto en las economías desarrolladas y de ingresos medianos altos. El modelo que hay que consolidar es, por tanto, un modelo mixtoen el que el sector público actúa como ancla y mitigador de riesgos, mientras que el sector privado participa donde hay activos protegibles y rendimientos ajustados al riesgo.
Desde una perspectiva sectorialla adaptación se centra en áreas con alto impacto sistémico y alta exposición al riesgo climático, como infraestructura, energía, agricultura y gestión del agua.
En Europa, el capital privado encuentra oportunidades en la resiliencia de la infraestructura y los sistemas energéticos, los agronegocios y el agua, junto con el papel cada vez mayor del sector de seguros en la gestión del riesgo climático.
Este patrón se replica, con matices, en otros mercados a nivel global. En Estados Unidos destacan los mercados de capitales y el sector asegurador, mientras que en América Latina la combinación de inversión pública, banca de desarrollo y capital privado es clave para estructurar proyectos en agronegocios, agua y energía.
Una de las principales lecciones después de la COP30 es que el desafío de la adaptación no es sólo de volumen financiero, sino de “arquitectura«.
La oportunidad de inversión existe, pero activarla requiere transformar la ambición política y los marcos estratégicos en proyectos financiables, escalables y replicables. Esto implica avanzar de manera coherente en varios frentes: disponibilidad y uso de datos, planificación y gobernanza público-privada, marcos regulatorios e instrumentos financieros que faciliten la movilización de capital.
En un contexto de creciente incertidumbre climática, la adaptación y la resiliencia se consolidan como un eje estructural de la agenda económica y financiera.
***Pilar Más es economista principal de BBVA Research
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