La agricultura halla su aliado natural en los biopesticidas
Elaborados a partir de plantas, microorganismos o minerales, los biopesticidas son la evolución natural del sector agrícola. Innovación y sostenibilidad sobre el terreno en la transición de lo químico a lo biológico, con España a la cabeza, consolidada como un ‘hub’ tecnológico en este campo. Todo un … despliegue de maravillas como la interferencia de ARN y el ‘cambio de genes’: se diseñan moléculas que, cuando son ingeridas por una plaga específica, ‘apagan’ un gen vital para su supervivencia, sin influir en ninguna otra especie del ecosistema. Literalmente está programando a la naturaleza para que se defienda.
Un ejemplo de esta nueva era se demuestra, día a día, en los laboratorios de la Universidad de León. Carlos Barreiro, profesor del Departamento de Biología Molecular de la Facultad de Medicina Veterinaria (y miembro de SEBiot-Sociedad Española de Biotecnología), establece una situación de partida: “El sector agrario se enfrenta constantemente a retos que necesita superar para garantizar su continuidad, con lo que ello representa respecto al nivel de conservación de las variedades vegetales autóctonas, el mantenimiento de la población en el medio rural y la preservación de una actividad con un alto impacto en el PIB español y europeo”. Retos legales (control del uso de productos fitosanitarios por parte de la UE), productivos (aumento de la población mundial), económicos (competencia con otros productores con regulaciones diferentes) y climáticos (que favorecen la aparición de nuevas plagas o la resistencia de las existentes).
Barreiro coordina el proyecto BioBIVE, en línea con el concepto de transición de prácticas agrícolas convencionales a regenerativas propuesto por el Comité Económico y Social Europeo en 2025. «El control de plagas (destaca Barreiro) presenta varios puntos de actuación, como la lucha contra los hongos (moho) que afectan a los cultivos (tres de los productos en los que España ocupa el ‘top 3’ de productores europeos: fresa, zanahoria y tomate, centran las actividades de BioBIVE). «El desafío es lograr que el efecto no sea puntual, sino que se mantenga durante el tiempo necesario para proteger los cultivos». El proyecto propone tres formas de liberación controlada de biopesticidas: «el mantillo plástico biodegradable (mulch), el biocarbón (biochar) y el novedoso mantillo pulverizable, elaborado a partir de materiales biológicos (quitosano, pectina)». Como beneficio adicional, el proyecto abre una ventana de oportunidad para la industria del plástico en Europa «al ampliar su cartera de productos hacia horizontes más ecosostenibles, lo que facilitará el mantenimiento de las empresas».
Obras de referencia
Otro ejemplo de referencia es el Universidad de Almería (Almería cuenta ya con más de 5.500 hectáreas de cultivo ecológico certificado), con proyectos como Greenfarm y Sabana (microalgas que ayudan a la planta a crecer y reforzar sus defensas naturales frente a patógenos), Adoptar MIP (una alianza UE-China para luchar contra las plagas con una reducción significativa de los productos químicos), el centro de investigación Ciambital, etc. Todo esto se suma a la realización de la estrategia «De la granja a la mesa», una iniciativa clave del Pacto Verde Europeo, lanzado en 2020, que tiene como objetivo reducir el uso de pesticidas químicos en un 50% para finales de esta década. Una actuación en la que los biopesticidas tienen tres vectores de desarrollo: la opción microbiana (microorganismos vivos como bacterias, hongos, virus o protozoos), la bioquímica (sustancias naturales que controlan las plagas mediante mecanismos no tóxicos, como las feromonas que confunden a los machos e impiden la reproducción) y los ‘Built-in Protectors’ (PIP), sustancias producidas por plantas genéticamente modificadas con material biopesticida (con restricciones, claro está, de la UE).
La innovación abierta es clave para llevar soluciones de laboratorio a los cultivos
Otros de la Los laboratorios líderes en España son los del CSIC, cuyo Grupo de Biopesticidas desarrolla investigaciones en las que la ciencia aplicada convive con procesos industriales escalables. «El grupo no es sólo un equipo de investigación, es una plataforma estratégica diseñada para acelerar el desarrollo de soluciones biotecnológicas antes de su uso en el campo. Nuestro valor diferencial es integrar microbiología, genética, química verde y escalamiento industrial en un mismo entorno”, apunta el CSIC. Un equipo multidisciplinar trabaja en laboratorios especializados en microbiología, biología de insectos plaga y fitoparásitos, análisis metabolómico, formulación avanzada, compatibilidad agronómica y evaluación biológica, con invernaderos experimentales y campos de ensayo. Su trabajo abarca desde la prospección de plantas hasta el aislamiento de microorganismos, que producen metabolitos potencialmente activos para el control de plagas de cultivos. y enfermedades, “hasta el diseño de formulaciones de productos naturales que mejoren la resiliencia de las plantas frente al estrés biótico”. Un abanico de posibilidades en el que expresan su experiencia en el estudio del microbioma asociado a los suelos y las plantas cultivadas y su función en los agroecosistemas, así como la epidemiología de determinados organismos fitopatógenos como hongos y nematodos.
Desde la empresa Biorizon Biotech destacan cómo “los biopesticidas han pasado de ser una alternativa emergente a convertirse en una pieza clave en la transformación del modelo agrícola”. Su aportación pasa por entenderlos no como productos aislados, sino como parte de un sistema tecnológico más amplio encaminado a mejorar la resiliencia del cultivo, con desarrollos como la tecnología Trietech: una plataforma biotecnológica cuyo eje central es un sistema propio que integra diferentes fuentes biológicas (microalgas, bacterias y extractos de plantas) para desarrollar soluciones agrícolas de alto valor añadido.
Los laboratorios del CSIC son líderes en este campo; En esta línea, un desarrollo de la Universidad de León.
Proyecto BioBIVE: en la imagen, a la izquierda un hongo fitopatógeno (fresa, zanahoria o tomate) y a la derecha un microorganismo capaz de retrasar el crecimiento de patógenos. Las sustancias generadas o los propios microorganismos son biopesticidas.
«La biotecnología y las microalgas (dice su director general, Sergio Aguilar) nos ofrecen innumerables soluciones de futuro a través de la síntesis natural de metabolitos de gran valor agronómico. «Están integrados en Trietech, que no se basa en un único principio activo, sino en la combinación sinérgica de compuestos bioactivos naturales obtenidos mediante procesos biotecnológicos avanzados». Un círculo virtuoso de naturaleza y tecnología que consigue activar las defensas naturales del cultivo, mejorar el estado fisiológico de la planta, su refuerzo estructural, interferencia en el desarrollo de patógenos, etc.
Trabajo en equipo
Un salto del laboratorio a la realidad es clave. “El cambio climático está modificando radicalmente las condiciones de cultivo: aumentan las plagas y se intensifican los factores ambientales que debilitan las plantas”, subraya Aguilar. Y describe las dos situaciones de ‘estrés vegetal’: «biótico (plagas y enfermedades) y abiótico (estrés hídrico, salino y térmico)… ya no basta con eliminar el problema, es necesario fortalecer el cultivo». Hasta la fecha, Biorizon BioTech ha destinado más de 30 millones de euros en I+D, con el apoyo de la UE y diferentes instituciones públicas, con soluciones aplicadas a cultivos en 70 países. El CSIC subraya la importancia de la innovación abierta: “la combinación de ciencia básica, aplicación y la agilidad de las startups nos permitirá llevar la biotecnología del laboratorio a los cultivos, impulsando soluciones reales para reducir el uso de químicos y avanzar hacia un modelo agrícola más sostenible”, concluyen.
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