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La capacidad de compra de los trabajadores españoles se hunde – José María Rotellar

La capacidad de compra de los trabajadores españoles se hunde – José María Rotellar
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  • Publishedjunio 22, 2026



Uno de los argumentos más repetidos por el Gobierno en los últimos años es que Los españoles viven mejor porque los salarios son más altos hoy que en 2018. La afirmación de salarios más altos, tomada aisladamente en términos nominales, es cierta: los salarios en términos corrientes han aumentado. Sin embargo, la pregunta relevante no es cuánto se gana nominalmente, sino qué poder adquisitivo proporciona ese salario. Y cuando se analiza la evolución de la renta real disponible de los trabajadores la conclusión es muy distinta y el argumento del Gobierno se viene abajo, porque los españoles se han empobrecido.

Los datos son convincentes. Según las cifras del salario medio bruto, este pasó de 26.922 euros en 2018 a 32.446 euros en 2025. Es decir, un 20,5% de aumento. A primera vista podría parecer una mejora sustancial. Sin embargo, ese aumento es sólo una parte de la historia.

lo que determina el bienestar económico de los ciudadanos No es el salario bruto, sino el salario neto que finalmente llega a tu bolsillo. Una vez deducidos el IRPF y las cotizaciones sociales, el salario neto medio pasa de aproximadamente 21.800 euros en 2018 a 25.400 euros en 2025. El incremento neto es del 16,5%, notablemente inferior al incremento del salario bruto, lo que refleja la voracidad confiscatoria de Hacienda.

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La diferencia no es accidental. Entre ambos años, la carga que soportan los trabajadores en impuestos y contribuciones aumentó significativamente. En 2018, el trabajador medio soportó aproximadamente 5.122 euros entre el IRPF y las cotizaciones sociales. En 2025, esa cifra alcanzará los 7.046 euros. Es decir, un incremento de 1.924 euros al año, equivalente a un aumento del 37,6%.

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La carga fiscal efectiva también crece. La tasa efectiva promedio pasa del 19,0% al 21,7%. Es decir, una proporción cada vez mayor del salario generado por el trabajador es absorbido por las Administraciones Públicas antes de llegar a sus bolsillos.

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Además, este aumento de la carga tributaria se produce en un contexto en el que no ha habido una ganancia real en el poder adquisitivo. Por tanto, es razonable concluir que una parte relevante del aumento de la tributación responde al fenómeno conocido como progresividad fría. Cuando la inflación eleva los salarios nominales, pero los tramos impositivos no se actualizan adecuadamente, los contribuyentes terminan pagando más impuestos sin haber mejorado realmente su capacidad económica.

Los datos lo ilustran claramente. Del incremento total del salario bruto entre 2018 y 2025, que asciende a 5.524 euros, sólo 3.600 euros llegaron al trabajador en forma de salario neto. Los 1.924 euros restantes fueron absorbidos por impuestos y contribuciones. En otras palabras, sólo El 65% de la mejora salarial bruta llegó al bolsillo de los trabajadoresmientras que el 35% restante fue captado por el aumento de la carga tributaria y de las contribuciones.

Sin embargo, incluso esta ganancia neta es insuficiente para mantener el nivel de vida anterior. Entre 2018 y 2025 los precios aumentaron aproximadamente un 22,5%. Y aquí aparece el elemento decisivo que suele esconderse detrás de los discursos triunfalistas.

Al deflactar el salario neto de 2025 por la inflación acumulada se obtiene una cifra equivalente a 20.729 euros medidos en euros de 2018. Es decir, aunque El trabajador medio recibe nominalmente 25.400 euros netossu capacidad adquisitiva equivale a la de alguien que ganara 20.729 euros en 2018.

La consecuencia es obvia. El poder adquisitivo neto real ha pasado de un índice de 100 en 2018 a un índice de 95,1 en 2025. Dicho de otra manera, el trabajador promedio ha perdido aproximadamente el 4,9% de su poder adquisitivo durante este período.

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Esta cifra tiene una enorme relevancia porque desmonta uno de los principales relatos económicos del Gobierno. No basta con afirmar que los salarios son más altos. Lo importante es determinar si te permiten comprar más bienes y servicios. Y la respuesta es negativa.

De hecho, para mantener exactamente el mismo poder adquisitivo que tenía en 2018, el salario neto medio debería haber rondado los 26.700 euros en 2025. Sin embargo, se ha mantenido en 25.400 euros. Existe, por tanto, una déficit de capacidad adquisitiva de aproximadamente 1.070 euros netos al año por trabajador, lastradas, en gran parte, por la voracidad de los cobros.

La fotografía completa es especialmente reveladora. Entre 2018 y 2025, el salario bruto aumentó un 20,5%. El salario neto aumentó un 16,5%. La carga tributaria y contributiva creció un 37,6% en términos monetarios y un 14,2% en términos de tasa efectiva. Mientras tanto, los precios aumentaron un 22,5%. El resultado final es inequívoco: el El poder adquisitivo neto real cayó un 4,9%..

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Por tanto, el problema no es que los salarios nominales no hayan aumentado. Lo han hecho. El problema es que el Los impuestos, las contribuciones y la inflación han aumentado aún más. Como consecuencia, parte de los ingresos generados por los trabajadores ha sido absorbido por el sector público y otra parte ha sido erosionada por el aumento de los precios, que también fluye, en gran medida, hacia las arcas públicas.

La realidad económica de las familias se refleja precisamente en este fenómeno. Muchos trabajadores perciben que ganan más que hace unos años, pero al mismo tiempo descubren que les cuesta más llegar a fin de mes, que ahorran menos y que les cuesta más cubrir gastos tan esenciales como la vivienda, la comida o la energía. Los datos confirman que esta percepción es correcta.

La economía no debe evaluarse por salarios nominales o mensajes de propaganda. Debe juzgarse por la evolución del bienestar real de los ciudadanos. Y cuando se analiza el salario neto después de impuestos y se corrige por inflación, la conclusión es clara: entre 2018 y 2025 Los trabajadores españoles han perdido poder adquisitivo y, en consecuencia, se han empobrecido en términos reales.

Esa es la realidad que muestran los datos. Todo lo demás es un intento de presentar como prosperidad lo que, en realidad, ha sido una pérdida de bienestar económico para la sociedad española.

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